Besos Prohibidos (Los Hermanos Sterling 2) Capítulo Veintiséis
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Capítulo Veintiséis

RILEY

—¡Quiero que gane el equipo de los titos Finn y Knox! —exclamó Jeremy.

—¡Oye! —gruñó Duncan—. Soy tu padre y deberías apoyar a mi equipo.

—¡Hoy no! —replicó Jeremy.

—¿Cuándo llega todo el mundo? —intervine, hecha un manojo de nervios.

Estábamos los tres en la piscina de la urbanización. Duncan me había contado que todos los hermanos jugaban un partido de waterpolo al año; me pidió que me viniera y acepté. Tenía muchas ganas de conocer a su familia, pero me moría de los nervios.

—En cualquier momento.

—¿A los vecinos no les importa?

Estábamos pendientes de Jeremy, que quería tirarse por el tobogán unas cuantas veces antes de que llegara la familia.

—No. De hecho, muchos vecinos vienen a vernos.

—Déjame adivinar: ¿especialmente las vecinas? —sonreí, moviendo las cejas.

—Ahora que lo dices… —dijo con los ojos entornados—. Creo que sí, el público es principalmente femenino.

—Qué curioso, ¿no? —comenté con sarcasmo—. Bueno, cuando lleguen todos…

—Te aviso que son unos liantes y unos pesados; no les hagas ni caso.

—¿De verdad? —fruncí el ceño.

—Sí, están deseando conocerte y van a aprovechar para hacerme pasar un mal rato.

—¿Saben que estaré aquí? —pregunté incrédula.

—Por supuesto —respondió con el ceño fruncido—. Por eso te he pedido que vinieras: quiero que conozcas a mi familia.

Madre mía. Ni se me había pasado por la cabeza.

Las últimas semanas habían sido muy ajetreadas y estaba dispersa.

Me llevó un tiempo acomodar a Paula en mi casa; terminé comprando un colchón hinchable que resultó ser sorprendentemente cómodo, y todavía no había tenido tiempo de buscar un piso para mí, pero pronto me pondría a ello.

De momento, estaba ayudando a Duncan a encontrar a alguien que me reemplazara.

—Deberías haberlos visto cuando se enteraron de que había puesto a los abogados a trabajar en el caso de Paula —dijo con un brillo especial en los ojos.

—¿Les has contado?

—Sí, en mi familia no guardamos secretos. Y tampoco quería ocultarlo, me gusta que sepan que eres importante para mí.

¿Esto está pasando de verdad? Aún no habíamos hablado con Jeremy de lo nuestro, pero no me parecía urgente. Preferíamos esperar hasta que empezara la nueva niñera.

Solo de pensarlo me invadía una extraña sensación. Odiaba tener que buscar a mi propia sustituta.

—Veo que la fiesta ya ha empezado —dijo una voz masculina a lo lejos.

Me di la vuelta y vi a un chico guapísimo que se dirigía hacia nosotros.

—Riley, encantado de conocerte. Soy Finn. No sabía si mi hermano se animaría a invitarte y a presentarte a la familia.

—¿Por qué lo dices? —pregunté con una risa nerviosa.

—Por miedo a que le hagamos pasar un mal rato quizás.

—Finn… —dijo Duncan con tono de advertencia.

—No te preocupes —su hermano le guiñó un ojo—. Queremos que Riley se quede con nosotros y no haremos nada para asustarla. —Sonrió de forma enigmática y, en ese momento, Jeremy gritó:

—¡Tito Finn!

Estaba en lo alto del tobogán, pero se dio la vuelta y cuando empezó a bajar por la escalera casi se me sale el corazón. Le había dicho incontables veces que no lo hiciera; la escalera estaba diseñada solo para subir pero a la hora de descender, era una trampa peligrosa.

Saltó los tres últimos peldaños y corrió hacia nosotros hasta abrazar a Finn.

Knox llegó justo en ese momento.

—¿Qué pasa que no estáis en la piscina? —Tenía una enorme sonrisa, pero se moderó al ver a Jeremy—. Hola Riley, me alegro de volver a verte.

Estaba segura de que, si no fuese por su sobrino, nos habría soltado alguna pulla. Que hubiera tenido ese detalle decía mucho de él.

Poco después llegaron más personas. Reconocí a Susan y deduje que el hombre mayor sería el padre.

Duncan estaba a mi lado; Finn y Knox se habían apartado. En un abrir y cerrar de ojos se habían quedado en bañador y se lanzaron a la piscina con Jeremy.

El resto del grupo se acercó a nosotros.

—Riley, te presento a Bruce —dijo Susan, señalando al hombre mayor.

—Encantada de conocerlo.

—¿Cómo estás, Riley? He oído hablar mucho de ti —saludó, mirándonos a Duncan y a mí de arriba abajo, y después al resto de los chicos que lo acompañaban.

Susan y Bruce se dirigieron hacia las dos sillas más cercanas al tobogán.

—Soy Chase —dijo el hombre que estaba a mi lado, rodeando con el brazo a la única mujer del grupo, aparte de Susan.

—Hola, soy Hannah —se presentó.

—Y es mía —añadió Chase.

Esa fue, sin duda, la mejor presentación que había oído. No dijo “es mi mujer”, ni “es mi prometida” ni “es mi novia”, sino simplemente “es mía”. Estaba claro que había una vena posesiva en el ADN familiar.

—Encantada de conocerte, Hannah.

—Hoy es mi primera vez en un partido de waterpolo. Yo no juego, ¿y tú? —preguntó.

—Tampoco —negué con la cabeza—. Estoy aquí para echarle un ojo a Jeremy.

—Y para que te conozcan —añadió Duncan, lo que hizo que me sonrojara.

—¿Mi hermano no te adelantó nada de nosotros? —intervino uno de los hermanos—. Por cierto, soy Griffin.

—Hola, Griffin —dije, y sentí que me ponía aún más roja.

—Claro que le hablé de vosotros —respondió Duncan en un tono más serio.

—Sí, pero habría sido mejor que me advirtieras —repliqué, manteniendo la cabeza alta, aunque seguía sonrojándome.

Griffin bostezó:

—Lo siento, chicos. Anoche me acosté tardísimo, y puede que hoy no esté en mi mejor día.

—¿Qué hiciste? —preguntó Duncan.

—Eso es privado —respondió Griffin.

—Pues te has acordado tarde —dijo Knox desde la piscina—. ¿Sabes que cada vez que alguien etiqueta a Sterling Industries en Instagram lo ve todo el mundo, no? Por cierto, tu cita de anoche estaba buenísima.

—¡¿Qué coño?! —parpadeó Griffin—. ¿Y quién etiqueta a la empresa?

—Es lo primero que sale cuando escribes “Sterling” —explicó Knox.

—Deberías tener más cuidado —advirtió Duncan.

Griffin gruñó:

—Venga ya, Duncan, no quiero tener que soportarte toda la tarde dándome la brasa.

—Tranquilo, hoy tu hermano está obsesionado con ganar el partido —le aseguré.

¿Se me había ido la olla? Duncan seguía siendo mi jefe y no podía ser tan descarada.

El hombre que estaba junto a Griffin echó la cabeza hacia atrás y se partió de risa.

—Soy Wyatt —se presentó—. Y me gusta que tengas sentido del humor.

—Has elegido bien, hermano —le dijo Chase a Duncan.

—Ay, Riley —intervino Hannah entre risas—. Veo que ya has entendido la dinámica familiar.

—Parece que sí —dije, haciendo alarde de mi descaro. Me caían bien los chicos y sabía que apreciaban mi sentido del humor—. Pensaba que Knox era el único personaje, pero está claro que todos sois de lo que no hay.

—Te he oído —dijo Knox desde la piscina.

Giré la cabeza bruscamente en su dirección. ¿En qué momento se había acercado al bordillo de la piscina?

—Sí, tiene el oído agudo cuando la gente habla de él —dijo Griffin, como si me leyera el pensamiento.

—Está bien saberlo.

—¿Qué quieres decir con que soy un personaje ? Soy único e irrepetible —dijo Knox.

—Culpa mía —respondí, luchando por no reírme.

Knox sacudió la cabeza de forma teatral y dijo:

—Vamos, chicos. Tenemos un partido que jugar. Y si lo calculamos bien, las chicas de la urbanización se quedarán a vernos celebrar la victoria.

—Knox —sonrió Duncan—, compórtate.

—Como vuelvas a advertirme de que no ligue con tus vecinas…

—Me pareció que necesitabas que te lo recordara, ¿no?

—No, no hacía falta. —Me miró de reojo—: Riley, ayúdame.

—Lo siento, pero no puedo —dije, y me reí—. En esto estoy con Duncan.

La sonrisa de Duncan era totalmente chulesca.

Wyatt se echó a reír de nuevo:

—Muy bien, chicos, empecemos el partido.

* * *

Las siguientes horas fueron un auténtico despliegue de músculos. Todos los hermanos estaban buenísimos… no había otra forma de describirlos. Eran altos, de espalda ancha, puro músculo, y se movían con elegancia en el agua. Jugaban tres contra tres y Jeremy hacía de árbitro.

—¿Se puede jugar al waterpolo con equipos de tres? —pregunté en voz alta.

—No lo sé, mis hijos se inventan sus propias reglas —dijo Bruce. Él, Susan y Hannah estaban sentados en unas sillas.

—Parecen buenos —comentó Hannah.

Mientras echaba un vistazo a la piscina, me coloqué a la sombra, donde Knox y Finn habían dejado bebidas en una nevera portátil.

Susan me acompañó y nos tomamos una Coca-Cola Light.

La nevera del loft estaba repleta de cerveza, vino y demás bebidas alcohólicas, pero Duncan dijo con toda sensatez, que hasta que no terminara el partido, nada de copas.

—Parece que el equipo de Duncan, Griffin y Wyatt va a ganar —comenté mientras estábamos de pie bajo la sombra y daba unos sorbos a mi refresco. Se estaba mucho mejor allí que bajo la sombrilla.

—¿No te importa estar aquí un sábado? —preguntó Susan, mirándome.

—No, en absoluto. Me encanta mi trabajo.

—Imagino que también tienes muchas ganas de empezar tu nuevo empleo, ¿verdad?

—Sí —asentí—, tengo muchas ganas de empezar. —Suspiré y miré la piscina—. Aunque voy a echar de menos a Jeremy.

—¿Y a Duncan? —preguntó con un tono sorprendentemente descarado.

—Por supuesto —respondí, sintiendo que me sonrojaba hasta la punta de los pies—, aunque paso la mayor parte del tiempo con Jeremy. —No sabía qué decir para no generar un momento incómodo.

—Duncan ha cambiado desde que has llegado a su vida.

—¿De verdad? ¿En qué sentido? —pregunté rápidamente.

—Parece más abierto, y su lenguaje corporal más relajado. Nunca lo vi así con la madre de Jeremy. Desde el principio temí que las cosas no funcionaran entre ellos, pero lo intentaron por el bien de su hijo. Además, Jeremy ha forjado un vínculo contigo mucho más cercano que con sus antiguas niñeras.

Su comentario me llenó de orgullo.

—Me alegra mucho oír eso —dije con una amplia sonrisa.

—Se nota que adoras a mi nieto —añadió con mucha ternura.

—Sí, lo quiero mucho —tragué saliva y asentí—. Muchísimo.

—Jeremy disfruta tanto haciendo planes contigo que incluso está dejando de venir a mi casa.

—Pues que sepas que es imposible competir contigo o con Bruce. A él le encanta estar con sus abuelos.

—Así es. Bruce es un abuelo estupendo.