Capítulo 12
LÍA
Agosto, dos años después
Llego a la oficina temprano. Suena el teléfono y la voz dulce de la responsable de Recursos Humanos me sorprende. Me dirijo hasta la sala de reuniones, donde me está esperando, y los papeles frente a ella me dejan alucinada.
Estoy de patitas en la calle.
Empecé a trabajar de administrativa en esta multinacional hace dos años, poco antes de dejar a Carlos.
Unos meses después apareció por la oficina un hombre con traje de Armani como nuevo consultor de finanzas y al principio ni me fijé, pero tras un tiempo, alguna que otra miradita y más de una conversación con Félix, pues me lancé. Y salió bien.
Un año fantástico que llegó a su fin igual que la relación; empezó a flojear, ya no éramos el uno para el otro. Se desinfló y lo dejamos.
Y ahora tampoco tengo trabajo.
Llamo de inmediato a Alice y, en cuanto acaba su turno en la tienda, se acerca a casa. Necesito llorar mi pena. ¿Por qué todo me pasa a mí? Me había costado encontrar ese curro y, cuando ya había pasado un ciclo en las tareas y me sentía cómoda con lo que hacía, van y me dejan sin él.
Odio sentirme así.
Tengo una caja entera de pañuelos, he comprado más de una tarrina de helado y unos cuantos paquetes de palomitas.
—¿Qué peli pongo? —pregunta Alice.
—Solo quiero llorar. Cualquier drama me vale.
El viernes se acaba pronto y Alice no me deja a solas. El sábado ponemos alguna comedia y se cuelan un par de pelis de miedo que nos hacen gritar y me permiten desahogarme. El domingo por la noche Alice me deja a solas y yo apenas tengo ganas de hacer nada.
Mover mi cuerpo me parece odioso y pasar por la ducha, necesario pero inoportuno. Tengo que activar mi currículum y retomar contactos para encontrar un nuevo trabajo.
No me apetece nada de nada.
Nada en absoluto.
Nada en estado puro.
Vibra el teléfono cuando acabo mi segunda taza de café, que es lo único que he hecho esa mañana, y la voz de mi hermana me despierta con su entusiasmo.
—Te vienes con nosotros de vacaciones. Nos vamos a Tenerife. Toni ha alquilado una casa por un mes y no debes preocuparte por los gastos.
No es una pregunta, me doy cuenta por su tono de voz. Ese de hermana protectora.
—Gracias, María. Prefiero estar sola en mi piso. Me repondré de inmediato y buscaré algún trabajo.
—Vaaa, no digas eso. Es verano, ahora no vas a encontrar nada decente.
Te vienes con nosotros y retomas tu periplo a la vuelta.
Sabes que Toni siempre se lleva algo de trabajo con él y seguro que me deja abandonada en más de una ocasión.
Podremos disfrutar de la isla. Es un viaje de los que te gustan.
—No insistas, no me apetece. No creo que sea una buena compañía.
—A ver, que no me vale un no por respuesta. Tú te pagas el vuelo, para que no se diga que no colaboras, y del resto nos encargamos nosotros.
Sonrío al pensar en la frase «a gastos pagados».
Pero ¡qué cojones! No está mal la idea.
—¿Puedo pensarlo?
—Claro, aunque no tardes. Toni ha reservado una villa en un hotel de lujo, por lo que no creo que haya problema con tu estancia. Solo tendremos que avisar en recepción. Cuanto más tarde te decidas, más caro te saldrá el vuelo.
—Vale, María. Dame unos días y te digo qué he decidido. No me presiones.
—No lo hago, cuido de ti. Sé que con nosotros estarás mejor que aquí.
—Aquí estaría con Alice. Por cierto, ¿puedo invitarla?
—¿A Alice?
Noto que se lo piensa. No sé si una persona adicional será lo adecuado, pero no estaría de más sentirme bien arropada por mis dos personas favoritas. Alice es abierta, divertida y un mundo con una luz propia, será una buena compañía si accede.
—Si lo puede combinar con el trabajo y le apetece, os hacemos hueco a las dos.
—Hablo con ella.
Tres días después, tengo la reserva en mis manos. Alice se va con una pelirroja, que no soy yo, a hacer el camino de Santiago, por lo que no se apunta. Me parece una idea superacertada. Las hubiera acompañado si casi no me hubiera comprometido con mi hermana.
—¿Has tomado una decisión? —contesta María al teléfono tras tres tonos.
—Yo…
—Te dije que no me vale un no por respuesta. Nos vamos en tres semanas y he consultado con el hotel. Sin problema. Toni tiene que cerrar varios asuntos, o sea, que va con demasiados expedientes a unas vacaciones que son de relax. Te necesito.
—María, no me has dejado pronunciar palabra. Te iba a decir que ya tengo el vuelo.
—¡¿Cómo?!
—Ayer Toni me dijo los días y las horas que salíais vosotros. Volvemos en el mismo vuelo y para la ida salgo en el que va detrás del vuestro, por lo que ve preparando el chalecito, que la nena se va a la playaaaa.
Ambas nos reímos. Y solo con oír sus carcajadas me siento bien. Sé que he tomado la mejor decisión al acompañarlos. Reconfortarán mi corazón, me ayudarán en lo que necesite y podré divertirme.
—¿Tienes el billete? —me pregunta María en cuanto accedemos al aeropuerto.
Lo saco del bolso y se lo enseño a mi hermana. Miles de pasajeros buscan su vuelo.
—Soy despistada, María, pero sé que no me lo puedo olvidar si nos vamos de viaje.
—¿Y el pasaporte?
Mi hermana es controladora en estado puro. ¿Y si no lo he traído? Tendría que habérmelo preguntado al recogerme en casa.
—No lo necesito, lo he cogido por si acaso. —Meto la mano en el bolso y con gestos cómicos se lo pongo frente a los ojos—. Sabía que me lo pedirías.
—No soy tan quisquillosa como pretendes con esos aspavientos.
—¡¡Que no!!
¡Algo así iba a pasar! Si no, de qué iba a coger yo el pasaporte con el miedo que me da perderlo por ahí. Mi hermana me abraza y me da un sonoro beso en la mejilla.
Toni se acerca arrastrando el carrito en el que están sujetas las maletas y, sin pensárselo mucho, lo deja a un lado y se une a nuestro abrazo.
—¡Yo también os quiero!
Será payaso.
—Venga, por Dios —expreso indignada, y me separo de ellos—. ¡¡Nos vamos de vacaciones!! A divertirse.
María, ilusionada, da un pequeño saltito y yo la imito.
Aunque no me puedo creer que por fin estemos aquí los tres.
Pasar junto a mi hermana un verano no era una decisión tan descabellada.
María y Toni acceden por la puerta de embarque de su vuelo.
—Chicos, nos vemos en un par de horas. No hagáis maldades en el avión ni mientras me esperáis —los despido. Yo tengo que esperar una media hora.