Capítulo 24
LÍA
Han sido tres días alucinantes. Descubrir Santa Cruz de la mano de Sam, conocer a su hermana en un viaje relámpago a Madrid y tomar unas segundas papas arrugadas en la costa, lo mejor del fin de semana.
Regreso a Adeje el lunes por la mañana. Sam me deja en la entrada tras darme un cálido beso. Tiene lío acumulado en el laboratorio y necesita avanzar si desea venir a verme pronto.
—Vaya, ¡dichosos los ojos! —suelta María cuando accedo a la villa.
Me ha echado en falta, o por lo menos eso es lo que he sentido nada más verla.
—¡Lo habrás pasado genial con Samuel! Cuéntanos, cuñada. —Ese es Toni, que se acerca a mí.
Vaya dos. Me abrazan y me dan besos mientras Marcos y Alba nos miran desde las tumbonas donde toman el sol.
—Pues ha sido una escapada de lo más alucinante. Hasta he pasado por la capital y he conocido a Julia —les digo para que queden más fascinados .
—¿Has ido a Madrid? —pregunta Marcos sorprendido, a la vez que se incorpora un poco para atender mejor la conversación. No quiere perderse detalle. ¡Vaya, vaya!
—Apenas unas horas, pero sí. Su hermana tenía que hablar con él en persona y Sam ha volado en cuanto ha dicho su nombre.
—Se adoran —dice Toni—. Son hermanos de padre, pero, aun así, Samuel hace lo indecible por ella. Su madrastra lo lleva por donde le apetece, pues ella lo tiene a pan y agua.
—¿Qué quieres decir? —pregunta María.
—Apenas se la deja ver y, cada vez que Samuel va a Madrid, lo hace a escondidas. ¿Has conocido a Matías o Gabriela?
Niego. Solo vi a Julia unas horas en el parque y luego en la comida a Carmen. No he conocido a su padre ni a su madrastra, esa de la que sospecha.
—Si han quedado para cenar o algún evento familiar al que Sam debe asistir —explica Toni—, Julia tiene otro compromiso o tiene que abandonarlos pronto.
Es muy raro. Una madre que apenas deja que su hija vea a su hermano.
En esa familia hay gato encerrado. —Me mira —.
Eso es lo que dice Sam muchas veces, aunque no le he sacado el porqué de esa afirmación.
Pues parece que ya sé algo más que Toni, pero no seré yo quien le cuente nada.
—¿Y el padre? —consulta Alba.
—Pues eso le gustaría saber, qué hace Matías. Trabaja muchísimo y apenas tiene tiempo de ocuparse de su familia. Y cuando Samuel le cuenta cualquier cosa sobre lo que opina o el motivo por el que no ve más a menudo a Julia, se pone de parte de su mujer.
—¡Tú harías lo mismo! —replica María mirando a Toni.
—Pues no lo sé.
Mi hermana frunce el ceño.
—En este caso se ve claro que no quiere que tengan contacto —aclara Toni—, apenas se lo permite hasta con su padre.
Gabriela siempre tiene alguna excusa que impide el encuentro.
Eso debería verlo Matías y ponerse de parte de su hijo.
Luego bien que lo quiere para ocupar un puesto directivo en la empresa.
—Él trabaja en la farmacéutica y da clases en la universidad —comento contrariada—. No creo que vaya a currar en la editorial; no son sus planes y lo tiene bastante claro.
—A ti te gustaría —sugiere mi hermana.
Me conoce y sabe que es uno de esos sueños que nunca conseguiré, pero lo suplo leyendo muchísimo.
—Lo que yo quiera da igual. Él hace lo que le gusta, y no lo veo con ganas de meterse en líos de familia. Pero, bueno, igual que tú, Toni.
—¿Currar con la familia, yo? —se hace el ofendido.
—No, a ti te gusta trabajar en lo que haces y por eso curras tanto, por amor, por pasión, como él.
—Yo quiero lo mejor para mi amigo.
—¿De qué habláis? ¿De mí? —interfiere Marcos, que se había ido un momento a la cocina a buscar una bebida.
—Luego te cuento —le indica Toni—. Ahora toca ir a la playa. Venga, bikinis y enseres, que nos largamos.
—¿Enseres? —pregunto yo alucinada.
—Todos los trastos que lleváis las mujeres. Últimamente parece que me voy de vacaciones cada vez que voy a la playa o incluso transporto alguna maleta de más.
—¡Qué exagerado! ¿Puedo quedarme en la villa? —propongo. Estoy cansadísima, he dado el máximo de mí estos días y apenas he descansado. Un fin de semana alucinante, aunque ahora estaría bien recargar pilas.
—¡Venga! —insiste María—. Vente con nosotras, que al final te va a disfrutar más Samuel que yo, y eso que habías venido con nosotros. La que me tengo que enfadar soy yo ahora.
Esa vocecita inocente me hace reír. ¡Será tonta!
Al final accedo.
Y pasamos una mañana entretenida, igual que la tarde y los siguientes días.
Sam apenas aparece esta semana. Contacto con él por WhatsApp y alguna que otra llamada, pero tiene curro en el laboratorio y sus amigos le han pedido que el finde lo pase con nosotros, por lo que me dice que prefiere avanzar para llegar el viernes al mediodía y que estemos de nuevo juntos los dos días completos.
Mientras, yo aprovecho para estar con mi hermana y sus amigos y disfrutar de nuestras merecidas vacaciones.
Marcos y Toni por las mañanas las han pasado con trabajo y, las chicas hemos tomado el sol y dado algún que otro paseo por el recinto, y yo he aprovechado para leer mucho.
El jueves tengo un momento a solas con mi hermana.
—Alucinante, lo estoy pasando genial.
—Me alegro un montón, Natalia. Y con Samuel, ¿qué?
—¿Que de qué? Con Samuel, bien. Hablamos por WhatsApp y poco más. —La respuesta es seca, pero sé qué necesita averiguar y no deseo contarle nada aún.
—Te oigo hablando con él por las noches, a altas horas.
—Y ¿qué hace que no estás durmiendo tú en esos momentos?
—Me desvelo, te escucho y sonrío. Me alegro por ti. Es un chico muy majo.
—¿Y tú, María? ¿Qué tal estás? No hemos vuelto a hablar y…
—Estamos bien, ya sabes, con nuestros más y nuestros menos. Aquí tenemos más tiempo para estar el uno con el otro y hemos pasado unas noches de ensueño. —Pone una voz melosa al final de la frase y levanta las cejas de forma cómica.
Me tapo los ojos y bajo el rostro.
—No me lo cuentes, por favor —le suplico.
—Has sido tú que lo has pedido. —Su felicidad se contagia.
—No, yo solo quería que verbalizaras lo que te ocurre y que volviéramos a hablar del tema.
—¿Qué me ocurre? —Es una pregunta retórica y la sonrisa que se marca en su rostro la agranda aún más—.
Pues que me he acostado todas las noches de esta semana con mi marido, que me ha tocado sin necesidad de calendario ni de horas pactadas y que hemos llegado al final con orgasmos de escándalo, y eso es de otro nivel.
—Te he dicho que no me lo explicaras. —Una carcajada surge de mis labios.
—¡Querías que lo dijera! Pues aquí lo tienes: imponente. Si de esta no me quedo embarazada…
—No te presiones, María —la freno. Si se pone metas altas luego, el batacazo es mayor—. Disfruta del momento, del sexo con tu marido y, si viene, bien; y, si no, pues eso que te habrás agenciado.
—Lo sé. Lo malo es que no se me va de la cabeza.
—¿Ni de vacaciones?
Me muerdo el labio inferior con fuerza. Odio que mi hermana se sienta así. Tiene tantas ganas de ser madre que…
—Aquí menos. Aunque lo intento. Estar con Alba, con Marcos, contigo, por supuesto, y con mi marido es un plus y hace que en ocasiones me olvide. Pero luego le doy vueltas y vueltas… Es un tema demasiado recurrente en mi cabeza.
Me acerco a ella y la abrazo. Necesita mi cariño y yo el suyo. Unas lágrimas asoman en sus párpados y las retira con el dorso de la mano antes de que aparezca nadie y nos pille en esa tesitura.
Y finalmente ha llegado el día en que volveré a ver a Sam.
Estoy nerviosa.
¿Por qué?
Pues no lo sé, aunque algo en mí me dice que verlo tiene su punto y besarlo aún más. Necesito de sus caricias, que me toque como lo hizo el fin de semana anterior. Sentir su piel sobre la mía. Gozar. Un verano familiar aderezado con un poquito de sexo con sabor a limón es algo que no esperaba.
Pasamos las primeras horas del día en la piscina. La planificación para la ruta de esta tarde está a cargo de Toni y Marcos, que por la mañana han estado con tareas laborales y nos han prometido que, en cuanto llegue Sam, dejan esos quehaceres y lo vamos a disfrutar de infarto.
Para mí, con que esté él ya es suficiente.
Suena el timbre.
Ya ha llegado.
Me pongo en pie de un salto y mi hermana me mira sorprendida y emocionada. Alba ni se inmuta. Está fuera, en la terraza, acaparando los rayos de sol desde la tumbona.
Me pongo el pareo de flores y me acerco a la entrada. Toni ya le ha abierto.
Nuestras miradas se cruzan y no necesitamos palabras. Solo magia para que se desvanezcan las personas que nos acompañan. Un imposible que llevaré a cabo en algún momento.