Besos Robados Capítulo Uno #3
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Capítulo Uno #3

—No me provoques, o pediré una tercera y no te quedará más remedio que soportarme durante toda la espera. Te aviso de que mi tolerancia al alcohol es bastante baja.

—Dios mío —murmuró negando con la cabeza—. Definitivamente, hoy no es mi día.

—Ya, pues yo tampoco me siento muy afortunada —repliqué antes de dar un sorbo.

Me pregunté si aquel asiento estaba libre porque el ocupante anterior prefirió quedarse de pie antes que aguantarlo. Yo también lo estaba considerando, pero al final, opté por la comodidad.

Al acomodarme, vi que se había soltado el primer botón de la camisa: el tío estaba buenísimo. Había que admitir que el envoltorio era de primera, por muy desagradable y malhumorado que se comportara.

Pero no iba a dejar que eso me afectara. Tenía champán y mi hermana estaba a punto de casarse con un buen hombre . Todo iba bien y pensaba seguir siendo positiva.

Sin embargo, media hora más tarde, empecé a darme cuenta de que tal vez estaba siendo demasiado optimista.

Seguía sin haber noticias. La gente cuchicheaba con preocupación y el personal de la sala volvía a pasar con las bandejas.

Esta vez pedí agua, no para complacer a mi obstinado vecino, sino porque conocía mis límites.

—Lamentamos mucho el retraso —se disculpó la chica.

Pasaron otros quince minutos. Mi vecino se movía inquieto en su asiento. Tal vez fuera por el champán, pero lo encontraba incluso más atractivo, a pesar de lo nervioso y tenso que estaba.

—¿Sabes? Te vendría bien una copa para relajarte —le sugerí, mientras él intentaba atraer la atención de una empleada.

—¿Alguna vez te han dicho que eres una entrometida?

—Oh, sí. Más de una vez —respondí con una sonrisa.

La empleada vio claramente su intento de llamar su atención, pero se fue en dirección opuesta. Lo estaba evitando. Bien por ella.

De pronto se levantó y se quitó la chaqueta. Su atractivo aumentó por momentos. Al verlo de espaldas, su trasero me dejó sin aliento, pero logré disimular.

Lo último que necesitaba era alimentar su ego, aunque probablemente ya lo supiera. Se movía con el aire arrogante de alguien que sabía exactamente lo atractivo que era.

Convencida de que no volvería a cruzarme con él, lo vi alejarse hacia el mostrador y miré mi móvil. Tenía un mensaje de mi hermana.

Blair: No te preocupes. Mamá y yo nos quedaremos despiertas esperándote.

Hannah: De ninguna manera. Necesitas descansar para estar perfecta en la boda mañana.

Blair: No me vengas con órdenes, hermanita.

Me reí, sabiendo que no tenía sentido insistir. Además, me moría de ganas de ponerme al día con ambas.

***

Una hora más tarde, por fin nos dieron permiso para despegar.

Abandoné la sala VIP y me dirigí directamente a la puerta de embarque para pedir que me devolvieran el vestido.

Luego esperé en la cola de clase turista unos cinco minutos mientras embarcaban a los pasajeros de clase business , entre los que estaba mi malhumorado vecino.

¿Por qué no podía apartar la mirada de él? Había visto a hombres guapos antes, aunque ninguno tan atractivo como él .

Durante el vuelo, me entretuve viendo unos cuantos episodios de mi serie favorita.

En cuanto aterrizamos, pedí un Uber enseguida.

El hotel se encontraba a unos veinte minutos.

Blair se había ofrecido a recogerme, pero le quité la idea de la cabeza.

Era su fin de semana y no quería que se preocupara por mí.

Al llegar al destino, suspiré con una sonrisa y avisé a mi hermana por mensaje antes de bajar del coche.

Era un precioso edificio de estilo colonial, con una fachada en tonos blancos y rosados.

La entrada tenía tres enormes arcos y suelos de mármol.

En el interior, había más detalles en mármol y cinco lámparas de araña doradas con cristales. Era de ensueño.

—Buenas tardes, tengo una reserva a nombre de Chase Sterling —escuché decir a una voz que ya conocía.

Me giré hacia el mostrador de recepción. Mi vecino el gruñón se hospedaba en el mismo hotel. ¿Qué probabilidades había de que pasara eso?

—¡Hannah, estás aquí! —exclamó Blair con entusiasmo. Corrió hacia mí y me dio un fuerte abrazo. Josh, su futuro marido, venía justo detrás de ella.

—¿Habéis venido juntos? —preguntó Josh, alternando la mirada entre el gruñón y yo.

—¿A qué te refieres? —preguntó él, enderezándose y fijando su penetrante mirada en la mía con una intensidad abrumadora.

—Chase, te presento a Hannah Levine —dijo Josh—. Y ella es Blair, mi prometida. Blair, Hannah, este es Chase Sterling, mi mejor amigo y el padrino de nuestra boda.

Mi hermana le dio la mano a Chase. Luego él me tendió la mano. Se la estreché por instinto, intentando mantener la compostura. Al estrecharla, una sacudida eléctrica recorrió mi cuerpo mientras luchaba por no perder la calma ante sus profundos ojos verdes.

—Qué casualidad tan divertida —dijo Josh—. Os debéis de haber cruzado en el aeropuerto sin daros cuenta.

Los ojos de Chase brillaron mientras yo esbozaba una sonrisa de cortesía.

Ay, Josh, si tú supieras…