Besos con sabor a melocotón (Besos con sabor 2) Capítulo 39
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Capítulo 39

JAN

He tenido que hacer verdaderos malabarismos para llegar esta tarde a buscar a Jade.

Al mediodía Ángela me ha enviado un mensaje: no podía recogerla, me tocaba a mí.

Así, sin más. De repente, ese pequeño cambio en los planes se ha convertido en un quebradero de cabeza que he sido capaz de sortear con no muy buenos resultados.

A las cinco menos cinco, ya en la puerta del colegio, evitando toparme con María, he recibido otro mensaje de Ángela: «Me he olvidado decirte que esta es la tarde de chicas planeada con tu hija.

Tienes que traerla a las seis y media a mi casa.

Así podrás disfrutar tú solito de lo que queda del día».

Lo leo dos veces. Incluso tres. No estoy seguro de haberlo entendido bien.

No me da tiempo ni a responder cuando Jade sale corriendo, como siempre, y me sonríe.

—¡Papi! ¿Te ha recordado Ángela que hoy es la tarde de chicas?

—¿La tarde de qué? —pregunto fingiendo sorpresa mientras le doy la mano y nos dirigimos al jeep.

—¡Papi! —me dice enfadada. Que haya dudado de una actividad que desea no le ha gustado—. Tenemos el tempo fusto de merendar con Aurora y luego a casa de Ángela.

—Pero…

—Papi, no hay peros, como tu sempre dices —me corta—. Tenemos que llegar a las seis y media, no antes. Tú sabes mirar la hora bien, ¿verdad?

En casa, mientras me tomo un ColaCao caliente y una rebanada de pan recién tostada con mermelada de melocotón y uva, la que tanto adora mi hija, no puedo evitar pensar en lo extraño de la situación.

Ángela me encarga que recoja a Jade, cuando normalmente siempre está dispuesta a hacerlo ella, y ahora me dice que se la lleve de vuelta a su casa, con lo que supone para mí regresar a Serratona desde el mas .

Esta juventud no hay quien la entienda. Y mi estómago no parece preocuparse: el pan con mermelada está de vicio.

Jade me sonríe de forma traviesa y le da un sorbo a su bebida antes de acabarse su rebanada.

— Arora , está buenísimo. Siéntate con nosotos y te pones un poco. ¿Te la peparo yo? —le dice con una voz impostada con la que quiere parecer mayor.

—Yo tengo que acabar de recoger e irme a mi casa —le responde ella con rapidez mientras deja listos sus quehaceres.

—¿La llevas a casa de Ángela? —le consulto—. Así acabo yo unas cosas pendientes que han quedado en las tierras —le propongo a Aurora, pues así me evito otro trayecto de ida y vuelta.

Pero antes de que Aurora pueda abrir la boca, Jade pega un brinco de la silla y casi se atraganta con el último bocado .

—Ni pablar —exclama Jade—. Te toca llevarme a ti. Es tade de chicas y quiero que me lleves tú.

Aurora suelta una carcajada y se encoge de hombros.

—Pues nada, Jan, lo siento. No te libras.

Parece que no. Le doy otro bocado y acabo mi merienda, que me ha sentado de fábula, aunque tendré que madrugar mañana un poco más para terminar las tareas que no podré hacer hoy.

Nos ponemos en marcha tras meter cuatro cosas en la mochila, aquello que mi hija me ha dicho que necesitaba para esa tarde de chicas, una actividad que apenas se la he oído decir antes y en las pocas horas que llevamos juntos la habrá repetido hasta la saciedad. Todo es por la « tade de chicas ».

Tendré que hablar con Ángela, pues cuando le mete algo en la cabeza a mi hija no hay forma de sacárselo.

Jade salta del coche nada más llegar. Me parece sorprendente lo feliz que está de no pasar este rato conmigo. Se lo hago saber y me habla como una adulta en respuesta.

—Papi, no. Yo te quiedo mucho y sabes que me entanta estar contigo, pero de vez en cuando es necesario tener un pacio para las chicas solas.

Menuda lengua.

La abrazo, toco el timbre y espero a que Ángela nos abra. Miro el reloj. Son las seis y media en punto. No podrá quejarse.