Besos Robados Capítulo Dos
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Capítulo Dos

HANNAH

—Vamos, Chase. Tenemos mucho de qué hablar —dijo Josh, llevándose a Chase en cuanto terminó de hacer el check-in . Me dieron mi tarjeta de acceso solo unos segundos después y un botones se encargó de subir mi maleta y el vestido a la habitación.

Blair me abrazó de nuevo y me entregué a su abrazo, respirando profundamente. Olía a rosas. Era su aroma característico, el del aceite para el pelo que usaba desde que éramos niñas.

—¿Dónde está mamá? —pregunté.

—En mi habitación. Venga, vamos a que te relajes un poco, que se te ve muy tensa. ¿Va todo bien?

—Sí —respondí con rapidez.

—Se me olvidó por completo decirte que Chase también iba a estar en el vuelo. De hecho, iba a pedirte que lo tantearas un poco a ver qué averiguabas. Me intimida un poco.

—¿Por qué? —pregunté mientras me guiaba por el hotel. Los colores rosa y blanco del vestíbulo se repetían también en el interior, sobre todo en el techo y las paredes.

Sabía que Josh estaba forrado, y lo adoraba porque iba a darle a mi hermana la boda de sus sueños.

—Josh mencionó que es un poco escéptico con respecto al matrimonio, así que me preguntaba si intentaría, no sé, hacerle cambiar de opinión o algo así.

Apreté los labios. ¿Qué podía decir? Por su actitud hasta el momento, no lo podía descartar. Pero no podía juzgarlo solo por un desencuentro. Quizás lo había pillado en un mal día.

En cuanto llegamos a la puerta de la habitación, llamé directamente y grité:

—¡Mamá, ya estamos aquí!

Blair sonrió de oreja a oreja cuando la puerta se abrió de par en par.

Mi madre irradiaba felicidad. Yo era la que más me parecía a ella: de complexión pequeña y el pelo rubio.

Mi hermana, en cambio, me sacaba una cabeza y su pelo era castaño claro con reflejos rubios que se le aclaraban muchísimo cuando pasaba tiempo al sol.

Se parecía más a mi padre, aunque ambas teníamos sus ojos marrones.

—Ven aquí, pequeña —dijo nuestra madre, abrazándome.

—Bueno, ¿cuál es el plan para esta noche? Siento mucho haber llegado tan tarde. ¿Todavía puedo terminar mis tareas pendientes o mejor me despierto temprano mañana para hacerlas?

—Tranquila, no es necesario. Como Chase tiene muchísimos hermanos, les pidió el favor de que ellos se ocuparan de todo —respondió Blair.

Qué interesante .

—Así que esta noche es solo para nosotras, las chicas —continuó—. Como una especie de despedida de soltera.

—Me habría encantado organizarte una fiesta increíble, pero no me dejaste —comenté, tratando de que no sonara a reproche, aunque me hubiera encantado hacer eso por mi hermana.

—No me hace falta nada de eso. A Josh tampoco le han organizado una. Acordamos que no necesitamos esas cursilerías. Lo único que quiero es pasar tiempo con vosotras. He traído Skinny Pop ⁠ 1 y bastantes cosas más para picar.

—Bueno, acomodémonos en la cama. ¿Seguro que Josh no viene? —insistí.

—Qué va, se ha ido al bar con Chase y sus hermanos. Dormirá en otra habitación esta noche.

—¿Y eso por qué? —quiso saber mi madre.

—Como mañana pensábamos vestirnos por separado antes de la ceremonia, hemos decidido empezar ya. Así podré pasar todo el tiempo posible con mis dos mujeres favoritas antes de convertirme oficialmente en la esposa de Josh Hanson.

Mi madre le dedicó una sonrisa:

—Cariño, no me puedo creer que te vayas a casar. Habéis crecido muy rápido…

Blair abrió la mininevera y sacó un montón de snacks .

Nos subimos a la cama y repartimos los aperitivos por todo el colchón.

—¿Quién te acompañará hasta el altar? —preguntó nuestra madre.

Contuve el aliento y Blair se tensó al instante.

Me sorprendió que ese tema no hubiera salido a colación antes.

Perdimos a nuestro padre en un accidente de coche cuando yo tenía ocho años y Blair seis.

Imaginé que mi hermana tendría algún plan.

En mi boda, yo simplemente decidí prescindir de esa parte de la ceremonia.

—Duncan. Es uno de los hermanos de Chase.

—Me alegra tanto verte así, cielo —añadió mi madre con una sonrisa. Su voz se quebró ligeramente al hablar; era evidente que la situación despertaba en ella una oleada de recuerdos.

Me puse en pie.

—Escuchad, ya sé que no celebramos una despedida oficial, pero unas copas no nos vendrían nada mal.

—Tienes razón —coincidió Blair—. Hay dos locales: el más grande, cerca de la entrada principal donde están los chicos, y otro justo en la playa que me parece que está incluso más cerca.

—Iré yo misma a por las bebidas; seré más rápida que el servicio de habitaciones —propuse.

Además, tenía curiosidad por explorar la zona y no me apetecía volver a encontrarme con Chase esa noche.

Necesitaba un respiro para recuperar la compostura tras nuestro extraño encuentro, esperando que ni Blair ni Josh hubieran notado nada raro.

Pensaba buscarlo mañana por la mañana para limar asperezas antes de seguir con nuestras tareas.

Como era el padrino, estaba segura de que pasaríamos bastante tiempo juntos.

Mi corazón se aceleró ante la idea, pero me reprendí al instante. No seas tonta, Hannah . Es el padrino de boda de Josh. Lo único que tienes que hacer es tratar de mantener las formas hasta que termine la boda .

Después de decidir qué botella de champán queríamos, recorrí los silenciosos pasillos del hotel a paso ligero.

Pero en cuanto salí del edificio principal, oí voces y música.

Seguí el sonido de las copas al brindar.

Por un momento quise llamar a mi madre y a Blair para decirles que bajaran.

Era increíble, aunque la brisa fuera fresca y el aire oliera a salitre.

Hasta me gustaba el ligero olor a algas.

Mi hermana tenía razón: agosto era un mes genial para una boda.

Casi de inmediato, una sensación de paz me invadió.

Pero toda la calma se evaporó en el instante en que vi a Chase. ¿Qué hace él aquí fuera? Se suponía que el grupo estaba en el bar principal.

Estaba de pie frente a la barra, con la mirada fija en mí. Se había cambiado. Ahora llevaba una camiseta negra de manga corta que le sentaba incluso mejor que la camisa de antes.

—Hannah —pronunció en un susurro que me hizo estremecer.

¿Fue por la brisa o por su tono de voz? No estaba segura de querer saberlo.

—¿Qué haces aquí? —le pregunté—. Pensaba que estabais todos en el bar de la entrada.

—Se quedaron sin hielo y, como tardaban una eternidad, decidí venir a buscarlo.

Me costó horrores no soltar una carcajada.

—No me extraña eso de ti.

—No mencionaste que venías a una boda —dijo.

—¿Habría importado? —pregunté con una sonrisa, arqueando las cejas.

—Sin duda habría intentado ser… bastante más cordial. Gracias por no haberles contado a Josh y a Blair lo que pasó.

Así que, en el fondo incluso él sabía que se había pasado de la raya.

—¿Encontraron tus maletas?

—Sí. Me las traerán mañana por la tarde. Tengo el regalo ahí. Por eso estaba tan…

—¿Insoportable? —bromeé.

Sostuvo mi mirada y sentí un leve escalofrío.

—Exacto.

A decir verdad, su reacción tenía sentido. Si la aerolínea hubiera extraviado mi regalo de boda, yo también habría perdido los estribos. Podía dejárselo pasar.

—¿Y tu ropa también?

—No, solo el regalo.

—¿Qué le pongo, señorita? —preguntó el barman.

—Una botella de champán y tres copas. Me lo voy a llevar a la habitación. —Miré a Chase, esperando su reacción.

Él alzó las manos en señal de rendición.

—No voy a hacer ningún comentario.

Ambos nos reímos, y no pude evitar pincharlo:

—¿Así que solo supervisas lo que bebo en el aeropuerto?

—Exacto, porque allí me afectaba directamente al estar sentado a tu lado. —Sus ojos se iluminaron. Me pareció aún más guapo que en el aeropuerto. Quizás era porque estaba más relajado y ya no parecía tan prepotente.

—Oye tío, ¿por qué tardas tanto? —Dos chicos se acercaron a nosotros.

—Vaya, tú debes de ser la famosa Hannah —comentó uno de ellos.

—¿Famosa? No tenía ni idea —respondí—. ¿Quiénes sois?

—Soy Griffin.

—Y yo Duncan —respondió el otro.

—Son mis hermanos —aclaró Chase.

Ahora que lo mencionaba, se notaba el parecido entre ellos: cabello oscuro, ojos verdes y un físico de gimnasio o de una genética privilegiada.

—Duncan, he oído que mañana vas a llevar a mi hermana al altar —repuse—. Gracias.

—Será un placer.

—La elección entre este y yo estuvo reñida. —Le puso una mano en el hombro a Chase—. Pero como él es el padrino, no le ha quedado otra que conformarse conmigo. Claramente, soy la mejor opción.

Me reí.

—Bueno, viendo cómo fue nuestro encuentro en el aeropuerto, no te quito la razón.

Duncan se extrañó y Griffin clavó sus ojos en mí.

—¿Y eso? —quiso saber.

Hice una mueca de sorpresa.

—No se lo has contado, ¿eh?

—No —murmuró Chase.

—Ah… cuando dijeron lo de que era famosa, supuse que… —comenté.

Chase me había dicho que agradecía que no lo hubiera delatado ante Blair y Josh, pero al ver que Duncan sabía quién era, pensé que les habría contado algo a sus hermanos.

—Te conocen por ser la hermana de Blair —aclaró Chase.

—¿Contarnos qué? —preguntó Duncan.

—Lo siento, no era mi intención delatarte —me disculpé—. No se lo he contado ni a mi hermana ni a Josh.

—Seguimos esperando a que nos cuentes qué pasó —presionó Griffin.

Chase se encogió de hombros, señalándonos a los dos:

—Nos conocimos en el aeropuerto.

—Déjame adivinar —intervino Griffin—. ¿Te dieron ganas de subir en el siguiente vuelo?

Eché la cabeza hacia atrás, sorprendida.

—Tal cual.

Griffin soltó una carcajada.

—En su defensa, hay que decir que ha tenido una semana de mierda.

—No he pedido que nadie me defienda —replicó Chase.

—No estoy de acuerdo —respondí, pestañeando con picardía—. Te hace falta todo el apoyo posible. No causaste una buena primera impresión.

—No es su fuerte —repuso Griffin—. De verdad, no conozco a nadie que lo haya conocido y le haya caído bien a la primera.

Chase cogió las tres bolsas de hielo que le pasó el camarero y las repartió colocándolas sobre los brazos de sus hermanos.

—Cerrad el pico de una vez. Y volved con el hielo.

—Aunque reconozco —intervine—, que yo también fui bastante borde.

—Suele provocar eso en los demás —me explicó Griffin.

—Nos vemos, Hannah. Ha sido un placer conocerte. —dijo Duncan.

—Igualmente —contesté.

En cuanto se marcharon, volví a mirar a Chase. Tenía ganas de chincharlo un poco y no pensaba desaprovecharlo.

—¿De verdad sois familia? —le pregunté.

Levantó una ceja.

—¿Por qué?

—Porque me caen mucho mejor que tú.

Algo brilló en sus ojos. Era una mirada diferente a la de antes; una expresión nueva que no supe descifrar.

—¿Has venido aquí solo para meterte conmigo?

—No, he venido por el champán. Pero no podía dejar pasar la oportunidad de burlarme de ti. ¿Cómo está Josh? ¿Feliz?

—¿Por qué no iba a estarlo? —preguntó, probablemente captando la inquietud en mi voz.

Fruncí el ceño:

—Por nada en particular.

De repente, Chase se puso a la defensiva:

—Como a Blair se le ocurra dejar plantado a mi mejor amigo…

—No, claro que no está pensando eso. ¡Ni de broma! ¿De dónde sacas eso? —le espeté.

—No conozco a tu hermana.

—Eso no justifica que asumas lo peor de entrada.

Se aclaró la garganta.

—Lo sé. Pero Josh ya pasó por una mala experiencia. Estuvo a punto de casarse una vez. Ella… no era la persona que él imaginaba.

Eso podría explicar por qué era tan sobreprotector, aunque para mí no era excusa.

Entonces recordé lo que había dicho mi hermana y decidí encararlo:

—Confío en que no le estés metiendo ideas en la cabeza a Josh.

Él negó con la cabeza, con cara de aún más enfado.

—Por mucho que te lo parezca, Hannah, no soy un gilipollas. ¿Por qué iba a hacer algo así?

—Se rumorea que las bodas no son santo de tu devoción.

—Es verdad, pero eso no significa que no pueda alegrarme y apoyar a mi mejor amigo. —Era evidente que lo había cabreado, porque de repente cortó la conversación bruscamente—. Que pases una buena noche. Nos vemos mañana.

Se alejó a paso rápido, con la bolsa de hielo colgada del hombro. Sus brazos eran puro músculo. De hecho, me apostaría lo que fuera a que debajo de esa ropa se escondía un cuerpo increíble.

Ya la has liado, Hannah . ¿No te habías propuesto limar las asperezas?, ¿recuerdas?

1   Nota del traductor: SkinnyPop es una popular marca estadounidense de palomitas de maíz.