Besos con sabor a melocotón (Besos con sabor 2) Capítulo 4
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Capítulo 4

JAN

Jade sigue en cama. El fin de semana ha finalizado y no remonta. Estoy muy preocupado. La doctora ha pasado por casa y la ha vuelto a revisar. Me ha dado un par de días, si no, me tocará ir al hospital. Se ha ofrecido a acompañarme, pero tengo tanto lío en el mas que no sé si podré ir con ella.

Es la recta final de la cosecha y no puedo perder ni un día de trabajo.

Ángela me ha dicho que no me preocupe, que ella se encarga de Jade mientras esté enferma. Es una chica muy amable que se ocupa de mi hija cuando yo no puedo.

He vuelto a quedar con Marçal. La semana pasada no pudimos conversar. Se le había complicado una reunión del pleno y tuvo que reagendar. Para esas estaba yo: para que, con el poco tiempo del que dispongo, encima me lo haga perder con incompetencias suyas o movimientos absurdos.

Deseo que hoy no ocurra nada similar. Lucía, su secretaria, me hace pasar al despacho.

Marçal está revisando papeles, sentado frente a su escritorio y oculto tras sus gafas de pasta.

En cuanto se percata de mi presencia, se pone en pie para saludarme con un apretón de manos.

Nos sentamos en una mesa redonda en mitad de la sala y me ofrece una botella de agua.

—Gracias por venir, Jan. —Empieza la conversación con una amplia sonrisa en su rostro.

Amabilidad ante todo—. Sabes que valoro mucho tu opinión y por eso estás aquí.

Te considero un amigo y tus conocimientos como ingeniero agrónomo, junto a tu experiencia en la consultora de Barcelona, nos pueden ayudar.

—Lo de Barcelona hace mucho tiempo que ocurrió. Ahora me considero dueño de las tierras de mi mujer.

—Tu título universitario tiene el mismo tiempo y sí que es válido.

—Va, no demos rodeos. Estoy aquí para conversar contigo sobre un punto que no me agrada demasiado.

Fue Marçal quien convocó esta reunión, aunque la haya pospuesto en varias ocasiones.

Quiere hablar conmigo de AgroTech, una multinacional que se dedica a la modificación genética de cultivos y producción intensiva y que tiene una de sus filiales en un pueblo cercano.

Las noticias que corren es que quieren parte de nuestras tierras para ampliar las que ya tienen y construir una otra planta, además de usar el campo para nuevos sembrados.

Nada de lo que he oído encaja con mi forma de ser, con mi forma de llevar mis tierras y sé que tampoco con las de algunos de mis vecinos.

—Hablar de AgroTech no es malo —continúa con ese tono que usa cuando intenta convencer a alguien—. Ellos quieren algo y nosotros también podríamos conseguir lo que les pidamos. Vinieron el otro día con una propuesta interesante.

Lo miro con cautela. No me gustan sus palabras, pero permanezco atento a lo que me explica.

—Interesante, ¿para quién?

—La cooperativa de Serratona lleva años sobreviviendo con lo justo.

—Suspira y apoya los codos en la mesa—. Cada vez cuesta más encontrar compradores para nuestros productos y los precios de los intermediarios nos ahogan.

AgroTech tiene recursos para modernizar la producción, abrir mercados, garantizar precios justos…

—¿Y a cambio de qué? —Frunzo el ceño.

—De tierras.

—¿Nuestras tierras? ¿Las de tus vecinos?

Inspira hondo y mira hacia el exterior. La mañana es soleada, aunque anuncian lluvias y el cielo se ha cubierto con alguna nube. Marçal se muerde el labio inferior antes de continuar.

—No todas; una parte importante. Quieren consolidar terreno para optimizar cultivos y crear una planta de procesado aquí mismo, en Serratona. Eso significa empleo estable para muchos.

—¿Y estás de acuerdo? —Me incorporo en la silla, me acodo en la mesa y entrecruzo los dedos frente a mis labios.

Mueve ligeramente la cabeza. Él cree que es lo único bueno para el pueblo. Pero perdería su identidad.

—Yo no quiero vender —afirmo con un aire algo chulesco. Quiero que cambie de parecer y se acerque a las posturas de la mayoría de agricultores de la zona—. Y sé que muchos otros tampoco. ¿Qué pasa entonces con nosotros? ¿Y si AgroTech no consiguiera las tierras suficientes para su negocio?

—Nadie va a obligarte, Jan. Aun así, piénsalo. La cooperativa está en crisis y lo sabes. Llevamos años sufriendo. Si AgroTech compra la mayoría del terreno, la cooperativa perderá fuerza y los pequeños agricultores acabarán dependiendo de ellos.

—¿Cómo que no es malo? —suelto, incrédulo—. Pasaríamos de ser dueños de nuestras tierras a empleados de una multinacional que solo busca beneficios. Y perderíamos la cooperativa que llevamos años intentando que subsista a fuerza de trabajar y unirnos.

—Jan, de verdad, no tiene por qué ser malo que AgroTech se haga con el poder.

—¿Sabes cuántos pueblos han terminado en manos de empresas así? Primero te compran con promesas y, cuando controlan todo, ponen sus condiciones. Y no quiero saber cuáles van a ser.

—Estamos en el siglo xxi . La agricultura tradicional ya no es sostenible sin inversiones fuertes. Y, la verdad…, el ayuntamiento no puede mantener este pueblo solo con turismo de fin de semana y ferias locales.

—¿Y qué te han prometido a ti, Marçal? Algo tienes que ganar para tanta insistencia. Sabes que lidero la oposición y quieres convencerme.

Se tensa y no me niega que ha recibido algo que le ha parecido correcto. No lo desvela, pero es evidente que tiene otros intereses en juego.

—Un acuerdo con AgroTech traería fondos para infraestructura, subvenciones para modernizar explotaciones y apoyo a proyectos locales. Y, sí, también trabajo para gente joven.

—¿A costa de qué? ¿De convertirnos en empleados en nuestras propias tierras? La gente joven trabajaría en una empresa que se dedica a modificar los cultivos y producir en otras épocas del año, algo incomprensible. El melocotón es de verano; no puede haber producción en invierno o primavera.

—Prefiero eso a ver cómo el pueblo se muere poco a poco —asevera Marçal.

—No nos estamos muriendo. Hemos de plantarnos frente a ellos y luchar por unas condiciones dignas. No las conseguiremos si vendemos, y por eso no quiero desprenderme de aquello que me dejaron y que ahora es mío.

—Podemos hablar en otro momento. Te convoco a la próxima reunión con ellos y vemos sus alegatos.

—Creo que es mejor dejar por hoy la conversación. Tengo mucho en qué pensar y ver que te han comprado, que te has vendido, es algo que me cuesta digerir.

Nos quedamos en silencio. Marçal no es un villano. Cree que está haciendo lo correcto. Yo, en cambio, estoy convencido de que lo que está en juego no es solo dinero ni puestos de trabajo. Son nuestras tierras. Nuestras vidas.

Abro la puerta del bar de Dolors y me encuentro en la barra a la nueva camarera. No me he quedado con su nombre, aunque sé que muchos la llaman «muchacha». Se me ha presentado un par de veces y odio que piense que no le he prestado atención, porque un poco sí, aunque no demasiada.

Me sonríe y me pone frente un café solo. Se acuerda de mi última petición, eso está bien. Le pido también un bocadillo de tortilla, pues esta mañana ni he podido desayunar y, tras la conversación con el alcalde, necesito algo más que un simple café .

—¿Cómo se encuentra Jade? Biel me ha dicho que aún no ha ido a clase.

Reviso el móvil para comprobar que no hay ningún mensaje de Ángela. Eso es bueno; quiere decir que las novedades son las mismas y que nada ha cambiado por el momento.

—La fiebre no se le acaba de ir, tiene mucha mucosidad y le duele la tripa. Se le han juntado un montón de virus.

—Lo lamento.

Muerdo el bocadillo y me deleito con el sabor de la tortilla. Dolors hace la mejor de la comarca; diría, incluso, que de toda la provincia. Mi estómago lo agradece.

Los recuerdos de la conversación de apenas unos minutos retumba en mi cabeza.

Apoyo la mandíbula en la mano y contemplo cómo la camarera recoge los vasos y platos de las mesas que acaban de abandonar y regresa hasta la barra.

Me mira, casi seguro que preguntándose porque mis ojos siguen sus pasos.

Y me encojo de hombros, pues ni yo mismo sé que es lo que está haciendo y por qué no dejo de observarla.

—Jan. ¿Te llamas Jan?

Asiento, aunque no recuerdo haberle dicho mi nombre.

—¿Puedo hacerte una proposición? Creo que no es muy osada.

Entrecierro los ojos, desconcertado. ¿Una proposición? Suena a algo indecente. Espero que no haya malinterpretado mis actos.

—Biel echa de menos a Jade. Como me has dicho, tu hija lleva días sin ir al colegio y mi hijo la menciona en casa cada vez que tiene ocasión. A su manera, está preocupado por ella.

Hace una pausa, sin dejar de mirarme y evaluando mi reacción. Me da la sensación de que mide las palabras por si se está metiendo donde no la llaman. No sé qué quiere pedirme por lo que sigo sin abrir la boca y dejo que se explique.

—He pensado que esta tarde, cuando salga del bar y los niños terminen las clases, podríamos ir a verla. Seguro que le haría bien a tu hija estar con su amigo, y quizás eso la ayude a animarse, a ponerse buena y a volver al colegio antes de lo que imaginas.

¿Venir a ver a Jade? Pues no es mala idea. Yo puedo continuar con las tareas de la finca mientras ellos charlan y juegan un rato. Jade está pachucha, pero aún recuerdo el día que se vieron en el centro de atención primaria, que parecía que se había repuesto solo con ver a su amigo.

—Vale —accedo.

Soy escueto en palabras, pero es que no sé qué más decirle. Supongo que un «gracias» también hubiera estado bien.

—¿Me das la dirección para llegar hasta ahí? Biel me ha dicho que vives en una de las masías de las afueras.

—Sí, en Mas Traginer. ¿Sabes dónde es?

Niega con la cabeza.

—Aún no conozco los alrededores y daría lo mismo que la casa estuviera en el pueblo. Me hubieras tenido que dar igualmente la dirección exacta. Me ubico bastante mal y el GPS siempre ha sido mi mejor aliado.

Sonríe, y esa simple curva de labios hace que en mí aparezca un sentimiento de gratitud. Apenas nos conocemos y, aun así, su intención de ayudar es sincera.

Cuando salgo del bar con el compromiso de su llegada en unas horas, me percato de que aún no he recordado su nombre.

Tendré que preguntarle a Jade, no solo por educación, sino para no quedar como un imbécil.

Porque es lo que pareceré si únicamente soy capaz de decirle «muchacha» a alguien que viene a echarme una mano.