Capítulo 11
LÍA
Abro los ojos muy despacio. No se oye ningún ruido a mi alrededor y los rayos de sol se cuelan por la ventana. Me siento cansada y dolorida, aunque satisfecha. Parpadeo un par de veces para vislumbrar la estancia.
Las cortinas ondean ante la ventana abierta y el olor a tierra mojada inunda mis fosas nasales. Sonrío al recordar dónde me encuentro, con quién he pasado la noche, y me animo a desperezarme, a activarme para iniciar un nuevo día.
Me giro para observar su rostro, ese cuerpo que me ha hecho sentir la mujer más maravillosa del planeta. Ha sido una noche que no olvidaré por un tiempo.
Encima de la almohada solo hay una flor junto a una nota.
Ningún rastro de Sam por la habitación, ningún ruido en el baño.
Recuerdo que dijo que se daba una ducha y volvía a la cama. Me dormí. Estaba demasiado cansada después de lo ocurrido, pero su contacto me habría despertado.
Me incorporo para mirar por la estancia y no doy con él. Estoy sola en la suite . Cojo la nota y la leo:
«Nos vemos pronto»
¿Eso qué significa?
No entiendo qué esconden esas tres palabras y por qué se habrá ido sin despedirse.
¿Estará abajo, en el comedor, tomando el desayuno?
Me doy una ducha rápida y me visto con lo primero que saco de la maleta. Bajo y lo busco entre la gente que aún queda en el recinto. Dibujo una sonrisa en mi rostro.
Muchos de los invitados, que han pasado la noche en la masía me saludan, algunos incluso me felicitan por la organización del día de ayer. Fue una boda memorable, en todos los sentidos, y me lo hacen saber.
No hay rastro de él, no encuentro a Sam.
Pues parece que sí que se ha largado. Será imbécil. Con lo bien que lo pasamos anoche. Creo que un «adiós, esto ha sido sexo sin más» hubiera estado mejor.
No me gusta que me traten así, pero, si es lo que él quería, pues ya está. Yo lo pasé genial, disfruté de él, de mí y de lo que me hizo sentir. Lo recordaré durante bastante tiempo.
Salgo, por si acaso doy con él fuera, y paseo por el jardín. Recuerdo la noche anterior y me acerco hasta el banco donde todo empezó. Las copas siguen ahí. Las recojo y camino de vuelta al recinto.
De repente, el fogonazo de un recuerdo estalla en mi cabeza. Una llamada telefónica antes de que él entrara en la ducha y que yo cerrara los ojos. Cogió el móvil en la penumbra y se encerró en el baño para hablar con quien contactara con él a altas horas de la noche, o casi ya de madrugada.
Susurraba. Eran palabras cariñosas.
¿Tendrá eso algo que ver con su desaparición?
Alguien grita mi nombre. Es mi cuñado, que se acerca a paso ligero y con una sonrisa de oreja a oreja. Cuando lo tengo enfrente, me da un gran abrazo.
—¿Qué haces aquí tan temprano? ¿Dónde está mi hermana?
—He bajado a por provisiones. María no tiene fin y yo no aguanto más —responde Toni.
—Ufff…, no me des detalles. —Giro el rostro, no puedo ver tanta felicidad.
—¿Buscas a alguien? —me pregunta curioso.
—A Sam. ¿Lo has visto?
—Ayer por la noche desapareció, apenas lo vi por la fiesta.
Cierro los ojos y veo su cuerpo desnudo y musculoso en la cama, a mi lado. Normal que nadie supiera de él. Estaba conmigo.
—Y no he vuelto a saber nada de él hasta esta mañana —continua explicando Toni—.
Me ha enviado un mensaje diciendo que nos abandonaba.
Por lo que he leído entre líneas, su novia lo ha llamado.
Supongo que hay problemas en el paraíso.
Por lo que, de nuevo, como viene siendo habitual en él, nos deja a los colegas sin su presencia. Habíamos quedado que…
El discurso de Toni se diluye en mi cabeza. Apenas lo oigo. La palabra novia me ha dejado noqueada. ¿Por qué no la mencionó anoche?
¿Se ha ido porque la ha fallado acostándose conmigo?
—Lía, ¿estás aquí? —me pregunta Toni.
—Sí, sí. Perdona. Gracias por la información. Por cierto, despídete de María, que me voy a casa. ¿Has visto a Alice?
Aquí ya no tengo nada que hacer y, si no puedo repetir algo de sexo con Sam, pues se ha largado así de muy malas formas, mejor me voy a casa, con los míos.
—Creo que ella se fue ayer. Si no vi mal, iba bien acompañada. Por cierto, a ti tampoco te vi. Te desvaneciste igual que Sam. ¿Dónde estabas?
Parece que con el nuevo desaparecido. Es algo que nos viene al pelo.
—En la habitación, descansando. —Aunque sé que es mentira, qué le voy a decir—. Toni, dile adiós a mi hermana. Nos vemos a vuestro regreso de Maldivas.
Toni me da un beso en la mejilla y se dirige hacia el interior del recinto.
Recojo mis cosas de la habitación y vuelvo a la ciudad.
En el trayecto de vuelta aparecen en mi mente momentos excepcionales de la noche pasada junto a Sam. ¿Por qué se habrá ido? Una nota demasiado sencilla. Pero si él no quería nada, yo tampoco.
No lo mencionaré, no quiero que lo sepan ni mi hermana ni Toni. No hace falta.
Ellos no han disfrutado lo que yo y, si nadie lo sabe, parecerá que no sucedió.
Bueno, a Alice sí se lo contaré. Marco su número y, aunque es pronto, me atiende.
—Dime.
—¿Dónde estás?
—En casa. ¿Y tú? ¿Qué tal la velada con ojos azules?
—Pues bien y mal.
—¿Qué quieres decir? ¿No folla bien? Os vi cuando acudisteis al hotel.
—¡Alice, por Dios esa boca! Y, sí, en lo que insinúas fue brutal, una noche de escándalo.
—Oigo la risa de Alice a través de la línea—.
Llegamos a la habitación, fueron horas de maratón, pero luego se ha largado sin decir ni mu.
Y Toni me ha dicho que tiene novia. Si lo hubiese sabido, ni me habría acercado.
—¡Qué cabrón!
—Pues eso. Ahora regreso a casa y he pensado que podrías acompañarme. No sé, están aún los trastos de Carlos por en medio y me da pereza moverlos. Te acercas, charlamos, te doy detalles de mi noche y… —Una carcajada se nos escapa a ambas.
—Olvídate de una vez de ese imbécil. Despido a la monada que tengo al lado y en veinte minutos estoy en tu piso. Prepárame café. Y empieza a tomar notas mentales de lo que me has de contar. Quiero detalles suculentos de esa alegría en el cuerpo que te has echao . Menuda suertuda.
—Vale, dejemos la conversación para cuando llegues. Que a ti tampoco se te ha dado mal por lo que has insinuado. Paso por el súper antes y pillo leche de soja, que creo que no queda.
—Perfecto. Te quiero.