Besos Prohibidos (Los Hermanos Sterling 2) Capítulo Cinco #2
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Capítulo Cinco #2

Mientras cenábamos, Jeremy me iba preguntando los nombres de sus coches. Me las apañé para que los dijera en voz alta antes de tener que adivinarlos, aunque no estaba segura de cuánto tiempo tardaría en darse cuenta de mi táctica.

—Campeón, ¿por qué no vas a ponerte el pijama y lavarte los dientes? —interrumpió Duncan cuando Jeremy terminó de comer.

Puso morros y se me partió el corazón. No puede ser más mono.

—Venga, son las siete. Es hora de prepararnos para ir a la cama.

—Vale.

—Despídete de Riley.

¿Cuánto tiempo tarda en lavarse los dientes?

Jeremy se volvió hacia mí:

—Adiós, Riley. Me lo he pasado muy bien contigo. Gracias por querer ser mi niñera.

Y para mi sorpresa, me dio un abrazo que le devolví con cariño, disfrutando de la sensación de su pequeño cuerpo entre mis brazos.

En cuanto se marchó, me volví hacia Duncan:

—¿Cuánto tarda en lavarse los dientes?

—Muchísimo tiempo. Primero mira sus coches, luego elige un cepillo de entre los cinco que representan a sus personajes favoritos de Marvel.

Es toda una rutina, pero es la única forma en que he conseguido que acepte lavarse los dientes sin rechistar.

Y si funciona, bienvenido sea. Me gusta que empiece pronto con los preparativos para ir a dormir, así tiene tiempo para relajarse.

—También me contó que solo le permites los videojuegos los sábados por la mañana y, a veces, los domingos.

—Sí, cometí el error de dejarle jugar por las tardes unas cuantas veces y luego por la noche estaba tan asustado que se pasó a mi cama. No he visto monstruos ni nada por el estilo en sus juegos, pero está claro que le altera el sueño.

Ay, se me va a salir el corazón.

Me encantó que se preocupara por su bienestar y que reconfortara a su hijo si tenía miedo.

—Eres un padre maravilloso —dije.

—Intento hacerlo lo mejor que puedo —respondió encogiéndose de hombros.

—Jeremy es un niño estupendo. He disfrutado muchísimo hoy con él.

—Me alegro de que lo digas y que no lo veas solo como una fuente de ingresos. —Sonrió, y volví a ponerme nerviosa.

—Ya que estamos, te cuento que me gustan tanto los niños que durante años me planteé seriamente ser maestra. Tengo como una lucha interna: una parte de mí quiere ser abogada y ganar dinero, y otra que simplemente quiere tener tiempo para disfrutar de la vida y de las pequeñas cosas.

* * *

DUNCAN

Hacía tiempo que no conocía a una persona tan auténtica como Riley. Era un soplo de aire fresco en mi vida.

—No mucha gente estaría dispuesta a admitir algo así —dije.

—Para mí no es ningún problema —respondió encogiéndose de hombros, como si no le preocupara en absoluto—. Soy una persona transparente y creo que tener que decidir algo tan importante con apenas dieciocho años es demasiado. Todavía no sé muy bien lo que quiero.

Cuanto más hablaba, más palpable se hacía la diferencia de edad entre nosotros.

Solo eran nueve años, pero Riley parecía de veinte, estaba buscando su camino en la vida, y yo ya había sentado cabeza y echado raíces profundas.

No solía dejarme llevar por los impulsos y planificaba hasta el más mínimo detalle.

En parte, porque cuando Jeremy era un bebé, seguíamos una rutina estricta, pero tenía que reconocer que a mí también me hacía bien.

—Me ha gustado mucho la cena —dijo ella al cabo de unos instantes.

—Normal, has cocinado tú.

—Me refería a que me ha gustado compartir la mesa con vosotros —explicó con una sonrisa.

Me incliné sobre la mesa y le dije:

—Voy a contarte un secreto: a mí también. Y mucho.

Riley tragó saliva con dificultad, y se mordió el labio inferior. No podía disimular la atracción pero tenía que controlarme. Nunca le había presentado una mujer a Jeremy, y de momento, no entraba en mis planes. Y mucho menos tratándose de su niñera. Eso solo lo confundiría.

—¿Mañana lo recojo del colegio? —preguntó.

—Sí. Ya he dejado firmada la autorización, así que no debería haber ningún problema, pero si por lo que sea te ponen alguna pega, diles que me llamen. Te enviaré por correo electrónico todos los detalles para que sepas exactamente dónde ir.

—Perfecto —asintió.

Saqué las llaves del coche del bolsillo:

—El coche de la empresa está en la plaza diecisiete del aparcamiento.

—Estupendo. Mañana saldré a dar una vuelta para familiarizarme antes de ir a recoger a Jeremy.

—Tranquila, y puedes usarlo también para tus cosas personales.

—Gracias, pero no hace falta —negó con la cabeza—. Me las apaño muy bien sin coche.

—¿Segura?

—Segurísima.

—Entonces te acompaño a la puerta —dije.

—Me gustaría recoger la cocina.

—De ninguna manera. Ya has hecho más de lo que te correspondía, cocinando y haciendo la compra. Por cierto, te daré una tarjeta de crédito para que la uses cuando estés con Jeremy. ¿Por qué habéis ido a Albertsons ?

Se mordió el labio inferior y dijo:

—El supermercado de la urbanización es carísimo.

Ni siquiera se me había pasado por la cabeza.

—¿Cuánto te debo?

—De verdad, no hace falta que me devuelvas nada, pero por si acaso, dejé los recibos en la encimera, junto a los botes.

Ni de coña iba a permitir que ella asumiera esos gastos. Se lo añadiría a su próximo sueldo con un extra por las molestias.

—Vale, y no dudes en comprar en el super de la urbanización la próxima vez. Cárgalo todo a la tarjeta de crédito. —No quería que se fuera. ¿Qué locura era esa? Se trataba de la niñera de mi hijo, por favor—. Y gracias por preparar nuestros tacos favoritos.

—De nada, a Jeremy se le da muy bien y me ha encantado cocinar juntos. Me contó que soléis preparar la cena juntos, debes de haberle enseñado muy bien, porque sin duda sabe lo que hace.

Cada vez que hablaba de él, una inexplicable calidez me invadía el pecho. La señora Williams, aunque muy competente, se refería a mi hijo casi como si fuera su subordinado. La forma en que Riley lo trataba, y el hecho de que destacara sus talentos y virtudes, era algo nuevo y desconocido para mí.

Abrí la puerta y pulsé el botón del ascensor. Ella se echó a un lado cuando se abrieron las puertas y, sin querer, le rocé la espalda con los nudillos, y ambos contuvimos el aliento. Maldita sea, tenía que controlarme.

Me dije a mí mismo que era nuestro primer día juntos, y que pronto todo cambiaría y volvería a la normalidad.

—Buenas noches, Duncan, y dale un abrazo a Jeremy de mi parte —dijo antes de entrar en el ascensor.

Asentí mientras se cerraban las puertas e intenté apartar a Riley de mi mente… sin éxito.

Sí, puede que todo cambie… pero no para mejor.