Besos Prohibidos (Los Hermanos Sterling 2) Capítulo Ocho
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Capítulo Ocho

DUNCAN

—Papá, quiero que nos subamos los tres al tobogán.

—Hijo, sabes que tienes edad de sobra para tirarte tú solo.

—Lo sé, pero he visto que otros padres se suben con sus hijos.

—Yo iré contigo —dijo Riley, y se volvió hacia mí—: Anímate, Duncan. Será divertido.

Me concentré en el brownie que me estaba llevando a la boca y lo mastiqué lentamente.

Tenía la intención de darle una sorpresa a Jeremy, pero fui yo quien se sorprendió al ver a Riley con ese bikini sexy de cojones.

Mi cuerpo reaccionó de forma visceral y aunque evitaba mirarla a toda costa, empezaba a aceptar que no tenía tanto control sobre mi cuerpo como creía. Al menos no con Riley.

—Vamos, Duncan —repitió al ver que no me movía—. Hay que dejar que el niño que llevamos dentro salga a jugar de vez en cuando.

Me tragué el brownie y la miré directamente a los ojos. Mientras mantuviera el contacto visual y no mirara su cuerpo, estaría a salvo.

—¿No sabes divertirte? —bromeó ella.

—Sinceramente, no.

—Las piscinas son para jugar y pasarlo bien.

—Yo me relajo nadando —contesté mientras me ponía de pie.

—Ahí está la diferencia. Una cosa es relajarse, y otra muy distinta, divertirse. Y lanzarse por el tobogán es la caña… no sabes si te vas a zambullir de cabeza o caer sentado.

—¿Y eso te divierte?

—Obviamente —sonrió—. Me gusta lo desconocido.

Su entusiasmo era contagioso.

—Vale, está bien. Vamos.

Mi hijo gritó de alegría y no pude evitar reprocharme mi actitud. Dos años atrás me había dicho que quería tirarse solo del tobogán, y no le di más vueltas. Pero ahora empezaba a pensar que quizás lo hizo para no molestarme.

Jeremy subió primero por la escalera y Riley se colocó delante de mí. Casi me doy de bruces contra su perfecto y redondeado trasero. Cómo conseguí ahogar un gemido… es un misterio.

Miré de reojo mientras subía, intentando pensar en la llamada que tenía que hacer, y en números y más números. Necesitaba distraerme. Su bikini era sencillo, pero su cuerpo lo hacía impresionante. Me atraía tanto que apenas podía ordenar mis pensamientos.

—Vale, papá, tú primero —dijo Jeremy en cuanto llegamos arriba—. Así cuando me tire tu estás abajo para cogerme.

—Vale.

Cuanto antes me bajara de esa plataforma, mejor. No había espacio suficiente y estaba demasiado cerca de Riley. Me dejé caer y bajé por el tobogán.

—Oh, Jeremy, qué pena que no tengamos una cámara —dijo Riley en voz alta.

Miré por encima del hombro mientras bajaba volando por el tobogán.

—¿A qué te refieres?

Caí al agua como un saco de patatas y tragué agua. Cuando saqué la cabeza, vi que Riley y Jeremy se estaban partiendo de risa.

Todo mi cuerpo se relajó al instante. No había visto a mi chico reírse así con nadie más que con mis hermanos menores.

Era estupendo que se llevaran tan bien, pero no veía la forma de convencerla para que siguiera siendo su niñera una vez que empezara su nuevo trabajo.

Sabía que tendría una jornada laboral frenética, y le sería imposible cuidar de Jeremy.

En ese momento, mi hijo señaló el tobogán y Riley se lanzó pista abajo. Reaccioné demasiado tarde, y se deslizó tan rápido que se estrelló contra mí. Al instante la agarré por los brazos y la levanté. Ella se echó a reír, y me salpicó la cara.

—Dios mío, lo siento muchísimo.

—¿Te has hecho daño? —pregunté.

—Déjame que me frote los ojos que se me ha metido mucha agua. —Se limpió con el dorso de los nudillos antes de volver a abrirlos—. Estoy bien. ¿Y tú? Me he estrellado contra ti, ¿verdad?

—Así es.

—Ups, lo siento. Regla número uno: en cuanto aterrices, aléjate del tobogán. —Me hizo un gesto para que me apartara—. Venga, muévete.

Me reí entre dientes.

—¿En serio? ¿Y esas reglas de dónde han salido? —Ella sonrió con timidez y añadí—: Me distrajiste cuando estaba evaluando la mejor forma de bajar por el tobogán.

—Duncan, venga ya. No se evalúa “la mejor forma de bajar por el tobogán”. ¡Se supone que tiene que ser divertido!

—Vale, puesto así, suena fatal —admití.

¿En qué momento me había convertido en un amargado? Siempre me consideré el hermano guay: responsable, sí, pero enrollado. Ahora estaba preocupado.

—Sí, pero ya haremos que te relajes un poco —bromeó ella.

Al ver que Jeremy no bajaba por el tobogán, me di cuenta de que se había quedado hablando con Andreas, con un amigo suyo.

—Esos dos van a charlar un buen rato… con historias de Spiderman de por medio —dije—. Podemos alejarnos y darles espacio.

Ella asintió.

En lugar de salir por las escaleras, Riley se impulsó para subirse al bordillo de la piscina… o al menos esa era su intención. Jadeó y volvió a caer al agua. Noté que se sujetaba el tirante izquierdo del bikini con incomodidad.

—¿Qué pasa? ¿Te has hecho daño?

—No, se me ha desanudado el bikini—dijo.

Números. Costes. Dinero. Debo pensar en cualquier otra cosa.

Pero no funcionaba.

—A ver si puedo atármelo —murmuró.

Tenía las mejillas enrojecidas. Intentó con torpeza atárselo detrás del cuello hasta que soltó un gemido de frustración.

—Yo te ayudo —dije.

—Gracias. No quiero que se me vea nada por accidente.

Sus palabras solo echaron más leña al fuego. La sola idea de verla sin la parte de arriba del bikini era embriagadora.

—Ponte de espaldas —pedí.

Respiré hondo mientras ella se giraba, y se echaba el pelo hacia un lado. Se le había deshecho el moño al bajar por el tobogán.

Le anudé la tira del bañador. Qué suave era su piel.

Intentaba por todos los medios no tocarla, pero era imposible.

Mientras hacía un segundo nudo —para asegurarme de que no volviera a soltarse—, el dorso de mis dedos la rozó.

Su reacción fue contundente: se estremeció, se le puso la piel de gallina y contuvo el aliento.

Joder, ella también sentía esta atracción. No me lo estaba imaginando.

—Si has terminado, voy a darme la vuelta —susurró.

—Sí.

Estaba tan profundamente bajo su hechizo que no me di cuenta hasta que fue demasiado tarde, de que lo más sensato habría sido dar un paso atrás y poner distancia.

Lentamente, se giró para mirarme. Mi boca casi rozó la suya, y volvió a jadear.

Me quedé mirando sus labios durante una fracción de segundo.

¿Qué pasaría si la besara aquí y ahora? ¿Si la acorralara contra el bordillo y la devorara como me pide el cuerpo?

Dio un paso atrás y bajó la mirada con la respiración entrecortada. Luego se volvió hacia el tobogán y miró a Jeremy.

—Va a quedarse un buen rato ahí arriba ¿verdad?

Su voz me sacó de mi ensimismamiento. Miré hacia lo alto del tobogán: mi hijo y su amigo estaban sentados con las piernas cruzadas, y Jeremy gesticulaba con las manos.

—Así es, probablemente le esté contando cosas sobre Spiderman .

Riley se rió:

—Sí, se nota que le apasiona.

El impulso de besarla se intensificó. ¿Cómo es que ya conocía tan bien a mi hijo?

—Yo hacía lo mismo y le contaba a mi hermana mis historias favoritas. Como era mucho más pequeña que yo, y no sabía leer, nos sentábamos en el sofá de nuestra caravana e intentaba representarlas. A ella le encantaba.

¿Riley había pasado su infancia en una caravana? Eso no debió de ser nada fácil.

—¿Erais solo vosotras dos o tenéis más hermanos?

—No, solo una hermana. Mis padres querían tener más hijos, pero no podían permitírselo. Con los que éramos ya estábamos muy apretados en la caravana.

—¿Dónde estabais? —pregunté.

—En Florida.

—¿Tus padres siguen viviendo allí?

—No —dijo y negó con la cabeza—. Mi padre se marchó cuando éramos niñas. Mi madre vive ahora en Montana, también en una caravana. Una de las cosas que tengo en mi lista de deseos para cuando me gane bien la vida como abogada es comprarle una casa de verdad. La haría muy feliz.

Era un objetivo ambicioso, y eso me hizo apreciarla aún más:

—Eres una gran mujer, Riley.

Se encogió de hombros:

—Mi madre hizo un sacrificio enorme para que mi hermana y yo pudiéramos ir a los mejores colegios. Y más viviendo en una caravana y llegando a duras penas a fin de mes.

De alguna manera, me había vuelto a acercar a ella. Se giró a medias y me miró. No podía apartar la vista de sus labios. ¿Qué me pasa?

Cuando se humedeció los labios, no pude reprimir un gemido. Ella se dio cuenta, y su rubor se intensificó. Se giró, pero vi cómo se le erizaba la piel.

—¡Jeremy, ven! ¡Te estamos esperando! —exclamó.

Él sonrió y se deslizó hasta nosotros, aterrizando en el agua a la perfección.

Es la niñera de Jeremy y una mujer mucho más joven que yo. Está totalmente fuera de los límites. Más me vale que me entre en la cabeza de una vez por todas.

Riley evitó mi mirada cuando salí de la piscina para hacer la llamada.

Joder, no quiero hacerla sentir incómoda. Tengo que controlarme.

* * *

Después de que Riley se marchara, y como era demasiado tarde para cocinar, pedimos pizza para cenar. Mientras esperábamos, llamamos a su madre, con quien solía hablar antes o después de cenar. Apreciaba que Shona fuera flexible y cumpliera con su llamada diaria.

—Hola, Jeremy —saludó. —Hola, Duncan.

—Hola, mamá, hemos estado en la piscina.

—Ya veo —dijo entre risas—. Tienes el pelo mojado. ¿Os lo habéis pasado bien?

—Sí, nos lo pasamos pipa.

—Se le da muy bien el estilo mariposa, aunque hoy se ha pasado casi todo el rato en el tobogán —comenté.

—Estoy muy orgullosa de ti, Jeremy —dijo Shona.

—Os dejo charlando.

Me gustaba estar atento cuando hablaban por teléfono, pero sabía que se sentían más a gusto si no participaba activamente en la conversación.

Mientras limpiaba la mesa, la oí decir:

—Estoy deseando que vengas.

Jeremy pasaba dos semanas con ella en Dublín cada verano.

—Yo también. ¿Jamie va a estar con nosotros?

Jamie era el novio de Shona.

—Oh, no, cariño. Lo siento. Jamie y yo… bueno, ya no somos amigos.

Miré a Jeremy y vi que su sonrisa se desvaneció.

—¿Por qué?

—A veces las relaciones entre adultos no funcionan. Pero tengo un amigo nuevo y estoy deseando presentártelo.

Mis hermanos no entendían por qué nunca le presentaba nadie a Jeremy, y ahí tenía la confirmación de que era una mala idea. No quería que mi hijo se encariñara con alguien y terminara pasándolo mal si la relación no funcionaba.

A mi ex, obviamente, no le importaba tanto.

—Vale —dijo Jeremy, con la voz completamente apagada.

Era su tercer novio en los últimos tres años, y eso le estaba afectando. No me importaría que creara un vínculo con una pareja estable, pero no estaba siendo el caso.

En cuanto Jeremy se fue a dormir, volví a llamar a Shona.

—Hola, Duncan. ¿Va todo bien?

—Sí, pero hace mucho que no hablamos.

—Es verdad —asintió ella—. ¿Qué te cuentas? La baja de la señora Williams debe de haber sido un mazazo, sobre todo ahora que empieza el verano, ¿no?

—Así es, pero lo he solucionado.

—¿Ya? Vaya, siempre has sido muy eficiente.

—Escucha, Shona…

—Lo sabía —interrumpió—. Por el tono, vas a echarme la bronca.

—No exactamente, pero me gustaría pedirte, otra vez, que seas un poco más discreta con Jeremy en lo que respecta a tu vida amorosa.

—Maldita sea —resopló—. Sé que no lo he llevado muy bien. Sinceramente, no pensé que se acordaría de él.

—Mientras esté allí contigo, ¿podrías evitar presentarle al hombre con el que estés saliendo? Solo le haces un lío.

Hubo una pausa y luego carraspeó.

—Duncan, no le presento a cualquiera, ¿vale? Mi ex y yo estuvimos juntos seis meses.

—Quiero darle a Jeremy toda la estabilidad y tranquilidad posible. Por eso yo nunca le he presentado a nadie.

De hecho, no he salido con nadie.

Shona carraspeó:

—Quizá deberías hacerlo.

—¿Qué?

—Creo que nuestro hijo ya tiene edad suficiente para entender ciertas cosas. Siempre me cuenta que los padres de sus amigos que están divorciados tienen novia, o incluso se han vuelto a casar.

—Nunca me ha contado eso —comenté sorprendido.

—Los niños comparten cosas diferentes con cada padre, pero por cómo habla, es obvio que entiende los matices y las diferencias entre… ya sabes… un matrimonio y salir con alguien. No digo que debas presentarle a todo el mundo, claro. Pero no seas tan duro contigo mismo.

—Siempre lo he sido. Es la única manera de…

—Ay, Duncan —interrumpió Shona con un suspiro—. De verdad que no lo es. Piensa en lo que te he dicho, ¿vale? —Como no dije nada más, añadió—: ¿Eso es todo?

—Sí.

—Pues que tengas buenas noches.

—Tú también.

No era de extrañar que siguiéramos pensando diferente al respecto.

Si empezaba a salir con alguien, no tenía duda de que afectaría a Jeremy y no quería que se sintiera desplazado. Estábamos bien así, mi hijo era feliz, y no lo cambiaba por nada.

Por muy tentadora que fuera Riley.