Capítulo 28
LÍA
La vorágine de la tienda me desborda. Los clientes se acumulan en la cola para pagar sus prendas. Lleva toda la tarde fallando el datáfono y eso complica aún más las gestiones.
Veo a mi hermana al fondo. Seguro que quiere alguna prenda que amplíe su vestuario. La dejará en una esquina y luego, sin gente, le haré el cobro y se la llevaré a casa. Se está malacostumbrando. O la estoy malacostumbrando.
De refilón, veo a Toni al fondo, acompañado de un par de personas. No los reconozco hasta que la señora que tengo enfrente acaba de pagar su pedido. Cuando se aleja, descubro quién es.
¡Sam!
No quiero verlo. No quiero saber de él.
También está Marcos. Una encerrona en toda regla. Mi hermana vuelve a las andadas. Porque solo ella y mi cuñado pueden haber urdido ese plan, junto a unos amigos a los que odiaré a partir de ese instante.
¿No pensarán que soy tan facilona? ¿No han encontrado otro lugar que mi puesto de trabajo, donde he de mostrar una sonrisa?
Se acercan los tres chicos un poco más a la caja y mi hermana merodea por los diferentes colgadores buscando prendas. ¡Que deje ya de hacer tonterías! Solo pretende que yo me acojone.
La veo salir del vestidor unos minutos después y se aproxima al lugar de siempre, coloca un par de vestidos y me guiña el ojo. Es nuestro acuerdo para no hacer cola.
Asiento. María se va con los chicos y desaparecen.
¡Qué extraño!
Era Sam, de eso estoy segura. ¿No se han querido acercar por no molestar? Le preguntaré a mi hermana más tarde.
¿Por qué más tarde?
Le pido a Sonia un momento, me sustituye en la caja y voy al baño. Tecleo en el móvil las palabras adecuadas.
Natalia
¡Qué coño hacías en la tienda!
María
He ido a comprar. Te he dejado un par de vestidos para fin de año. ¿Los has visto?
Natalia
Sí, he visto lo que has comprado, ya está en la bolsa.
¿Qué hacía Sam en la tienda?
María
¿Lo has visto? Lo siento. Les he dicho que se quedaran fuera, pero llovía y… Yo he comprado y nos hemos ido. Ni me he acercado a ti. ¿No estarás enfadada?
Natalia
No sé cómo estar. Me ha parecido raro. He visto otra de tus estratagemas.
María
Me dijiste que no querías saber nada de él y hemos cumplido. Ha venido a pasar las fiestas.
Natalia
¿Y por qué el otro día me sugeriste que pillara un vuelo para arreglarlo con él en Tenerife?
María
Por si me escuchabas, cosa que no hiciste.
Ha venido a estar con los amigos y si se topa contigo pues…
Natalia
Pues nada.
Además, ahora que sé que no está él allí tal vez sí sea un buen momento para largarme a la playa.
María
No lo harás.
Bueno, te dejo, que estamos de charla y necesito enterarme de lo que ocurrió y ocurre en su vida.
Si quieres más detalles solo tienes que pasarte por casa. Podrías escribir esa novela que siempre dices.
Y deja de estar en línea. ¿Por qué habrá escrito eso? ¿Qué ocurrió y qué le ocurre? Mierda, mi vena curiosa está haciendo de las suyas. Yo lo había desterrado, para mí ya no existe. ¿Por qué ahora aparece de nuevo en mi vida?
Tras nuestra vuelta de las vacaciones la mayoría de los jueves me presentaba en casa de mi hermana a comer.
Desde que empecé a trabajar, son todos los jueves.
Está cerca de la tienda y es mi oportunidad de pasar un rato con ellos.
Siempre he ido, aunque esta vez me lo pienso, no lo tengo claro.
Sam estará con ellos y no me apetece cruzármelo.
María
Le digo que pase el día fuera, no hay problema.
Natalia
¿Lo ves conveniente?
María
No hay otra. Si no, tú no vienes y yo quiero comer contigo, charlar.
Natalia
Es que… No sé, no me apetece.
María
Se lo acabo de decir y me ha dicho que se va al parque o a cualquier sitio. Tú ven, que hoy tengo berenjena rellena y se que te encanta.
Natalia
No me puedes chantajear con la comida. Pero…
Permanezco en línea. No sé qué hacer.
Natalia:
Dile que se quede, no pasa nada.
María
¿De verdad?
Natalia
Sí. En una hora nos vemos.
Al colgar noto unas cosquillitas en mi estómago que me recuerdan que él estará allí y que, de alguna manera retorcida, tengo ganas de volver a verlo.
¿Por qué? Ni idea, mi cuerpo no me hace caso ni me escucha, va a su rollo, que es diferente al que dicta mi cabeza.
Cuando toco el timbre y Toni abre, noto que estoy bastante nerviosa. Y a la vez siento rabia por la situación.
Nos sentamos los cuatro a la mesa y el silencio nos acompaña. Frunzo el ceño y a mi mente le repito que no diga nada, que no se comporte de manera adecuada, que sea la antipática de turno. No puede acceder a mí, ni un resquicio.
Observo que él también está callado, que apenas me mira. Son mi hermana y mi cuñado los que mantienen el ritmo de la conversación, que se da más bien entre ellos, aunque de vez en cuando respondemos a alguna de sus consultas.
—La semana que viene tengo la ecografía, ¿vendrás, no? —me pregunta mi hermana de repente, y la cara de Sam muda por completo. Una sonrisa en el rostro de María me hace ver lo que pretendía recordándome algo que ya sabía .
—Así habíamos quedado —digo, pero apenas me oyen.
Sam se ha puesto en pie y los está felicitando. Besos, abrazos y sonrisas. Yo no me muevo, estoy feliz por la pareja.
—¡Qué guardado lo llevabais! ¿Desde cuándo o para cuándo?
—Estoy de cuatro meses. La energía de la isla me ayudó a que los astros se alinearan y una personita ya está de camino.
—¿Por qué no habéis dicho nada antes? —pregunta Sam.
Los tres están de pie, cogidos de la mano, parecen una secta y la sonrisa de mi cara no se borra. Estoy muy contenta por mi hermana. Llevaban demasiado tiempo en su búsqueda y que por fin haya llegado el día es una felicidad plena y absoluta.
—No lo hemos mantenido en secreto, pero queríamos que evolucionara correctamente antes de dar la noticia.
—Estaréis ilusionados. —Sam se muerde el labio inferior. ¡Por Dios, qué guapo!
—Ni te lo imaginas.
Y ambos amigos vuelven a abrazarse y besarse y María hace lo mismo.
Sacan una botella de cava para festejarlo, de la que María no prueba ni gota, y un bizcocho comprado en la pastelería.
Se acerca la hora de regresar a la tienda. Me pongo en pie y le doy un beso a mi hermana, como de costumbre. Hago lo mismo con mi cuñado y dudo con Sam.
Él se acerca, abre los labios y parece que quiere decirme algo. Sus ojos están fijos en mí, hasta que unos segundos después, tiempo que me parece una eternidad, los cierra y no surge ningún vocablo de su boca.
Llego a trabajar triste y decepcionada. Era su oportunidad. Tal vez he sido yo quien la ha perdido si es que deseaba escuchar lo que tenía que decir.
No. Sam ya está en otra galaxia.
Debo dejar de pensar en él.