Besos con sabor a limón (Besos con sabor 1) Capítulo 13
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Capítulo 13

LÍA

Llego con retraso. Con mucho retraso. Mi hermana y Toni han cogido el vuelo a su hora, tal y como estaba previsto.

Pero el destino se ha aliado en mi contra.

Una avería en el motor nos ha dejado a todos los ocupantes de mi avión en la pista un par de horas.

He visto a los pasajeros de las otras compañías despegar y nosotros nos hemos quedado atrapados en este armazón.

Ha habido algún momento en el que me ha faltado el aire; la sensación de agobio ha sido alucinante.

Me he tranquilizado gracias a las azafatas y a las palabras del comandante a través del interfono, que han calmado a los angustiados pasajeros.

Y luego, tras ciertas turbulencias y alguna mierda adicional, se ha retrasado aún más la hora de llegada.

Hemos volado en círculos sin saber los motivos.

Pero por fin piso suelo canario, hastiada y con pocas ganas de coger otro avión. Menos mal que tengo bastantes días por delante para madurar la situación y verla con nuevos ojos la próxima vez que me persone ante la terminal.

Es tardísimo. Hemos aterrizado como unas cuatro horas después de lo previsto, aunque he de decir que a mí me han parecido más. Lo malo es que el reloj no engaña y las agujas están colocadas en su posición.

Le he enviado un mensaje a mi hermana mientras aún estábamos en el aeropuerto de El Prat. La cosa no pintaba bien y ya preveía que llegaría algo más tarde de la hora indicada, aunque no imaginaba que tanto. Al despegar, le he dicho a María que ya salíamos y que me aguardara.

Busco entre las diferentes personas que allí se encuentran y no doy con ella ni con Toni.

Reconozco, eso sí, una mirada. Cuando nuestros ojos conectan, se le marcan unos hoyuelos y me dirijo hacia él.

Busco entre los recuerdos de aquel día y pronuncio su nombre.

—¿Sam?

Espero no haberlo olvidado. Lo que pasó aquella noche lo tengo claro y a veces lo visualizo en mi cabeza. Su nombre no había vuelto a salir de mis labios desde entonces.

—Hola, Lía. ¿Qué tal estás?

Vaya él también ha recordado el mío, y ha recordado mi apelativo. Sonaban bien los dos juntos: Sam y Lía.

—¿Mi hermana? —consulto.

—Pues parece que no está aquí. Me ha llamado Toni para pedirme el favor de venir a buscarte al aeropuerto.

Viste un polo blanco y unos pantalones cargo verde botella. Sus iris color océano son alucinantes y me transmiten una electricidad palpable.

¿Cuánto ha pasado? ¿Dos años? Y menuda noche la que sucedió.

Intento relajarme. Estoy reventada tras el tedioso vuelo.

—Vale. ¿Cuándo ha llamado mi hermana? ¿Y cómo has quedado con ella? —Bufff, demasiadas preguntas, pero necesito alguna respuesta—. ¿Nos vamos?

Deja pasar unos segundos ante mi bombardeo y me da un repaso a la ropa que llevo.

—A ver, me han contactado hace un par de horas, por si me podía pasar a recogerte, que ellos tenían cierta prisa en llegar al hotel.

Una llamada internacional, creo que ha dicho Toni.

Ya sabes, el trabajo siempre de por medio.

Y tu hermana ha sugerido que, como ya nos conocíamos de cuando su boda, pues que prefería ir tirando.

¡Qué lista mi hermana! Arregla dos asuntos de un zarpazo.

—No los has visto, entonces.

—Nooo. Me han contactado por videollamada, así charlaban los dos a la vez. María se lo comía a besos, supongo que querían empezar bien las vacaciones, pues los he visto muy acaramelados. Algo de trabajo como te he dicho también, pero no sé yo.

Su sonrisa pícara lo delata. A saber a qué venían las prisas de esos dos.

—Esa es mi hermana. Y eso que le dije que me esperara, pero la entiendo. Demasiadas horas en el aeropuerto.

Mientras, lo observo y nuestras miradas reconectan.

Recuerdo vagamente lo que sucedió aquella noche.

Bueno, tal vez no tan vagamente. Fueron unas horas alucinantes.

Se largó sin decir nada y ahora no sé si debería preguntarle por aquella huida, qué le pasó, los motivos.

Aunque tal vez lo haga más adelante. En estos momentos necesito llegar cuanto antes al hotel y darme una ducha.

—Por las indicaciones del panel, la espera era de varias horas y, como trabajo aquí al lado, han pensado que yo podía hacer de taxista.

—Ya veo. ¿Está el coche muy lejos?

—Fuera. ¿Te ayudo? —Dirige la mano hacia mi maleta, pero no le dejo.

Los ruedines están algo desgastados y producen un ruido que hacen que las personas con las que nos cruzamos se giren para mirarme. Es necesario que me compre una nueva.

Empiezo a caminar hacia la salida.

—O sea que te toca llevarme y luego volver al curro.

—No —contesta—. Por hoy se acabaron los informes. He agilizado varios trámites en cuanto me han llamado y hasta mañana no me esperan. Además, me han invitado a cenar.

—Vaya, vaya con la parejita. Te enchufan a la hermana y encima te hacen quedar con ellos.

—Toni es genial. Cuando nos vemos me encanta charlar con él. Y con María, por supuesto. Si esta vez se apunta la hermana pequeña —me guiña un ojo—, no hay problema. Y puede ser hasta divertido.

¿Por qué habrá dicho eso?

Caminamos por la terminal. Vamos bastante cerca el uno del otro, la maleta a un lado y nuestras manos se tocan. Dirijo la mirada hacia ellas y evito que se acerquen de nuevo. No es momento ni lugar.

—¿Qué tal estás? Hace tiempo que no nos vemos. Te veo bien —comenta Sam.

—Normal, como siempre. Bueno, tras este viaje estoy muy cansada. No pensaba que llegar a las islas sería tan complicado.

—De normal, no lo es. Pero si te suceden tantos contratiempos como te han pasado a ti, pues… —se encoge de hombros .

—Ya —rebufo, y tiro de la maleta, que empieza a pesar un poco. Hago un par de círculos con los hombros para descargar la espalda. Creo que necesito un masaje.

—De verdad, ¿no quieres que te ayude?

Niego y su rostro expresa rendición. No va a volver a pedírmelo.

—A ver si el sol de la isla hace que mejores.

—Es lo que espero.

—También necesitas un buen descanso.

Eso es lo primordial. Me ha calado a la perfección.

Lo sigo a un par de pasos en busca del transporte que me llevará cuanto antes a mi destino.

De repente, me choco con él. Se ha detenido para ceder el paso a una familia que se dirige con prisas a la terminal de salidas.

Me embriago de su aroma; huele tan bien como recordaba.

Sacudo la cabeza y enredo un rizo entre los dedos.

Vagos recuerdos revolotean por mi mente.

Ha sido verlo y pensar que aquello que sucedió en la boda de mi hermana podría volver a suceder.

¿Por qué? Tal vez él no lo desee. O sí. Aunque se largó; una huida en toda regla.

Salimos y un tiempo inadecuado para lo que vengo buscando nos da la bienvenida. Me detengo a su lado y lo miro perpleja.

—En Canarias a veces también llueve —explica.

—Pues no debería. Estoy de vacaciones y necesito que el tiempo me acompañe.

¡Vaya por Dios! Esto es un desastre. Esperaba llegar y darme un baño en la piscina o en el mar si no está muy lejos. Es verdad que no hace frío, pero estas gotas son tediosas y así no van a empezar bien mis primeras horas de vacaciones.

—Lo siento. —Se muerde el labio inferior conteniendo una sonrisa burlona.

—Sí, ya ves. Parece que las vacaciones van a ser raras.

—¿Por qué dices eso?

—A ver, enumero. Uno, el viaje hasta aquí ha sido irregular de cojones. Dos, mi hermana y su marido me han dejado tirada contigo, que ni tan mal, pero, bueno. Y tres, está lloviendo. No sé…, podían haber empezado de una manera más apacible, con más encanto, ¿no crees?

—Nos hemos vuelto a ver después de…

Entrecierra los ojos para calcular el tiempo transcurrido y se le forman esos hoyuelos. Tengo que dejar de mirarlos.

—Dos años.

—Eso. Y a mí me ha gustado bastante volver a cruzarme contigo. Tiene su magia.

Sonrío. Saboreo sus palabras. A mí también me ha parecido guay verlo otra vez.

Abre un paraguas y me sitúo a su lado. Nos acercamos a un jeep negro. Coloco el equipaje en el maletero. No deja de llover y nos mojamos, pues el resguardo que tenemos no nos tapa por completo. Nos montamos y enciende la radio. Un locutor empieza a hablar.

—¿Qué te apetece? —me consulta, y me gusta que haga eso.

—Me da igual. Lo que escuches normalmente.

Mueve el dial para que suene música e iniciamos el trayecto hasta donde se encuentra el hotel, en el que me espera mi hermana. Espero que no haya vuelto a dejarme tirada.

Cierro los ojos y me acomodo en el asiento.

Las imágenes de aquella noche vuelven a mi cabeza.

Supongo que tenerlo tan cerca provoca eso en mí.

Lo pasamos bien. Más que bien. Si no recuerdo mal, fueron tres veces y a mí me habría encantado repetirlas a la mañana siguiente.

No se encontraba en la habitación al volver a abrir los ojos y no he vuelto a saber de él hasta ahora.

Cuando mi cuñado me dijo que tenía novia, me quedé un poco confundida. Más que nada, porque no la había mencionado en ningún momento de la noche. Yo le había hablado de Carlos, de mis problemas y él solo me escuchaba.

Supongo que prefería que fuera un secreto para poder acostarse conmigo. Es lo que supuse.

Pero, bueno, eso que disfruté.

Es verdad que preferí luego mantenerlo en secreto. No me gustó quedarme a solas ni que me ocultara que salía con otra, por eso no se lo mencioné a nadie. Si él escondía a una novia, yo podía no mencionar esa noche de sexo.

Decidí que no le pediría el teléfono a mi cuñado para contactar, no hacía falta.

Seguro que su relación era más que conveniente si yo no estaba cerca.

En alguna conversación, cuando se han reunido con los amigos, hablan de Samuel y su nombre me produce ciertas cosquillas.

Pero logré apartarlo de mis pensamientos y la lujuria de aquel momento quedó relegada a un bonito y sensual recuerdo.

Unas horas intensas junto a un pecho delicado, unos labios sugerentes y cierta ternura en su tacto. Nada más.

No es que me avergonzara, pero no tenía por qué desvelárselo a mis allegados. Bueno, a la única que se lo expliqué fue a Alice.

Y, cuando se lo cuente ahora, de nuevo se va a alegrar. Seguro que se le pasan por la cabeza un montón de tonterías para que lo que ocurrió aquel día vuelva a suceder.

Abro un ojo para observarlo sin ser vista. Está igual de atractivo. Tal vez con un poco de barba y el pelo más largo. Mantiene el mismo bronceado y el olor a limón que recuerdo.

¿Llevará todavía esos caramelos?