Besos con sabor a melocotón (Besos con sabor 2) Capítulo 24
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Capítulo 24

JAN

En el mas hay excesivas tareas que gestionar.

El tiempo en invierno no es nuestro aliado y debo estar todo al día para que no nos entorpezca.

Además, la producción de conservas de mermelada de melocotón va viento en popa y la asistencia a la mayoría de ferias de los pueblos de los alrededores está siendo un éxito.

Por fin algo de luz en esta odisea. Últimamente es Arnau el que se encarga de ir.

La novia lo dejó hace unos meses y dice que así se entretiene.

Me quita parte de mis tareas y eso me ayuda para que pueda estar más con Jade.

Y también un poco más con María y ver a dónde nos lleva esto que está surgiendo entre nosotros.

Dejo a Roger reparando una de las vallas rotas del camp gran.

He estado con él desde primera hora y ahora quiero darle una sorpresa a María e ir a buscarla al salir del bar.

De un tiempo a esta parte solo se me ocurren estas cosas para estar con ella, porque por las tardes, con los niños, es más complicado y por el momento no queremos que se enteren.

Es mejor no entrometer a dos criaturas que no entienden de esto del amor .

La cara de asombro y de alegría de María al verme me satisface.

—He pensado en dar un paseo antes de recoger a los niños.

—¿Tú no tienes un montón de tareas que se te acumulan y que no puedes dejar para mañana?

—Sí, y una de ellas eres tú.

—Zalamero.

—¿Te puedo coger de la mano? —le consulto, con cautela. Hemos hablado un poco de esto que está surgiendo entre nosotros. Vamos a ir con tiento y cuidado.

—Nos verán tus vecinos y los cotilleos fluirán por la comarca —comenta María mientras se acerca a mí y me roza con el hombro.

—Si hablan de nosotros, me gusta. —No puedo decir otra cosa. Es verdad.

Y entonces es ella la que coge mi mano, se la acerca a los labios, la besa y se sonroja ante semejante atrevimiento. Parecemos dos colegiales.

Cuando Jade y Biel salen del colegio, nos dirigimos a Mas Traginer. Allí dejo a María preparando la merienda de los niños, tan cómoda como si estuviera en su hogar. Y me siento feliz.

En el camp gran no hay nadie. La valla no está reparada y Roger prometió acabar la faena. Cojo las herramientas y finalizo lo que debería haber hecho él. Luego tendré que reprenderle. Seguro que ha recibido algún mensaje o alguna tontería y ha pensado que vendría enseguida y se ha despistado.

Una hora más tarde, tras enviarle un mensaje a María para que cuide a los niños mientras acabo de retirar un par de postes viejos y clavo los nuevos en sustitución, aparece Roger.

—Lo siento —dice nada más llegar y verme allí—. Me ha llamado mi madre y ya sabes… He ido a ayudarla. Otra vez que no se encuentra bien y me necesitaba. Tranquilo, jefe. Ve con María y ya me encargo yo.

—Si nos ponemos los dos, esto está listo en media hora —le sugiero—. María está con los niños, por lo que no tengo nada de lo que preocuparme en casa.

—De verdad, Jan, puedo hacerlo solo —insiste.

—Si hubieras acabado cuando tocaba, ya estaría listo. —Estoy enfadado. Sé que su madre lo necesita, pero tiene otros hermanos que se podían haber ocupado y le pago por su trabajo. Abandonarlo sin decirme nada no es correcto.

—Lo sé. Mi madre…

Continúo clavando el tornillo al listón y lo dejo con la palabra en la boca. Me sabe mal, no esperaba hacer esta tarea esta tarde, tenía otros planes, y opino que lo más acertado es acabar con él la reparación de la valla. Estoy de mal humor y tengo que calmarme antes de regresar al mas .

A la mañana siguiente me paso por el bar para tener la oportunidad de verla.

Este fin de semana no estará en Serratona y la voy a echar de menos.

No hay muchos clientes al llegar y su sonrisa me encandila.

La veo desaparecer en la cocina a la vez que me topo con Jaume, que se ha levantado con prisas de la mesa de la esquina.

—Hola, ¿qué tal? ¿Cómo va todo? Me habían dicho que no venías por la partida —le consulto.

—¿Y tú? —La contrapregunta suena tirante, pero no le doy demasiada importancia.

—No acostumbro a jugar con vosotros. Hoy he decido venir a tomar un café y…

—Y a ver a tu nueva novia. —El resquemor en sus palabras no me gusta nada. No está sonriente; me está retando y nunca nos había pasado.

Su mirada es desafiante. Nos conocemos del pueblo y, aunque no seamos amigos íntimos, sí hemos conversado en más de una ocasión y, además, hemos realizado la misma carrera. Lo he ayudado en ocasiones y…

—Jan, tengo prisa, yo… —Gira la mirada hacia la ventana y un coche rojo, que no había visto hasta hoy, lo espera fuera con las luces de emergencia—. Me han venido a buscar, he de irme. Nos vemos otro día.

Y sale corriendo. ¡Qué extraño! Parece que Jaume me estuviera evitando.

¿Y ese coche? Es del mismo color que el que me crucé cuando el vertido, aunque no sé si es el modelo correcto.

¿Y Jaume en él? Estoy convencido que serán imaginaciones mías, sospechas a las que no debo atender, pues coches rojos hay más de los que creo.

¿De quién será? Le preguntaré cuando vuelva a verlo.