Besos Prohibidos (Los Hermanos Sterling 2) Capítulo Veinticinco
71%

Capítulo Veinticinco

DUNCAN

A la tarde siguiente, tuvimos reunión de hermanos. Knox y Finn habían vuelto de otro viaje al valle de Napa; estábamos todos de acuerdo en comprar la propiedad y no queríamos que nadie nos la arrebatara.

Entré en la sala de reuniones y, al ver sonrisas de satisfacción en los rostros de mis hermanos, di por hecho que traían buenas noticias. Griffin, Knox y Finn estaban sentados a un lado de la mesa y yo tomé asiento junto a Wyatt y Chase.

—¿Qué hay de nuevo? —pregunté.

—¿Por qué no nos lo dices tú?

Me fijé bien y me percaté de que Chase era el que tenía la sonrisa más petulante de todos.

—¿Qué queréis que os cuente si no he estado en Napa? ¿Me habéis enviado un informe por correo electrónico y no lo he visto? —pregunté. El día anterior había estado muy liado con el asunto de Paula y luego me ocupé de Jeremy. Ni siquiera había mirado la bandeja de entrada.

Finn soltó un suspiro:

—No tiene que ver con Napa, tío. Eso está bajo control: hemos hablado con el agente inmobiliario y todo va como la seda. Ya nos avisará en cuanto se concrete la oferta.

—Menos mal que el viñedo sigue disponible.

Me entusiasmaba montar un proyecto nuevo con mis hermanos. Ya lo habíamos hecho en el pasado y echaba de menos esa emoción de crear algo novedoso.

—Entonces, ¿para qué nos hemos reunido si no hay nada que hablar? —pregunté.

Knox entrelazó los dedos y se los llevó a la nuca. Finn y Wyatt se rieron, y Griffin negó con la cabeza. La sonrisa de Chase era aún más chulesca.

—La reunión estaba programada de antemano —dijo Finn con desgana.

—Y vimos que sería una excelente oportunidad para darte el coñazo —continuó Chase.

—¿Qué pasa? —pregunté, desconcertado.

—Nos hemos enterado por nuestros abogados de que les pediste ayuda para resolver un asunto de la hermana de Riley —dijo Griffin.

—Sí, ¿y qué problema hay?

—¡Ja! —exclamó Chase.

—¿Qué tipo de asesoramiento creéis que les pedí?

Ya me estaba dando cuenta a qué se debía su sonrisa de satisfacción. Chase pensaba que iba a hacer alguna tontería como la que él hizo con Hannah.

—No lo sé. Dínoslo tú.

—Sí, estamos deseando saberlo —añadió Wyatt.

—Hermano, intenté evitar esta encerrona —dijo Griffin—, pero no había forma de pararlos.

—Gracias por intentar cubrirme las espaldas, hermano. Os lo explico: el exjefe de la hermana de Riley la estaba acosando después de despedirla, y les pedí que le enviaran una notificación de requerimiento para ver si con eso conseguimos intimidarlo.

—¿Y qué más? —preguntó Chase, inclinándose hacia delante, expectante.

—Eso es todo —dije.

—¡Joder!

—No me lo puedo creer —me eché a reír a carcajadas—: ¿Pensabas que iba a hacer alguna tontería como tú?

—No me enorgullece admitirlo —suspiró Chase—, pero sí. Eso fue lo que pensé.

—Te dije que Duncan tiene los pies en la tierra —negó Wyatt con la cabeza.

—¡Oye! —espetó Chase—. Yo también, pero con Hannah perdí los estribos.

—Pues yo no. —Fue mi turno de sonreír con aire de suficiencia—. Caso cerrado. Ahora, hablemos del valle de Napa.

—Sí, mejor —dijo Finn—. Pero antes quiero añadir una última cosa sobre este tema: cuando te toque perder la cabeza por Riley, sabes que puedes contar conmigo.

—Gracias, hermanito —respondí entre risas.

—Ya que hemos decidido seguir adelante con la propiedad en Napa, ¿qué tal si hacemos nuestra habitual ronda de ideas de negocio?—sugirió Chase.

—Genial —respondió Knox—. Me encantan estas rondas, es el momento creativo de la semana.

—Se supone que debemos pensar antes de la reunión y ser proactivos —le reprochó Wyatt.

—Si a ti te funciona… —Knox sonrió—. Lo importante es compartir ideas de negocio y a mí me gusta improvisar sobre la marcha.

Griffin se echó a reír, señalando a Wyatt:

—¿De verdad no te habías dado cuenta?

—¿Qué quieres decir con “dado cuenta”? —Wyatt miró a su alrededor—. ¿Todos sabíais que Knox jamás prepara las reuniones?

—Obviamente —dije.

—De ahí sus ideas tan descabelladas —intervino Chase.

Normalmente, yo era el que tenía la lengua más afilada, pero Chase se me había adelantado.

Mientras todos soltaban ideas, saqué mi teléfono y busqué lugares cercanos para ir de acampada.

—¿Y eso? —preguntó Griffin, inclinándose y echando un vistazo a mi móvil—. ¿Estás buscando sitios para acampar?

—No es asunto tuyo —respondí, dándole la vuelta al móvil.

—¿Por fin te vas de acampada con Jeremy? —preguntó Wyatt.

—Puede ser. A Riley también le gusta.

Se hizo un silencio sepulcral y Griffin levantó el puño en señal de victoria.

—No me lo esperaba, tío —dijo Wyatt.

—Pues yo sí lo vi venir —comentó Knox.

—Claro, pero eres el único que tiene información privilegiada —intervino Griffin.

—No es culpa mía que seáis tan poco creativos —replicó Knox, encogiéndose de hombros.

—¿De qué estáis hablando? —pregunté.

Wyatt apoyó ambos codos en la mesa y me miró fijamente:

—Tenemos muchas ganas de conocer a Riley. Papá también.

—Irá al partido de waterpolo —les informé.

Jugábamos una vez al año en la piscina de mi urbanización y nos divertíamos mucho.

—Excelente. Tenía hasta una apuesta hecha —dijo Griffin.

—¿Habéis estado hablando a mis espaldas? —pregunté.

—No —respondió Wyatt—. No somos así. De hecho, pensaba que estos prendas le estaban dando más bombo al asunto de lo que merecía. Pero resulta que eres el más impredecible de todos los Sterling. —Estuve a punto de responder, pero él negó con la cabeza—: Ni se te ocurra discutirlo.

Chase no me quitaba los ojos de encima.

—Quiero darle una sorpresa y hacer algo que le guste —les expliqué.

—¿Entonces lo vuestro va en serio? —preguntó Chase.

—Es lo más serio que he tenido en mi vida con una mujer. —Decir esas palabras fue muy liberador.

—¡Joder, hermanito! —exclamó Griffin—. ¿Pero lo has hablado con Jeremy?

—No —negué con la cabeza—, lo estamos manteniendo en secreto.

—¿Cómo demonios lo has conseguido? —preguntó Wyatt.

—No es nada fácil —admití.

—¿Pero piensas decírselo? —preguntó Chase.

—Riley y yo aún no lo hemos hablado. No quiero meterle presión y tampoco confundir a Jeremy.

—¿Qué quieres decir con “confundir”? —preguntó Griffin con cierto tono de reproche. Mis hermanos eran muy protectores con mi hijo.

—No quiero que se haga ilusiones. Nunca le he presentado a nadie y ella es su niñera.

—No veo cuál es el problema si se supone que cambiará de trabajo en poco tiempo —dijo Knox con desenfado.

—¿Cómo lo sabes? —pregunté, levantando una ceja—. Si apenas hablaste con Riley unos minutos.

—Me lo ha dicho mamá; le falta poco para empezar a trabajar de abogada.

Ya estaba en plena búsqueda de niñera. La señora Williams me había avisado de que quería jubilarse de forma definitiva, y por suerte, me libré de tener que despedirla después de las cosas que Jeremy me había contado de ella.

—Ya ves, tendrás vía libre —dijo Finn—. Y Jeremy, una nueva niñera.

—No tendrás problemas en seguir saliendo con Riley —dijo Griffin.

En ese momento entendí que, a pesar de las buenas intenciones de mis hermanos, no eran padres y no sabían que, con hijos de por medio, las cosas no son tan sencillas.

Que Riley dejara de ser su niñera no significaba que pudiera hacer lo que yo quisiera.

Jeremy tenía un vínculo con ella mucho más estrecho que con cualquiera de sus niñeras anteriores, y no era un detalle menor.

—Yo creo que se pondrá muy contento. Desde que Chase y Hannah empezaron a salir, Jeremy ha dicho que le gustaría que conocieras a alguien —comentó Wyatt, el más sensato de mis hermanos menores; pero, aún así, tampoco entendía lo que conllevaba la paternidad.

No dudaba de que Jeremy querría que tuviese una novia, pero, como es lógico, los niños no tienen ni idea de las implicaciones de una relación.

Veía el ejemplo de Chase y Hannah, y su vida color de rosa, pero las cosas podrían acabar mal.

Ya lo había experimentado en mis propias carnes y quería evitarle cualquier sufrimiento a mi hijo.

Además, Riley era una mujer joven; no lo notaba cuando estábamos juntos, pero cada vez que veía a sus amigas, era un golpe de realidad. ¿De verdad tendría ganas de entablar una relación seria y comprometida conmigo?

—Agradezco que os preocupéis por Jeremy y por mí, pero no os estaba pidiendo consejo —dije con tono tranquilo.

—No te estábamos aconsejando nada —repuso Chase.

—Solo te dábamos nuestra opinión, aunque no la quieras —continuó Wyatt, secundándolo.

Me gustaba escuchar a mis hermanos; Chase era el que más experiencia tenía en asuntos del corazón, pero ninguno podía ponerse realmente en mi lugar.

—¿Qué tal si volvemos al tema que nos ocupa? —sugerí.

Griffin gruñó y Wyatt asintió:

—Sí, tienes razón. Basta de cotilleo.

—Es verdad, ya podremos cotillear después del partido de waterpolo —dijo Finn con una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Es verdad! —exclamó Wyatt con una sonrisa poco habitual en él, y me limité a negar con la cabeza.

Pero por mucho que habláramos de negocios, tenía la cabeza puesta en la sorpresa que le tenía preparada a Riley.

Iba a pedirle ayuda a su hermana; Paula estaría encantada de colaborar y era una fuente inestimable de información.

Aún tenía que organizar los detalles logísticos, además de preguntarle a Jeremy si le parecía buena idea. Una cosa a la vez.

Después de nuestra reunión, vi que tenía una llamada perdida de Shona. Rara vez me llamaba durante el día; lo normal era que habláramos por la noche. También me había enviado un mensaje.

Shona: Llámame cuando puedas, pero sin Jeremy delante. Estoy organizando las vacaciones y quiero prepararle una sorpresa.

La llamé de inmediato y cerré la puerta de mi despacho.

—Hola, Duncan. Estoy haciendo una lista de cosas para comprar. Jeremy sigue con lo de Spiderman , ¿verdad?

—Sí, le encanta.

—¿Y crees que para finales de verano ya se le habrá pasado la fiebre?

—No lo creo, Spiderman lo tiene más cautivado que los anteriores personajes.

—Vale. ¿Y le sigue gustando ir al zoo?

—Sí.

—Según me ha dicho, a Riley también le encantan los animales.

—Así es. Incluso está pendiente de las cámaras del zoo para ver si nace alguna cría.

—¡No me lo puedo creer! —exclamó, evidentemente sorprendida.

—¿Qué?

—Por cosas que Jeremy me ha contado, sospechaba que algo pasaba entre vosotros; pero conociéndote, jamás imaginé que te liarías con la niñera de tu hijo. ¿De verdad estáis saliendo?

Sus palabras fueron como un puñetazo en el estómago.

—¿Recuerdas que Riley solo estará por poco tiempo? Pronto empezará a trabajar de abogada en un bufete.

—Pero no lo estás negando.

—No.

Tampoco quería ocultárselo; era la madre de Jeremy y tenía derecho a saberlo.

—Vaya, qué sorpresa. Pero me alegro por ti.

—¿En serio? —pregunté, atónito. Pensé que no se lo tomaría bien.

—Quiero lo mejor para ti, Duncan. Jeremy aún no lo sabe, ¿verdad?

—No, estoy buscando el momento adecuado para contárselo.

—Entonces, ¿lo vuestro va en serio?

—Sí —respondí.

—Vaya. Cuando te lanzas, vas a por todas —dijo.

—Me parece lo correcto —confesé—, y estoy buscando el momento para decírselo a Jeremy.

—Hasta donde sé, creo que estará encantado.

Estaba seguro de que así sería. Jeremy adoraba a Riley, pero, aun así, independientemente de lo que pensaran Shona y mi familia, tenía que hacerlo con tacto. Por supuesto que mi hijo entendería que yo tenía derecho a salir con una mujer, pero quería ser muy cuidadoso a la hora de decírselo.

—Duncan, de verdad, me alegro mucho por ti. Y si crees que vale la pena, dale una oportunidad a la relación, ¿vale?

—¿Por qué lo dices?

—Lo nuestro no funcionó porque no estaba destinado a ser.

Si no fuera por Jeremy… bueno, ya sabes a qué me refiero.

Cuando decidimos seguir juntos por su bienestar, los dos sabíamos que sería un fracaso rotundo.

Al menos, en el fondo, yo lo sabía. —Tras una breve pausa, añadió—.

Pero incluso antes de quedarme embarazada, siempre tuve la sensación de que no te entregabas del todo…

No sé si tiene que ver el divorcio de tus padres u otro motivo, pero siempre sentí que ponías una enorme distancia emocional conmigo.

No pude llevarle la contraria porque tenía razón. No había sido de forma consciente, pero era la verdad.

—Si Riley es importante para ti, no te pongas trabas a ti mismo, ¿vale?

—Vale.