Capítulo 37
JAN
Llevo varios días intranquilos. Ni me reconozco.
Vuelvo a estar en el bar. Me he cruzado con María y es insoportable para mi corazón.
Cada vez que nuestras miradas se encuentran, se me cierra el estómago, me tiemblan las manos y apenas soy capaz de terminar la bebida que he solicitado.
No me comprendo. Sé que debería mantenerla lejos, sacarla de mi radar y, aun así, he vuelto a caer en la rutina de venir casi cada día al bar solo para verla, para sentir eso que no quiero sentir.
Y, por si fuera poco, otros pensamientos no dejan de rondar por mi mente.
Roger trabaja para mí. He recibido varias llamadas de los mossos , a quienes conté mis impresiones, lo que percibí aquel día que hablé con mi empleado.
La investigación sigue en curso y no tengo claro si llegarán a esclarecer algo.
Lo único que sé con certeza es que ya no puedo ver a Roger como antes.
Era alguien en quien confiaba, al que consideraba un amigo.
Ahora su mirada me incomoda: es desafiante, como si me retara a descubrir la verdad, a arrancarle la máscara.
Y su sonrisa, escasa y forzada, no hace más que alimentar mi desconfianza. Cada vez me cuesta más tenerlo cerca.
Y, por supuesto, mi mente está puesta en la reunión que me espera. Contacté con el señor Casas. Hemos quedado a la una en mi finca. No sé con claridad de qué vamos a hablar. Al parecer, él también tenía intención de ponerse en contacto conmigo y eso sí que no me lo esperaba.
Levanto la vista. Ella está ahí, tan guapa como siempre. ¿Por qué la aparté de mi vida? Jade pregunta por ella a menudo. Aunque se ven más que nosotros, quiere que venga a casa a merendar, a tomar pizza , a ver de nuevo Brave con Biel como le prometió.
No sé qué decirle a mi hija. No quiero romperle el corazón.
Pero creo que estar con María no va a ser posible. Aún no confío en ella.
Finalmente, me pongo en pie y regreso al mas . Me centro en algunas tareas pendientes hasta que, puntual, el señor Casas cruza el acceso a mi finca.
Nos saludamos y nos dirigimos al despacho. Allí espero que podamos conversar con tranquilidad. Hoy estoy solo y no preveo que nadie nos interrumpa.
—Gracias por recibirme, señor Masferrer —empieza el señor Casas mientras se sienta en la butaca frente a mí.
—Yo también quería hablar con usted. Me han facilitado cierta información que me ha dejado descolocado y he creído que lo mejor era acudir a la fuente.
—Yo también dispongo de datos que tal vez no sean de su agrado. Solo espero que la resolución sí lo sea. ¿Le parece que empiece yo? Y, en cualquier momento, siéntase libre de interrumpirme y aportar lo que considere o preguntar si no entiende algún tema .
Asiento, aunque algo en mí no puede evitar sentirse intranquilo. Pensaba que estaba en mi terreno, ahora no tengo tan claro que sea así.
—El otro día acudieron los mossos a mi oficina.
Querían contrastar una nueva información obtenida sobre el vertido en su finca.
La vez anterior hablaron con mi mano derecha, alguien en quien yo confiaba y a quien le había dado poderes para actuar en mi nombre.
Algunos tratos los llevé en persona, como el suyo, pero otros fueron gestionados por el señor Marín.
En esta ocasión, sin embargo, los mossos insistieron en que querían hablar directamente conmigo. Me sorprendió, pero acepté.
Hace una pausa, como si estuviera buscando las palabras adecuadas. Respira hondo y luego coloca los antebrazos sobre la mesa, entrelaza los dedos frente a su rostro y me mira.
—Me han abierto los ojos a algo que desconocía por completo —prosigue el señor Casas—.
He quedado sorprendido y decepcionado. Parece ser que el señor Marín ha estado representando un papel a mis espaldas.
Era una persona de total confianza, a la que le di plena libertad para hacer a su antojo.
Y ha actuado a su libre albedrío, sin tener en cuenta los principios de la empresa ni el enfoque que yo quería para este proyecto.
—No entiendo qué es lo que me quiere contar —comento, porque cada palabra que menciona hace más complicado clarificar su discurso.
—Ha incurrido en una mala praxis muy grave.
Ha ofrecido importes irrisorios por las tierras, cuando yo dejé claro que no íbamos a permitir eso.
Además —baja un poco la voz, como si le costara verbalizarlo—, parece que ha pagado a terceros para que provocasen vertidos ilegales en algunas fincas con el fin de desvalorizarlas, y creo que la suya ha sido una de las peor paradas.
»Lamento lo ocurrido. Le aseguro que yo no tenía conocimiento de nada de esto.
Como recordará, nunca modifiqué la oferta que le hicimos y el día que me preguntó por qué se rebajaban las propuestas a otros agricultores, le respondí que esa no era nuestra política.
No fui lo bastante diligente para verificar y cerciorarme de cómo estaba actuando el señor Marín.
»Sigo sin comprender cómo han hecho esto a mis espaldas.
Soy el director general y, al ser consciente de la gravedad de la situación, he tenido que llevarlo ante el Consejo de Administración esta mañana.
Tras exponer lo que sabía y mis decisiones, el Consejo ha decidido respaldarme en mi propuesta.
El señor Marín ha sido despedido de forma inmediata, así como otros directivos que estaban involucrados.
A fin de cuentas, ocultaban una situación que no solo era ilegal, sino que ponía en riesgo la reputación de AgroTech.
»Como sabe, nuestra empresa ha construido su imagen sobre el respeto al medioambiente. Llevamos años presumiendo de sostenibilidad en nuestra comunicación y en nuestras campañas. Este escándalo lo pone en entredicho. A ojos del público, la contradicción es insostenible.
»Por ello, respecto al proyecto, hemos tomado la decisión de retirarnos.
Estas últimas palabras me dejan noqueado.
—¿Qué quiere decir con eso? —pregunto, incapaz de asimilar lo que ha dicho.
—Exactamente lo que ha entendido. AgroTech desaparece de Serratona.
No vamos a construir la nave aquí y, por lo tanto, no necesitamos sus tierras ni las de sus vecinos.
Como director general tengo autoridad para modificar la estrategia de la empresa, y me he asegurado de que el Consejo esté de acuerdo.
Buscaremos un emplazamiento más adecuado, que no afecte tanto al medio ambiente y que sea más rentable.
Aquí estábamos gastando muchas energías todos.
»La manifestación, sin duda, añadió presión al proyecto y nos hizo trabajar mucho más de lo previsto, sobre todo con los abogados y la prensa, que tuvimos que atender durante varios días.
Pero lo que en realidad nos ha llevado a nuestra retirada es lo que le acabo de comentar.
No podía permitir que este tipo de gestión continuara.
»Así que damos un paso atrás. Lo que quiero dejar claro es que, aunque nos retiremos del proyecto, eso no tiene nada que ver con su actuación. Lo ha hecho bien. Es un tipo competente, que sabe lo que quiere y tiene las ideas claras. Continúe así, Jan.
Dice mi nombre y no lo corrijo. En esta breve conversación creo que hemos llegado a un entendimiento que ninguno de los dos creía posible.
Nos levantamos a la vez y nos damos la mano. El señor Casas se marcha con paso lento. No lo acompaño a la salida. Me he quedado inmóvil ante su resolución.
Pero no tardo en reaccionar. Casi de forma instintiva, cojo el teléfono y llamo a los mossos . Necesito confirmar lo que él ha dejado entrever.
La voz al otro lado de la línea no tarda en responder. Me dicen que han detenido a Roger. Y que, finalmente, ha confesado.
Cuelgo despacio. Afuera, el día sigue su curso y siento que algo dentro de mí ha vuelto a su lugar.
Roger no va a volver a pisar esta finca.