Besos Prohibidos (Los Hermanos Sterling 2) Capítulo Treinta y Uno #2
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Capítulo Treinta y Uno #2

—Lo sé, y tienes razón. El médico me recomendó este tipo de galletas pero no tuve tiempo de comprarlas. ¿Quieres un café? —le ofrecí, mientras nos sentábamos en la mesa del comedor.

—No, estoy bien. Solo un poco preocupada por el niño.

—Ya lo ha visto el médico, y es solo una intoxicación alimentaria.

—No dejo de pensar qué habrá sido… Quizás ese bocadillo que pidió cuando fuimos al centro y que yo no comí; si no también habría caído.

—Pueden ser muchas cosas, e incluso algo que tú también comieras. Los niños son más sensibles.

—Me siento muy culpable —dijo con un temblor en la barbilla.

—De verdad, mamá —negué con la cabeza—, ni se te ocurra.

—¿Cómo lo estáis llevando sin Riley?

—Bien, pero Jeremy no para de preguntar por ella.

—¿Y tú? —preguntó.

—No hay nada que desee más que tenerla aquí con nosotros. De hecho, tenía muchas ganas de venir y le dije que no.

—¿Por qué? —preguntó extrañada.

—Porque está empezando un trabajo nuevo y tiene que centrarse en eso. —Me sentía como un disco rayado, repitiéndolo una y otra vez.

—Tienes razón.

—No dejo de pensar que es una mujer joven y necesita priorizar su carrera —confesé—. No puedo evitar sentir que…

—¿Que tener una familia será un freno en su vida? —dedujo al ver que no terminaba la frase.

—¿Griffin te lo ha contado? —pregunté con la mirada entornada.

—Sí. —Y con voz dulce, añadió—: Mira Duncan, sé que esa necesidad de tenerlo todo bajo control tiene que ver con tu padre y conmigo. Que os hayáis criado en un entorno tan inestable y vivido un divorcio desagradable, siendo tan pequeños, os afectó a todos vosotros.

—No os culpo de nada, mamá. Los dos hicisteis lo mejor que pudisteis.

—Lo intentamos, y te agradezco que no guardes rencor.

Pero, al margen de todo, es innegable que os haya marcado de alguna forma.

Y creo que a ti más que a nadie. —Bajó la mirada hacia sus manos y volvió a mirarme—: Tú eras el mayor y cuidabas de todos.

Pero tienes que dejar de asumir esa carga y dejar de intentar facilitarle la vida a las personas que te rodean, ya sea nosotros, Jeremy o Riley.

—Me cuesta, pero lo voy a intentar —dije.

—Sé que lo conseguirás. Pero si Riley quiere estar al pie del cañón con vosotros, no te corresponde a ti decirle que no. Si la amas.

—¿Qué dices? —pregunté, aunque no debería haberme sorprendido. Toda mi familia sabía que me había enamorado de Riley.

—Te cuesta asumirlo, ¿no? Sé que ambos os queréis mucho.

—Sí —confesé, sorprendido de que mi madre pudiera leerme tan bien—. Pero en este momento…

—Para —dijo, negando con la cabeza—. Nunca es el momento adecuado.

Mira tu padre y yo, seguimos todos los convencionalismos de aquella época: casarse jóvenes, formar una familia, comprar una casa…

Y ahora, al final de nuestras vidas, hemos conseguido…

No quiero adelantarme, pero nos estamos reencontrando, por decirlo de alguna manera.

Gruñí. Qué incómodo me resulta hablar de esto.

—Entonces, ¿habéis vuelto?

—No es definitivo. Pero, ya que estamos hablando, creo que tú le has servido de inspiración. Me ha invitado a pasar un fin de semana en Nueva York.

—Me alegro por vosotros, especialmente por ti —dije—. Siempre has soñado con ir a Nueva York.

—Sí, y siempre he soñado con descubrir la ciudad con tu padre; la vida es tan impredecible que treinta y cinco años después, vamos a tener la luna de miel que nunca tuvimos.

—Apretó los labios—. Como te decía, no esperes al momento adecuado.

Te aseguro que el mejor momento es este, no más adelante, ¿me has entendido?

—Tienes razón —asentí.

—Bueno, como Jeremy está dormido, me voy. Dile que he pasado por aquí y que puedo venir cuando él quiera.

—Vale, mamá. Gracias.

—De nada —sonrió—. Lo que sea por mi nieto.

* * *

Pasé las siguientes horas cuidando de Jeremy, mientras trazaba un plan. Estaba tan ensimismado que olvidé que Knox, Finn y Griffin tenían previsto pasar por mi casa para ver cómo estaba el niño. Para mi sorpresa, Knox apareció con una botella de vino.

—He estado en Napa este fin de semana —explicó—, y me regalaron una botella de cosecha ecológica.

—¿La abrimos? —ofrecí.

—No, quiero que la reserves para ti… Me ha llegado el rumor de que quizá lo necesites para impresionar a cierta señorita —dijo, con una ceja levantada, y Finn y Griffin se echaron a reír.

—¿Griffin también te ha ido con el cotilleo? —pregunté.

—Obviamente —respondió Knox.

—Vale, me lo quedo —le agradecí—. Qué detallazo.

—Siempre os reís de mis detalles, pero es que no puedo evitarlo —dijo Knox.

—No te lo voy a negar —coincidí.

—Vas por buen camino, hermano —intervino Griffin, dándole una palmada en el hombro.

Jeremy salió corriendo de su habitación, sonriendo. Se notaba que estaba bastante recuperado.

—Hola campeón, se te ve mucho mejor—comentó Knox—. ¿Qué tal si pasas el domingo con nosotros? —preguntó, mirándome.

—¡Sííí! ¿Me dejas, papá? ¿Puedo ir con los tíos después de nuestro plan?

Como Riley pasaría el sábado con su madre y con su hermana, teníamos que poner nuestro plan en marcha el domingo.

—Podéis pasar la tarde del domingo juntos, después de que vayamos a casa de Riley.

—¿Vais a ir los dos a casa de Riley? —preguntó Knox.

—Sí, vamos a darle una sorpresa —respondió Jeremy.

—Pues podemos recogerte allí —propuso Finn.

—¿Qué tenéis pensado hacer? —les pregunté a mis hermanos.

—Podemos llevarlo al cine —respondió Finn.

—Buena idea.

Knox echó un vistazo al vino y dijo:

—Menos mal que te he traído esta botella. Parece que vas a necesitarla.

—Gracias por el voto de confianza —me reí.

—Es que el don de la palabra no es precisamente tu fuerte —intervino Griffin con los ojos en blanco—. Si vas en serio con ella, tienes que dejárselo muy claro.

—No me esperaba ese consejo… de ti —bromeé.

—Quiero lo mejor para ti, y Riley te ha cambiado para bien. Pero ojo: eso no quiere decir que yo esté buscando una relación. Me basta con un lío de una noche para ser feliz.

—Un montón de noches, querrás decir —repliqué, arqueando la ceja.

—Ya, parece que las redes sociales se han encargado de difundir mi vida personal… —Era la primera vez que parecía frustrado por ser el centro de atención mediática—. Pero eso no viene a cuenta. Como te decía, hermano, no la cagues con Riley.

—No lo haré.