Capítulo 17
LÍA
El sol que roza nuestros cuerpos es puro deleite.
Toni se ha quedado en ese despacho improvisado que se ha creado nada más llegar y nosotras hemos cogido nuestros bártulos para ir a la piscina.
El complejo cuenta con un par y nos hemos acercado a la más grande.
No hay mucha gente. Supongo que como algunas de las villas disponen de piscina privada, los residentes prefieren disfrutar del sol y el agua en sus propios espacios.
—Tenemos que visitar las playas. Dicen que son paradisíacas por estos lares. —No quiero quedarme encerrada en este recinto lo que duren mis vacaciones. Espero convencer a mi hermana para ver otros parajes.
—A ver si mañana sacamos a Toni tempranito y nos vamos los tres.
—Una idea estupenda.
—A mí también me lo parece y Toni no puede decir que no. Además, deberíais tener cuidado conmigo, porque a lo mejor decido abandonaros.
María alza las cejas, y añado :
—Estoy pensando en escoger a unos de esos maromos de enfrente que no nos quitan los ojos de encima.
Mi hermana se gira para mirar el punto donde he señalado y un grupo de adolescentes se ríen entre ellos de alguna barbaridad que haya salido de sus bocas.
—Serás asaltacunas. —Me da un manotazo en el brazo y yo me río con ella.
—Estas vacaciones serán una pasada. He venido a eso. Bueno, los tres. Oye…, ¿cómo se os ocurrió pillar una villa aquí, en este oasis?
—Yo decidí el destino y él dijo que buscaría uno de los mejores hoteles con todos los servicios para que de verdad fueran unas vacaciones de ensueño.
—¿Y un mes? Es mucho tiempo.
—Salía mejor la reserva por ese periodo, así que ni nos lo pensamos. Ya sabes que yo nunca trabajo en agosto y Toni podía traerse el portátil y el teléfono, por lo que aquí estamos.
—Será carísimo.
—No he visto la cuenta. Se encarga Toni de esos menesteres. —Lanza una carcajada al aire—. Además, luego llegarán Marcos y Alba para compartir gastos.
—¿Marcos y Alba? No me has hablado de ellos.
—¿No te lo dije? —consulta preocupada.
Muevo la cabeza a los lados y rebusco en mi bolsa para sacar un libro.
—Son unos colegas. Nos conocemos desde hace años. Marcos tiene negocios con Toni y yo me llevo muy bien con Alba.
—¡Vaya! Bueno, no pasa nada.
No tenía ni idea. Esto se lo había guardado, pero da igual, cuantos más seamos, más reiremos, como dice el refrán, y podremos compartir las tareas.
—Me olvidé. Son majísimos, de verdad. Ya verás que bien lo pasamos.
—Seguro. Y, además, así se vive de maravilla. Porque que sepas que yo apenas he podido pagar el billete de avión.
Cuando entré en el buscador los precios era astronómicos. Al final, pillé el que salía después, que era algo más económico, aunque no sé si valió la pena con los percances que sufrí luego.
—Siempre has vivido al límite. Ya tiraré de contactos y te ayudaré a buscar entrevistas. Aunque lo dejaremos para la vuelta.
—Por supuesto, ahora estamos de vacaciones. —Alzo la mano al ver al camarero y, cuando se acerca, le pido dos margaritas.
—¡Es pronto! —exclama mi hermana.
—Son las doce. Es hora de empezar con la locura de estos días.
—Sí que estás loca.
Tras darle un sorbo a nuestras bebidas, decido preguntarle a mi hermana algo que me preocupa. Muestra una mirada triste que no es normal estando de vacaciones.
—Venga, suelta tú ahora por esa boquita.
Sus ojos se entrecierran y me mira anonadada. He sido poco directa.
—Que me digas qué le ocurre a mi hermana mayor, qué bulle en esa cabeza.
—Nada, no me pasa nada.
—Otra como yo. Venga, que a mí tampoco me engañas, lo sabes. Desde que llegué ayer por la tarde estás rara. Seguro que si me lo cuentas, lo ves de forma distinta.
—No es importante, no para estos días.
—Diría yo que a ti sí que te afecta, aunque intentas disimularlo. Soy yo, Natalia, tu hermana pequeña, puedes confiar en mí.
—Toni lleva un tiempo distante, apenas me toca y…
—¿Tiene otra?
Mi hermana me da un manotazo que me trastabilla de la tumbona.
—No es eso. Sé que me quiere y desea que sea feliz. ¿No ves donde estamos? —Abre los brazos mostrándome con ese gesto lo que nos rodea—. Tenemos problemas de fertilidad, como ya sabes. No me quedo embarazada ni a la de tres. Ni lujos, ni descanso, ni probarlo una y otra vez.
Me incorporo y me siento en su tumbona. La abrazo fuerte y la beso en la frente.
—Estáis en tratamiento. Dar tiempo a la medicina para que actúe.
—Supongo, pero, ya ves, ni de vacaciones. Se trae trabajo, unos amigos, a mi hermana…
—Eyyy, que yo he venido porque tú querías tenerme a tu lado, que Toni no me ha forzado.
—Ya, se lo propuse yo y dijo que perfecto a la primera. Estoy fantástica contigo, pero me apetecían unas vacaciones a solas, tranquilos, sin curro de por medio. Tanto estrés me afecta y a él también, y ese es en parte el motivo, ¿no crees?
La miro, dubitativa. Tiene algo de razón. Seguro que cierta paz los ayudaría, aunque eso no sea la panacea, y conseguirían hacerme tía.
—Además, solo me toca cuando lo dice el calendario y me siento usada, no me gusta.
—Pero ¿ayer? Por lo que dijiste, o lo que ocultaste, sucedieron cosas antes de que llegáramos.
Se ruboriza y esconde el rostro.
—¿Lo has hablado con él?
—No quiero verbalizarlo, no quiero que sea real.
—María, es real. No te quedas embarazada, pero eso no es motivo para no amaros con locura como siempre.
Y, si en estos momentos estáis un poco estresados, pues buscáis la manera de desestresaros, que yo sé cuál es.
Y olvidaros de calendarios y hostias. Hacedlo siempre que os venga en gana y olvidaos de que tenéis invitados.
A mí, si me tienes que echar por la puerta, lo dices y bye bye .
Mi hermana inspira hondo, se reclina en la tumbona, le da un sorbo a su bebida y me mira con dulzura.
—No quiero hablar más de esto. Tú no quieres que el trabajo te estropee las vacaciones y yo no quiero que lo haga un niño que no llega.
—O una niña…
—Sí, claro, el sexo es lo de menos.
—Bueno, no te creas.
Cuando entiende el doble sentido me atiza otro manotazo. Este me ha dolido.
Decidimos darnos un chapuzón. El sol pega fuerte y el agua despejará ciertas conversaciones que se mantienen en el aire sin acabar.
Salgo la primera. Mi hermana flota sobre el agua cristalina y seguro que está meditando. Cojo el móvil un momento y veo que Alice ha contactado conmigo. No tuve tiempo ayer de decirle que ya había llegado. No la llamo, prefiero escribirle, así no me tiene una hora al teléfono cuando le cuente.
Natalia
Está aquí.
Alice
¿Quién? No seas telegráfica.
Natalia
El tipo de la boda de María.
Sam.
Alice
¿El buenorro que te tiraste y que se largó con su pareja?
Hay algunas con suerte, tía.
Natalia
No sé si tenerlo cerca es bueno.
Alice
Tenerlo cerca es maravilloso. Pueden ser unas vacaciones con sexo. Aprovéchalas, por Dios,
Natalia
Te dejo, que María sale de la piscina. Esta noche te escribo, te lo prometo.
Y mi conversación con Alice acaba ahí, porque la sonrisa de mi hermana se ensancha al salir del agua.
Sus ojos están fijos en alguien que se acerca por detrás de mí y al girarme veo que es Toni.
Lleva puesto el bañador y se dirige directo a ella.
Se sumergen los dos y vuelvo a estar sin nadie con quien hablar.
Reviso el móvil. Me planteo si continuar la conversación con Alice, aunque lo descarto. Voy a leer un rato y perderme en la novela. Así evito que mi cabeza se centre en ciertos problemas laborales que me acosan .
Y también despejo el interés que parece que todos muestran por Sam y que no sé si yo quiero aceptar.