Epílogo
JAN
La finca luce más viva que nunca.
Los campos, teñidos de rosa pálido y blanco, florecen como cada primavera, pero esta vez es distinto. Como si el aire se respirara más tranquilo, más calmado, como si la tierra entendiera que es el momento de empezar de nuevo.
La casa rural por fin está restaurada. Hemos tenido mucho ajetreo estas últimas semanas para dejarla a punto.
Hoy, viernes por la mañana, entre música, brindis, risas y conversaciones cómplices, la inauguramos.
Cada detalle habla del cariño que hemos puesto en él, del trabajo realizado conjuntamente, de esos planos que un día fueron sueños y que ahora se van a convertir en un refugio para los viajeros que decidan acompañarnos.
Porque aquí vamos a estar. Nadie que se instale en El Refugi de Primavera se va a encontrar a solas. María les va a dar el toque de calidez que necesitan.
¿Y yo? Yo estaré para ellos
Los primeros huéspedes entrarán al día siguiente, hacia las doce han dicho, por lo que se nos acumula el trabajo.
Hoy toca celebrar. La inauguramos con unas puertas abiertas para que los vecinos que quieran ver lo que con tanto mimo hemos trabajado estos meses puedan hacerlo. Y sobre todo para que cotilleen antes o después de cruzar nuestras puertas.
—¡Qué maravilla! —exclama Dolors—. Ha quedado precioso.
El comedor está a reventar. Tenemos a mucha gente cuchicheando por cada rincón, de cada detalle, y mencionando cada una de las piezas que hemos colocado para que este sueño se hiciera realidad.
—Sí. La web está activa, y a través de Booking también se pueden hacer reservas —le cuenta María a Salva, que acaba de entrar y quiere enterarse de lo que se ha perdido. Ya está trabajando a jornada completa y tiene menos tiempo que antes.
—Y nosotros, ¿pagamos lo mismo que los que son de fuera? —Es la pregunta de Pere, que quiere que le deje algún día gratuito.
¿Qué se le ha perdido a Pere en nuestra casa rural?
—Claro. Los precios están publicados y no tendremos favoritismo con nadie —le dice María, acercándose a él y dándole el achuchón de vecina molona, que es seguro lo que quiere.
Los observo desde unos pasos atrás, con las manos en los bolsillos. Una paz serena me rodea y verlos felices, a ellos, a mi pueblo, me hace mejor y me maravilla.
María se vuelve hacia mí, fascinada, con una de esas sonrisas que ya no necesitan palabras. Nos entendemos sin hablar.
Mi familia también ha venido a celebrar este momento. Mis padres querían reencontrarse con sus consuegros. El primer encuentro entre ellos fue tenso, pero ya se han convertido en un grupo que a veces es difícil de separar.
Por parte de María también tenemos a su núcleo duro. Sam y Lía llevan unos días con nosotros, instalados en casa de Angelines y desplazándose a Mas Traginer para acabar los últimos retoques de lo que ahora tenemos. Nos han ayudado un montón.
Alice también se ha presentado. Dice que estaba invitada y aunque el ceño fruncido de María no me lo ha confirmado, no he sabido leer entre líneas si era broma o verdad. Ángela no se ha separado de su lado.
A los niños los han recogido del colegio los abuelos. Acaban de llegar como dos terremotos que ya recorren cada una de las habitaciones.
Y, además, la gente del pueblo está aquí.
Todo el que importa lo tenemos a nuestro lado.
Y nosotros estamos justo donde queremos estar.
Me acerco por detrás y le rodeo la cintura. Le dejo un suave beso en el cuello y oigo de fondo las risas de Biel y Jade. El murmullo de la gente de Serratona nos rodea y la felicidad que me colma.
Somos nosotros. Un sueño buscado y una realidad al final lograda.
El Refugi de Primavera es nuestro hogar, como lo es el mas y como lo es y será siempre Serratona.
¡Gracias por leerme!