Besos con sabor a limón (Besos con sabor 1) Capítulo 6
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Capítulo 6

SAM

He bailado con ella.

Ha sido sublime.

Lía.

Natalia.

Mi corazón aún busca qué nombre le queda mejor, aunque lo tengo clarísimo.

Igual que mi amigo Toni. Él siempre ha tenido magia para esto de asignar nombres a las personas.

En mi caso, Samuel es más una reivindicación por su parte para darle la razón a mi madre; ella que siempre ha querido que lleve ese nombre con solera, como mi abuelo.

¿Por qué habré recordado justo esto ahora?

Al acabar la universidad, mi abuelo contactó conmigo.

Era conocedor de lo que había estudiado y, aun así, me dijo que buscaría la manera de que hiciera lo que me gustaba en la empresa, algo bastante complicado, pues se dedican a las letras.

Para que yo formara parte de su imperio, me ofreció un puesto directivo y un puñado de acciones, que poseo y de las que no me ocupo.

Era una alternativa que no me ilusionaba y fallar a mi abuelo no entraba en mis opciones, por eso no lo vi claro y no lo acepté.

Cuando entré a trabajar en la farmacéutica, mi abuelo vio un posible filón. Querían diversificar la compañía y me pidieron que buscara una línea de financiación, un proyecto de investigación en el que la editorial pudiera invertir y que me hiciera feliz, pues trabajaría en algo que me interesaba.

Volví a negarme y odié hacer eso, sobre todo porque estaba viendo el declive de mi abuelo y el ascenso de Gabriela, que pisaba aquello que se interponía entre ella y sus intereses.

Mi abuelo no se encuentra bien y estoy preocupado por su situación.

Mi padre dice que no me alarme, que, aunque cada vez está peor, hacen lo posible para que mejore y ponen los medios y recursos a su alcance.

Lo malo es que a veces no sé si creerlo.

Es su progenitor y creo que yo velo más por mi abuelo que él.

Matías y Gabriela son los gestores actuales de la editorial. La enfermedad del abuelo los hizo ascender unos peldaños y apenas necesitan su firma. Además, sé que están en trámites para incapacitarlo.

Odio ver a mi abuelo así y de vez en cuando regresan a mí las opciones de dejar mi trabajo y ocupar en la empresa ese puesto directivo que tanto odio.

Los números fallan, las ventas no mejoran y mi padre deja hacer a Gabriela lo que quiere.

Recuerdos de mi hermana Julia vienen a mi mente. Cuando mi madre descubrió la mentira que mi padre llevaba ocultando unos meses, le hizo daño, y que de esa artimaña naciera mi hermana, mucho más.

Los primeros meses, e incluso sus primeros años, los viví apaciblemente.

Iba a visitar a mi padre de vez en cuando y podía estar con ella.

Al acabar la universidad y regresar con mi madre, el tema se complicó.

Gabriela empezó a sacar sus zarpas y a poner sus normas, que incumplía y me impedían acercarme.

Hago lo que puedo por verla y lo que más me duele es que Julia me adora. Una personita que espero que cumpla sus sueños; los suyos propios, no los de otros. Aún tiene que crecer, disfrutar de su niñez y ser feliz. Eso es lo que busco cada vez que me encuentro con ella.

Observo a los invitados. Estoy en una fiesta y es obligatorio que lo pase bien.

Con ella, con Natalia. No, mejor Lía, ese apelativo le queda a la perfección. Rodea sus curvas con delicadeza, la musicalidad de las tres letras la envuelve y desprende una dulzura que aún no sé cómo he podido rozar. Ahora parece que nuestros caminos se han unido.

Qué error más grande estoy cometiendo. Pasear bajo la luz de la luna junto a ella.