Capítulo 36
JAN
Un coche de los Mossos d’Esquadra se aproxima por el camino de entrada a Mas Traginer. Cada vez que los veo se me encoge un poco el estómago. ¿Tendrán noticias? ¿Estaré implicado en algo que desconozco?
Los acompaño al despacho y cierro la puerta con cuidado. Hoy Jade no se encuentra muy bien y no ha ido al colegio. Corretea por casa y Ángela acaba de llegar para quedarse con ella. No quiero que ninguna de las dos escuche lo que pueda decirse.
—Hemos interrogado a varias personas en el marco de la investigación —empieza uno de los agentes con voz prudente—. Las pesquisas iniciadas a raíz de lo que contó María nos han conducido por caminos que no esperábamos. Se han abierto nuevas líneas.
—¿Eso es una buena noticia? ¿O tengo que preocuparme?
No sé si sus palabras son beneficiosas para mí.
—Lo más revelador fue la declaración de Jaume Rius —añade el otro—. Se presentó de forma voluntaria en la comisaría. La rabia, quizás la culpa… lo estaban devorando. Tenía información qu e no podía callar. Su testimonio ha involucrado a varias personas.
—¿Jaume? ¿Está implicado? —Me cuesta asimilarlo.
—De forma indirecta, sí. No participó en el delito, pero sabía lo que se estaba tramando y, en ciertas ocasiones, colaboró. No es inocente, aunque su papel ha sido más el de un cómplice pasivo. Por lo que nos ha contado, actuó por miedo y después por desesperación.
—Necesito que sean más claros. No comprendo la situación. —Me falta información o la que tengo aún no es suficiente.
—La investigación permanece abierta, y el testimonio del señor Rius es muy valioso, aun así, no todas las personas implicadas lo corroboran. Algunas niegan sus palabras. Pese a la confesión, las pruebas que tenemos aún no son concluyentes.
—Jaume Rius acompañó al señor Soler a Más Traginer el día del vertido —interviene de nuevo el primer agente—.
Según su declaración, no sabía con exactitud lo que este iba a hacer allí.
Simplemente lo dejó cerca de la linde del camino que da a su propiedad y regresó al bar, donde tenía la orden de jugar su partida habitual de dominó como si nada ocurriera.
También debía enviar un mensaje a un número desconocido, confirmando que el plan estaba en marcha y sin contratiempos.
»El señor Rius no es ningún ingenuo y, después de lo ocurrido en Más Traginer y ver lo que pasó en tus tierras, fue a buscarlo. Le exigió respuestas. Y, según nos dijo, Roger Soler no negó su implicación. Sin embargo, en comisaría sí lo hace y eso no nos ayuda.
»Días más tarde, Soler volvió a presionarlo.
Le prometió que ganarían mucho dinero si seguían adelante con lo que les habían pedido.
Parece que han ocultado botellas con líquido contaminante en varias propiedades de la zona.
No sabemos cuántas ni dónde están. Con la lluvia, o simplemente con el paso del tiempo, ese vertido irá inutilizando las fincas afectadas.
»Jaume Rius está muy nervioso por las consecuencias de sus actos. En cambio, el señor Soler niega su participación, igual que el resto de personas a las que hemos interrogado.
——¿Entonces Jaume ha confesado y Roger no? —pregunto, conteniendo el aliento—. ¿Creéis que Roger es culpable?
——Todo apunta a que sí. Aún estamos reuniendo pruebas y necesitamos más información.
—¿Qué esperan de mí? —pregunto en shock .
—Extraoficialmente —dice el segundo agente, bajando la voz—, nos gustaría que hablase con él. Tal vez usted consiga que le diga algo que lo inculpe. Sabemos que aún trabaja en su finca.
—Sigue, sí —mascullo, masticando la frustración—. No tenía ni idea. ¿Y me piden que tenga a alguien así aquí dentro?
—María Grau ya se lo había insinuado…
Miro hacia la puerta cerrada. Me llevo el puño a los labios y respiro hondo. Dejo pasar unos segundos.
—No la escuché. O quizá no quise hacerlo.
—Me froto las manos por la cabeza, frustrado—.
Está bien. Intentaré hablar con él, aunque no les prometo nada.
Tal vez acabe en un enfrentamiento y, si sucede, no será culpa mía.
¿Saben lo que supone esto? Roger nos ha ayudado con la limpieza, con los informes de la subvención…
Ha trabajado en la reconstrucción después del vertido… ¿Cómo encaja eso con lo que me cuentan?
—Por lo que el señor Rius nos ha explicado, Roger Soler actuaba bajo una promesa económica. Una suma importante de dinero procedente de AgroTech.
—¿AgroTech? —repito con amargura—. Otra vez esa empresa interponiéndose en mi camino.
—Sí, pero no creemos que la dirección general esté al tanto. Los indicios apuntan a una persona concreta, alguien que ha actuado por su cuenta.
—¿El señor Casas? ¿No es él el responsable?
—No —responde con firmeza el agente—. No es quien sospecha. Sabemos que ha tenido contacto con usted, aun así, creemos que no está involucrado en esta parte de la trama. Presumimos que hay otra persona moviendo los hilos desde dentro.
Frunzo el ceño. Sigo muy perdido en estos momentos. María me dijo… Parece que podía haber visto… Lo que me están contando los agentes es ajeno a la verdad que imaginaba. Es imposible ordenar las piezas que se agolpan en mi cabeza.
Cuando me dejan a solas, no acabo de creer en sus palabras, aunque cada vez me parecen más convincentes.
Tengo que hablar con Roger. Con Jaume. Incluso con el señor Casas. ¿Cómo que él no es el responsable? ¿Quién, si no? Es el único que se ha puesto en contacto conmigo. ¿Y con el resto? ¿También ha sido él?
Jade irrumpe de repente en el despacho. Tiene unas décimas y la voz afónica por el resfriado que acarrea. Aun así, entra con cierta espontaneidad que me saca una sonrisa.
—Papi, ¿has acabado? ¿Te apetece jugar un rato conmigo? —me pregunta mi hija apenas en un susurro.
No me encuentro bien, no estoy centrado.
—Me tengo que ir al camp gran . Ángela jugará contigo.
—Pero…
—Sin peros Jade. —Sé que no le gusta mi respuesta, aunque no lo diga. Me basta con ver su expresión .
Ángela entra despacio. Me mira con cautela, consciente de que no quiero que me molesten y, aunque es mi hija y está enferma, sabe que podría haber interrumpido algo importante. Antes de irse, se detiene en la puerta.
—¿Qué querían los mossos ? —pregunta, directa como siempre.
—Otro día. —Niego con la cabeza. No estoy para contarle nada en estos momentos—. Cuida de Jade y, si me necesita, ya sabes dónde encontrarme. —He sonado brusco en la respuesta y siento quitármela de en medio de esa manera.
Llego al trozo de cerca que queda por arreglar y me pongo de inmediato con ello. Martilleo cada uno de los clavos y coloco de forma perpendicular los listones. Necesito una actividad que me haga olvidar lo que acaba de pasar.
Dos horas después, sudoroso y reventado, regreso al almacén. Allí me topo con Roger. Su saludo me confunde.
—He revisado los canalones de agua del anexo a la finca. Están correctos y listos para que sigamos trabajando en ello. Podrías iniciar las modificaciones que dijiste y ahí tendrías otra ayuda económica, tenlo por seguro.
—¿Perdón? —No logro centrar mis pensamientos. ¿Le he encargado yo eso? ¿Qué hacía él en el anexo?
—¿De qué me estás hablando?
—Déjalo, veo que estás despistado.
Es ahora o nunca. Y de repente no tengo filtro. Solo se me ocurre lanzárselo así:
—¿Te han interrogado los Mossos d’Esquadra por tener algo que ver con el vertido en mis tierras?
No se esperaba semejante pregunta. Lo he pillado desprevenido. Aun así, se endereza con aire altivo y se coloca frente a mí .
—Yo no tengo nada que ver con eso. Jaume es un trola de cuidado.
—¿Por qué crees que te incriminaría de esa manera?
—Por pasta. —Esas dos palabras me duelen. Parece que él no piensa quedarse para ver qué más tengo que decir—. Me voy. Mi madre está enferma, cada vez necesita más cuidados y yo soy el único sin responsabilidades. Nos vemos mañana.
Da un par de pasos hacia el camino que lo aleja de la finca.
—¿Seguro que no tienes nada que ver? —insisto—. Me pediste un aumento de sueldo que te negué y desde entonces has cambiado.
Se gira y me clava la mirada.
—¿Qué quieres decir? Soy el mismo de siempre. Cierto, con la carrera de ingeniería aún por finalizar, y ese fue el motivo que alegaste para negarme ese dinero extra.
—Sabes bien los gastos que tenemos. La producción de mermeladas parece que funciona, lo que pasa es que aún no da los resultados previstos. Estamos en ello. Te prometí que revisaría números y volveríamos a hablar. La carrera la necesitas para ti, para que no te quite tiempo. Yo no te exigí nada.
—¿Y eso es una excusa para no cuidar a tus trabajadores?
—¿Y eso es una excusa para boicotear las tierras que te dan de comer?
Me sostiene la mirada unos segundos. Hay algo que oculta, lo sé. Aun así, no suelta prenda.
Se da la vuelta y se aleja. Me quedo con la incertidumbre.