Besos Prohibidos (Los Hermanos Sterling 2) Capítulo Dos
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Capítulo Dos

RILEY

Me encantaba vivir en Chula Vista. Mejor dicho, me encantaba vivir en San Diego.

El clima era espectacular, y la comida increíble.

Adoraba el verano eterno y pasar el rato con mis mejores amigas: Julia y Christine.

Tuve la suerte de poder compartir piso con ambas durante nuestro último año de carrera.

Estudiamos Derecho. Julia había heredado la casa de su abuela y nos alquilaba dos habitaciones.

—La cena está lista, amiga —anunció Julia, asomando la cabeza por la puerta de mi dormitorio—. ¿Te apuntas?

Suspiré.

—Sí. Enseguida voy.

—¿Qué pasa? ¿Seguimos sin novedades en el frente? —preguntó con una mueca.

Era una frase recurrente entre nosotras. Las tres habíamos enviado un sinfín de solicitudes para empezar a trabajar como abogadas junior en varios bufetes de San Diego, pero el sector era muy competitivo.

—Bueno… en realidad tengo buenas noticias. Jackman afortunadamente, encontré muchas ofertas para limpiar casas y cuidar mascotas. Estaba a punto de cerrar el navegador cuando un anuncio de niñera me llamó la atención.

Sonreí mientras lo leía. Adoraba a los niños.

De pequeña, quería ser maestra en una guardería, pero mi madre siempre intentaba, con delicadeza, orientarme hacia carreras con mejor salario.

Una cosa llevó a la otra y acabé en la facultad de Derecho, pero mi pasión eran los niños pequeños.

Mi hermana había nacido cuando yo tenía seis años y me encantó verla crecer y ayudar con la crianza.

Leí el anuncio con atención. El trabajo era por tres meses, de lunes a viernes de dos a seis de la tarde. La casa estaba en Camel Valley y el niño tenía diez años. Sonaba muy tentador.

Continué leyendo para ver cuánto pagaban, y casi se me cae la mandíbula: era una cantidad muy generosa por una jornada de cuatro horas. Sin duda, más de lo que ganaba en The Shack , incluyendo las propinas.

Mejor no me hago ilusiones… no tengo experiencia como niñera.

Pero eso no me impidió enviar mi solicitud. “El que no arriesga, no gana” era uno de mis lemas de vida.

Justo después de enviarla, me percaté de que el empleador había añadido un cuestionario.

Era la primera vez que veía algo así en Craigslist ; lo normal era responder las preguntas de la propia plataforma.

Descargué el documento y me quedé de piedra; el cuestionario tenía sesenta preguntas, aunque algunas eran de esperar, como por ejemplo, si era fumadora o tenía experiencia con niños.

¿Qué más da? Las preguntas que había tenido que responder al solicitar puestos en el bufete habían sido mucho peores. Podría quitarme de encima el cuestionario en un santiamén.

A medida que avanzaba en la lista, me fui entusiasmando cada vez más con la oportunidad.

También avisaba que podría ser necesario pasar la noche allí, pero que se avisaría con suficiente antelación.

La idea de estar en una urbanización de lujo en Camel Valley me parecía una pasada.

Al menos, iba a ser más tranquilo que vivir con Julia y Christine.

Las adoraba, pero les gustaba muchísimo salir de fiesta.

Y aunque yo no saliera, cuando ellas volvían a casa, muy tarde y muy borrachas, la liaban parda.

Me serví una copa de vino blanco antes de terminar el cuestionario. Tenía un buen presentimiento sobre ese trabajo.

1   Nota de la Traductora: Craigslist es una plataforma online de anuncios clasificados muy popular en Estados Unidos.