Capítulo 23 #2
—Vale, pero me tendrás que traer dos entonces.
—¡Qué lista! —Le doy un beso en la frente—. Esta vez me has pillado desprevenido. No pensaba venir tan pronto.
—¿Desprevenido? Siempre los compras en el aeropuerto, no sé por qué no esta vez.
—Te traeré una colección la próxima.
—No digas eso, que luego no cumples. —Mi hermana sonríe y yo la despeino un poco. Me quita la mano de golpe y se pone seria. Un gesto para que no haga eso nunca más; me tiene advertido que no le gusta.
—Venga, cuéntame eso tan importante por lo que he venido. —Me aclaro la garganta y me siento recto.
Mira hacia los lados, parece que oculte algo y eso es raro en ella. Se acerca un poco más y empieza a hablar.
—El otro día, cuando Carmen iba a darme la medicina…
Frunzo el ceño. ¿Medicina?
—Sí, no pongas esa cara. He estado un poco resfriada.
Bueno, lo que decía, que llegó mamá y le dijo que se encargaba ella.
Ya sabes, no lo hace normalmente, pero, bueno…
Cuando me quedé a solas con Carmen esta me preguntó por los detalles, quería saber qué había pasado exactamente en la cocina.
—Se encoge de hombros y mi ceño fruncido la hace alzar la voz—.
Nada, no había pasado nada. Mamá me dio las pastillas con un vaso de agua, pero Carmen quería saber más.
Y pone caras raras y está bastante nerviosa.
Además, estuvo mirando en Internet y me volvió a preguntar al día siguiente y un par de días más tarde.
Cuando nos sentamos a leer un libro le pregunté que le pasaba.
Me parecía superraro y lo que descubrí después más aún.
—Que te dijo .
—No me dijo nada, la oí hablar por teléfono con su amiga. Que había descubierto no sé qué de unas pastillas y que no eran para mí, y que la señora llevaba un tiempo quisquillosa con los medicamentos y que también se la estaba dando al señor.
No me gusta nada el discurso de mi hermana.
—Me descubrió escuchándola y me dijo que no te lo contara, aunque creo que sabe que hoy te lo voy a decir y por eso se ha ido con tantas prisas.
—¿Qué quieres decir con que no eran para ti?
—No sé, pregúntale a Carmen. Yo no me he enterado de nada, pero ella está nerviosa y prefiero que tú le preguntes y me lo expliques para que lo entienda.
Acabo de saber el motivo por el que la asistenta ha desaparecido tan solo vernos llegar. Esconde algo que no me quiere desvelar.
—¿Y Gabriela qué sabe?
—No le he contado nada a mamá. Además ha estado de viaje y liada con una fiesta. Prefería contártelo a ti y que tú me dijeras qué hacer.
—Has hecho bien. Primero averigüemos y luego decidimos como actuar. Como en las películas de misterio. Ahora, venga, vamos al bar de Rosa a ver que nos cuenta Carmen.
Nos acercamos hasta el local, que está a apenas dos minutos del parque. Las invito a desayunar y ellas piden dos batidos de chocolate. Me encanta que hayan encajado tan bien.
Carmen está sentada en una mesa al fondo del establecimiento y dirijo mis pasos hasta ella. Me evita con la mirada, pero solo tiene que contármelo.
Al principio no suelta prenda. Me va a costar que me explique lo sucedido y eso es lo que menos comprendo. Está reacia y es extraño en ella. Dice que puede perder el trabajo y que no le interesa, que en casa de mi padre le pagan muy bien y encontrar otra familia así es difícil.
—Carmen, nos conocemos desde siempre. Llevas trabajando para nosotros muchos años.
—Samuel, este trabajo me va de perlas y lo necesito para mantener a mi familia. No puedo quedarme sin él por hablar de más.
—Solo quiero que me cuentes qué viste. No te estoy pidiendo otra cosa. Julia dice que algo no te encajaba.
Agacha la cabeza y esconde la mirada. Entrecruza los dedos y los retuerce.
Insisto un poco más. Tengo que descubrirlo y con cada paso que doy me pongo más nervioso, pues no logro dilucidar qué ocurre.
—Julia me contó que cuando la señora le dio las pastillas, primero rebuscó por los armarios y desordenó la caja de medicamentos.
Luego cambió un par de blísteres de sitio y tiró una caja a la basura que antes la había sacado de su monedero.
Me costó que Julia me contara todo eso, más que nada porque ella apenas se había fijado.
Pero al final conseguí averiguar lo que me temía.
Llevo viendo cosas muy raras desde hace tiempo, señor.
—Carmen, soy Samuel. Señor me hace muy mayor.
—Vale. Recuperé la caja de la basura y busqué en Internet. Cada dato nuevo que averiguaba me ponía más nerviosa. Y cada pregunta que me respondía Julia, confirmaba más contradicciones.
—¿Desde cuándo lo sabes?
—Señor, yo no sé nada. Solo veo cosas que no me encajan, pero no quiero perder mi trabajo.
—Carmen, no perderás el trabajo, pero necesito que me des los datos del medicamento o lo que averiguaste.
—La caja de pastillas que tiró la señora eran para combatir la esquizofrenia, eso ponía en Internet.
Luego revisé el cajón donde guardamos los medicamentos y encontré otros envases para enfermedades raras.
Entendí que son de los señores, y cerré de golpe.
Pero me pareció fuera de lugar y la señora no deja de traer nuevos envases de la farmacia y luego me pide que vaya yo.
Estoy intranquila, pero no sé nada, yo no le he dicho nada.
—Niega con la cabeza. Está nerviosísima.
Al final le saqué la información, datos que corroboran lo que me ha comentado el investigador privado.
—Gracias por contármelo. Has hecho bien.
—¿No me pasará nada, Samuel?
—Estate tranquila.
Le digo que no perderá el trabajo y que, si no, yo me encargaré de encontrarle otro. Entonces me siento con mis chicas. Pido un café con leche y hablamos de nosotros.
—¿Cómo es Barcelona? —le pregunta mi hermana a Lía.
—¿No has estado nunca? ¿No te han llevado tus padres? Allí tienen oficinas, me lo dijo Sam.
—¿Sam?
—Sí, yo también lo llamo diferente. Un diminutivo que me gusta más que su nombre.
—A veces lo llamo Sammy y él se enfada. Aunque —se acerca a mi oído y me susurra—sé que le gusta y si lo llamo Samuel me regaña.
—Ey, qué cuchicheáis, que estoy aquí.
Julia se ríe a carcajada s
—Sammy es horrible. —Pongo cara de enfado, pero nos reímos ante tremenda tontería.
Pasamos una mañana estupenda, aunque el inicio me ha dado mucho que pensar. Luego comemos juntos en un restaurante coreano que a Julia le encanta. La tarde se pasa en un suspiro, pues tenemos que coger el vuelo de regreso.
Me llevo un runrún en la cabeza. Facilitaré estos datos al investigador para que siga sus pesquisas.
Han sido apenas unas horas.
La sonrisa de Lía y las gracias de mi hermana me han arreglado la vida.