Besos con sabor a limón (Besos con sabor 1) Capítulo 31
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Capítulo 31

SAM

El domingo por la mañana reviso las notas y los gráficos para no cometer errores durante la ponencia. Cada vez estoy más apesadumbrado y sé que eso no es bueno para mantener la cabeza serena.

Repaso de nuevo con mi superior los datos por la tarde y aprovechamos para pasear por Hyde Park.

A las diez de la mañana del día siguiente entro en la sala de congresos. Me coloco detrás del atril y una voz anuncia al ponente.

Me toca.

Durante cuarenta y cinco minutos expongo con detalle los valores estudiados, las curvas y porcentajes de un nuevo antipsicótico en fase de estudio para el trastorno del ánimo y la ansiedad.

Los aplausos al acabar me reconfortan. Se que podré llegar a valores y porcentajes mayores y a resultados más eficientes, como los que buscaba y que no he tenido la posibilidad de enseñarles .

Mientras bajo los escalones para sentarme junto a los otros conferenciantes y escuchar las siguientes exposiciones, el móvil empieza a vibrar. Probablemente sean mis amigos o Lía, por lo que no presto atención.

Llegan más mensajes y llamadas, con tanta intensidad que pienso que lo oportuno sería mirar quién es y poner el teléfono en silencio.

Quedo algo alucinado al comprobar que quien me busca con tanta exigencia es Gabriela, la mujer de mi padre.

Pido perdón a las personas que ocupan los asientos a mi lado para salir y no molestar al ponente que describe anomalías en un paciente que ha sido tratado con un patógeno celular.

Al llegar al exterior, marco el número y espero a que Gabriela lo coja.

—Por fin, Samuel. —Su voz es estridente y algo más alta de lo habitual—.

Tu padre ha tenido un accidente muy aparatoso con el coche.

Iba con Julia. —Su voz se derrumba de inmediato tras pronunciar esas palabras.

No parece la misma persona que ha empezado la conversación—.

Están ingresados en el Gregorio Marañón.

—Empieza a sollozar, casi no entiendo lo que dice—.

Están graves, críticos, sobre todo Julia.

¿Cómo? ¿Qué? Mi mente no logra colocar las piezas.

—Sé que estás en Londres, en un congreso, pero te necesito aquí con nosotros. Por lo que pueda pasar. Ven cuanto antes.

—Espera, Gabriela, más despacio. ¿Un accidente? ¿Cómo ha sido?

—Ven y te lo explico, por favor, no puedo más. —Sus lloros son excesivos, apenas extraigo información de sus palabras.

—Estaré ahí lo antes posible. Hago las gestiones oportunas y te llamo al llegar.

Y ahí se acaba todo. Mi mundo se derrumba.

Julia está grave .

Debía pronunciar otra conferencia al día siguiente junto al responsable de mi laboratorio. No va a ser posible. Le transfiero mis notas y lo arreglo para que pueda hacerlo él solo. Me persono en el aeropuerto y me hago con un vuelo. Por la noche llego a Madrid.

Ver la carita magullada de mi hermana no me ayuda. Los cables, los pitidos de las máquinas… Mi padre, en otra habitación, no está mucho mejor.

Me siento en la butaca junto a Julia y le cojo la mano. Está sedada y el aparato que le permite respirar me desconcentra. ¿Cómo ha ocurrido?

Se iban a ir de vacaciones a Grecia. Lo tenían listo para un viaje de ensueño. Y ahora se encuentran en un hospital.

Gabriela está destrozada.

—Ve a descansar. Me quedo yo —le sugiero—. Te vendrá bien darte una ducha y comer un poco.

Lo acepta sin rechistar. Sabe que lo necesita y por eso recoge sus cosas y me deja a solas con ella.

Dormito en la habitación, pero cualquier ruido me desvela. Apenas descanso.

Por la mañana, una enfermera entra y me pide que salga al pasillo. Justo en ese instante aparece el médico.

—¿Señor De la Riba?

—Sí, soy Samuel de la Riba.

—¿Y su madre? Me gustaría hablar con los dos si es posible.

No lo saco de su error, tampoco es necesario en estos momentos. Le insto a que me lo cuente a mí; ya le daré el parte luego a Gabriela.

—Ha ido a descansar. ¿Qué ocurre?

—¿Qué sabe del percance que sufrieron ayer su padre y su hermana? —me pregunta el doctor.

—Poco. La mujer de mi padre me contó que tuvieron un accidente de tráfico, que chocó con un camión. Dijo que iban muy deprisa y que hubo implicados más coches, pero ninguna víctima.

—Cierto, y hemos hecho lo posible por estabilizarlos a los dos. Julia está en observación. Hay que esperar entre cuarenta y ocho y setenta y dos horas. Su padre se encuentra estable, pero ha dado positivo en una sustancia que creemos que le puede haber causado la somnolencia.

—¿Somnolencia? —pregunto perplejo. De eso no me ha dicho nada Gabriela.

—No se lo ha contado su madre.

Niego con la cabeza.

—Se quedó dormido al volante o perdió la consciencia, no sabemos —me explica el doctor—.

Vamos a hacer algún análisis más, pero los primeros resultados son bastante definitivos.

La policía espera el informe farmacológico para descartar posibles causas del accidente.

Desean hablar con ustedes. Están en mi despacho.

No sé si mi cabeza es capaz de atar cabos. ¿Sustancia farmacológica? ¿No será el mismo medicamento que encontró Carmen o el que me dijo mi padre que le proporcionaba su mujer?

Le pido al facultativo dejar al margen a Gabriela y personarme yo para hablar de los hechos con la policía, aunque conozca más bien poco del accidente.

Estoy convencido de que les puedo dar algunas pistas que tal vez aclaren los entresijos de lo que se han encontrado.

Ellos me cuentan que no se han observado huellas de frenada en la escena del accidente y por eso necesitan saber más del paciente.

Les explico lo que ha descubierto el investigador privado, les facilito su número y me pongo a disposición. Esta es mi oportunidad para cazarla.

Sé que ahora dispongo de información con la que será posible abrir una investigación policial más detallada para conseguir las pruebas necesarias para incriminar a esa persona que tanto odio y que veo que intenta hacer daño a los que más quiero.

Lo veo todo negro, empiezo a no soportar su presencia.

Solo pienso en que con sus actos está haciendo daño a mi familia, que ha estado a punto de deshacerse de ella.

¿Medicamentos no necesarios para personas sanas?

Es el momento de desvelar que creo que la muerte de mi abuelo no fue natural y que probablemente ella fue la causante y pretendía también deshacerse de mi padre.

Estoy convencido de que, si le pregunto, lo negará. Pero ha sido ella, es culpable de ese delito, estoy seguro. Mi hermana y mi padre siguen enchufados a un montón de cables que los ayudan a sobrevivir y debo eliminar a Gabriela de la ecuación.

¿Y si hubieran muerto?

Por Dios, deja de pensar en lo peor, Sam.

Estoy muy confuso con la información obtenida.

Recibo algún mensaje de Lía al que hago caso omiso, igual que a los de Toni.

A este le envío los papeles que me pidió y que recogí el mismo día que llegué a Londres con una simple nota: «Lo prometido es deuda».

Me responde con un mensaje en el que me comunica que quiere hablar conmigo. No le respondo.

Mi familia me necesita más que ellos y yo no voy a perderme en temas que no me convienen y que tal vez me hagan daño. Cuando descubrí el engaño de Lía con ese otro chico, finiquité la posibilidad de estar juntos.

Lidia pasa alguna tarde a hacerme compañía. Tiene una amiga en Madrid y se aloja en su piso. Al saber del accidente, pensó que sus abrazos podrían serme de ayuda. No sé por qué pensó eso. Hace mucho tiempo que nuestra relación se enfrió, pero no la saco del posible error. Mejora mi ánimo.

Mientras mi padre y mi hermana están en el hospital, apenas hablo con mi madrastra.

Hacemos turnos y nos vemos para darnos el parte y poco más.

Yo la mantengo al margen de lo que sé y no quiero que tergiverse.

El médico le ha contado a Gabriela parte de la verdad sobre su esposo y su hija sin desvelar la información que la incrimina.

Porque hay información que la incrimina.

Con los datos aportados, la policía inicia una investigación para obtener las pruebas para encausarla.

Efectúan un registro en casa de mi padre por orden del juez y encuentran varias cajas de medicamentos y sustancias ilegales, y varios blísteres para rellenar.

Todo ello atestigua el delito y la detienen.

Pasará una temporada en prisión, hasta la celebración del juicio, pues así se ha determinado como medida cautelar por riesgo de fuga y destrucción de pruebas.

Gabriela deberá demostrar su no culpabilidad, pero con una muerte a sus espaldas y un intento de asesinato lo tiene muy difícil.

Espero que las pruebas conseguidas por la policía y por el investigador la dejen en la cárcel de por vida.

Y ahí ha quedado todo: una investigación en marcha con muchas pruebas en contra de una persona horrible y por fin en prisión, Matías y Julia se recuperan poco a poco mientras yo trato de olvidar a una pelirroja que aún me traspasa el corazón.