Besos con sabor a melocotón (Besos con sabor 2) Capítulo 1 #2
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Capítulo 1 #2

—Va, no digas bobadas. ¿Cómo es que llamas tan pronto y al bar?

—Lo segundo ya lo has averiguado tú solita, no me vengas ahora con tonterías —Sus palabras tienen un tono irónico—. Y quería hablar contigo. Me he acordado justo de una cosa y he pensado que no habría muchos clientes en el bar en estos momentos.

—Qué equivocada estás.

Paseo la vista por las mesas. El grupo de la esquina juega al dominó, como cada mañana.

Jan sigue en otro mundo y me doy cuenta de que me he olvidado de llevarle el croissant .

Las mamás con peques que aún no van al colegio se reúnen en la mesa del centro.

Al fondo hay un par de jovenzuelos que probablemente hoy se han saltado clases.

La secretaria del ayuntamiento y el alcalde, Marçal, también han llegado y entran un par de enfermeras del centro de atención primaria.

—Esta es la hora más concurrida, pero puedo atenderte. Son los de siempre y se esperan a que acabe si necesitan algo.

—Veo que los tienes bien enseñados. Así me gusta —afirma Lía.

—Yo no. Eso lo hizo la jefa hace tiempo, según cuenta.

Un breve silencio nos atrapa y de fondo oigo como mi hermana trastea con el ordenador. ¿Qué estará escribiendo? ¿En qué estará metida?

—Perdona, que anotaba una idea —continúa—.

Quería recordarte que el mes próximo es mi cumple.

No me interrumpas, sé que lo sabes; lo que desconoces es que lo voy a celebrar en Barcelona sin Sam.

Nosotras tres solas. Tengo la presentación de mi libro en la librería Albro y aprovecharé el viaje.

Lo estoy organizando con Alice. Te meto en un grupo y lo planificamos con detalle. ¿Qué te parece?

—¿Sin Sam?

—Claro, no todo gira en torno a él. Lo celebraré con mi hermana y mi mejor amiga —insiste Lía.

—Pues ya está. Me hace una ilusión enorme verte hablar de tu libro, cómo lo planificaste, la documentación, quién te inspiró para esos personajes tan llenos de vida y tan cautivadores…

Sabes que me encantó leerla y darte mi opinión.

Ver cómo te desenvuelves en una sala repleta de gente…

Eso no me lo puedo perder. Gracias por pensar en mí.

—¡Cómo no ibas a estar tú invitada! Además, en Barcelona, que lo tienes supercerca. Y, luego, fiesta las tres para el cumple. Matamos dos pájaros de un tiro.

Cierro los ojos un instante. En realidad, estoy a unas horas de camino.

Es una ocasión especial, sí, pero los fines de semana el bar está siempre repleto de gente y Dolors me pide más horas, que no le niego, pues me aportan un extra que en estos momentos necesito.

Hago malabares con mi hijo. Es lo que toca si queremos que nuestra estancia en Serratona siga adelante. Y, de momento, va según lo planeado.

—Para entonces llevaré dos meses y medio trabajando aquí. Supongo que podré convencer a Dolors para que se apiade de mí y me dé permiso para esa escapada.

—¿Escapada a dónde? —pregunta la interpelada desde lejos.

No estaba hablando con ella, aun así, ha captado la petición al vuelo.

Me acerco a la puerta que da a la cocina, desde donde he visto que asomaba su cabeza para curiosear. Está en todo. Se nota que vive en un pueblo y el cotilleo forma parte del menú diario.

—Te quería pedir librar un fin de semana en octubre para ver a mi hermana en Barcelona por su cumple.

—¿No vivía en Tenerife? —dice alzando una ceja. ¡Sí que está pendiente!

El día de la entrevista, antes de darme el trabajo, se encargó de hacer una buena investigación de mi pasado y mis allegados. Una manera de conocerme mejor.

—Sí, y todavía vive allí. Pero vendrá para celebrarlo conmigo.

—Buena hermana. Dile que sin problema.

—Ya lo has oído —vuelvo a hablar con Lía y oigo su risa de fondo.

—Me encanta Dolors. Cuando vaya tienes que presentármela.

—Pero si vas a estar en la capital. Para venir a Serratona necesitas un fin de semana completo, sin presentaciones literarias de por medio. Ya buscaremos el momento idóneo para ese encuentro. Además, la tía Angelines pregunta por ti, o sea, que no tienes escapatoria.

—Iré pronto. Antes de fiestas, adjudicado.

—Se queda callada otra vez y, previo a preguntar qué ocurre, continúa entusiasmada con sus planes—: Estoy pensando que, si quiero un finde de chicas, que salgamos a cenar y de fiesta, no veré a mi sobrino.

Además, tendremos que hacer que coincida con el finde que le toca a Toni.

—Claro, estaría genial. Lo coordino con él.

Envíame la fecha de la presentación, que así seguro será más fácil.

Porque si no le toca, se lo puedo modificar sin problema, por los muchos fines de semana con Biel que ha anulado o llamado para decir que venía un día tarde.

Además, se lo llevaré a Barcelona y se lo recogeré, así no refunfuña por tener que realizar el trayecto hasta aquí.

—Si se pone tonto, me avisas. —Mi hermana es muy protectora.

—Está controlado. El amor se acabó, ya lo viste, y ahora intentamos ser amigos, aunque con tan poca implicación a veces es complicado.

Hablamos un ratito de mis padres y de Biel. Cuando Vicente, otro de los vecinos del pueblo que pasa algunas mañanas a jugar la partida de dominó, entra y se acerca a la barra a pedir su chocolate caliente, tengo la excusa perfecta para despedirme de mi hermana.

—Lía, te dejo. Hablamos luego. —Y cuelgo mientras sonrío a ese nuevo cliente que estoy más que convencida que va a alegrar la partida de dominó.

Recojo los vasos y tazas de la barra, pensativa, sabiendo que mi vida, poco a poco, comienza a enderezarse.

1   Término de origen catalán que hace referencia a una finca rural, generalmente compuesta por una casa principal —la masía— y las tierras de cultivo o pastos.

Tradicionalmente, el mas es el núcleo de una explotación agrícola familiar que se transmite de generación en generación.

Suele encontrarse en zonas rurales de Cataluña, la Comunidad Valenciana y Baleares.