Besos con sabor a melocotón (Besos con sabor 2) Capítulo 43
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Capítulo 43

JAN

La miro en silencio. Hace apenas unas horas que hemos llegado los cuatro a Mas Traginer. Esta noche se quedan en casa y eso me hace tan feliz.

María sigue viviendo con su tía Angelines, en esa habitación que he pisado un par de veces solo para recogerla o dejarle a Biel. No es un lugar donde tengamos cabida los dos.

Aún no hemos decidido nada sobre nosotros. Nuestra reconciliación es demasiado reciente y estamos dando los primeros pasos tras una ruptura que casi acaba con nosotros.

Pero sé —si soy prudente— que pronto los tendré conmigo y, si ella lo desea, bajo mi techo.

Espero que su decisión sea la acertada, la que yo anhelo. Aunque, egoístamente, también necesito que no tarde demasiado en tomarla.

AgroTech desapareció de nuestras vidas tras la drástica decisión del señor Casas. He hablado en varias ocasiones con él; sin saber por qué, he forjado una relación inusual con esa persona que no tiene nada que ver conmigo .

En una de las últimas llamadas me informó que Marçal contactó con él para ocupar su puesto en la central de Madrid, un puesto que le habían prometido.

El señor Casas le aseguró que, conociendo los tejemanejes del señor Marín, él podía dar por entendido que eso no iba a ocurrir.

Que él mismo sabía que incurrir en una mala praxis e insistir en una promesa falsa era algo que no acababa de entender.

Además, ya no ocupa la alcaldía. Las tensiones por su gestión del caso AgroTech y el desgaste político le pasaron factura. Su destitución por una moción del pleno aprobada casi por unanimidad fue el final de su historia. Él mismo se lo buscó.

En el comedor, Biel está tumbado en el sofá, bosteza y se acurruca contra su madre. Mi hija, al otro lado y ya medio dormida, apenas reacciona ante las caricias de María en su cabello.

Ella está sentada frente a mí, con una taza humeante en la mesita de centro.

—¿Los llevo a dormir? —le pregunto.

—No te preocupes, estoy cómoda. Me hace feliz tenerlos así, conmigo.

Le sonrió. Es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. Es verdad que la evité durante una temporada y eso solo me hizo echarla tanto de menos que ahora la necesito cerca para no sentir que mi corazón se descontrola.

La contemplo con detalle y ella no retira la mirada. Me fijo en su cabello liso, recogido en un moño, en sus labios un poco sonrosados, húmedos por la lengua que los acaricia sin darse cuenta mientras me contempla. Me deleito.

Pero debo sosegarme. Antes, tenemos que hablar de otro tema.

—Tengo novedades sobre el anexo. ¿Hablamos ahora o cuando los peques nos dejen tranquilos?

—Estos dos no molestan. Están bien dormidos. Cuenta.

Le explico lo que he averiguado. Sé que lo desea. Hasta está ansiosa y lo noto en sus gestos: ha dejado de acariciar a los peques, ha cogido la taza entre sus manos y se ha incorporado para escucharme.

Es ella la que me empuja a lograr este sueño. Inicialmente no era suyo, pero lo está convirtiendo en algo personal, en algo entre nosotros dos, y eso me alegra más de lo que puedo admitir.

—Volví a contactar con Artur. Los planos están perfectos, no hay que retocar nada —le explico.

—Yo también fui a verlo el otro día.

Frunzo el ceño. ¿Cuándo?

—Le he dado una pinceladas nuevas y más modernas a la estructuración inicial. Nos lo presentará la próxima semana.

No entiendo que sucede. Artur no me ha dicho nada.

—A mí lo único que me preocupa son los números. Todo se ha revalorizado y habrá que pagar más por lo mismo, pero es que han pasado más de cuatro años.

—Eso casi lo intuías, ¿no? Tocará arremangarse y ser ingeniosos.

Asiento.

—Quiero que vengas conmigo a elegir azulejos, acabados, buscar algunos muebles y demás cosas de decoración —le propongo.

—¿Tú y yo?

—¿No lo ves bien? Pensaba que te apuntarías.

—Sí, claro, lo que pasa es que ya he quedado con Ángela y mi hermana, que viene la semana próxima y …

Su sonrisa me confirma que está encantada. ¿Cuándo me ha cambiado todos los planes?

—Espero que contéis conmigo. Yo también tengo ideas para las diferentes estancias.

—Por supuesto, Jan. Vendrás con nosotras y escucharemos lo que tienes que decir. Auqneu ya veremos si nos convences o puedes escoger alguna pieza. —Y su sonrisa me desarma.

De repente se hace un silencio y María me lanza una pregunta que no esperaba. O tal vez sí.

—¿Por qué decidiste seguir con este sueño que no tenías claro hace par de años? ¿Es por ella?

Sus palabras me desarman. Me alegra que tenga el valor de decirlo en voz alta, porque yo también necesito pronunciar lo que llevo guardado tanto tiempo.

—¿Por quién? —pregunto—. ¿Por Joana?

Se hace un breve silencio. Afirma con un leve movimiento de su cabeza y ese simple gesto basta para impulsarme a hablar con honestidad.

—No hay una respuesta clara. Primero por ti, sin tu energía y empuje no lo hubiera iniciado.

Por mí, porque lo necesito y creo que puede ser de una gran ayuda para el mas y para Serratona.

Y, sí, por ella también. Porque lo soñamos juntos, porque lo empezamos a construir y visualizar.

Y porque una parte de mí siempre llevará su recuerdo con cariño y respeto.

Hago otra pausa. Biel y mi hija duermen en el sofá, con sus manitas apoyadas sobre las piernas de María. Como si ya formaran parte de algo más grande.

—Pero sobre todo por nosotros. Porque ahora quiero levantar este proyecto, sin que arrastre ese pasado que a veces aún me atosiga. Tengo que mirar al futuro y quiero hacerlo contigo .

Sus ojos se humedecen, pero no baja la mirada. Y entonces lo digo, con la voz baja, casi en un susurro:

—Quizá nunca sepamos cómo será la historia completa ni qué giros nos esperan. Lo que sí sé es que quiero escribirla contigo. Línea a línea. Día a día. Lo que venga, quiero que sea a tu lado.

Ella no responde con palabras. Su mano busca la mía por encima de la mesa y la aprieta con fuerza. Y yo, por fin, dejo de contener el pecho.

Porque, después de tanto caos, de tanto miedo, de tantas dudas y silencios, he encontrado el prólogo de la que podría ser mi historia favorita.

La nuestra.