Besos con sabor a limón (Besos con sabor 1) Capítulo 4
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Capítulo 4

SAM

Durante un tiempo ha estado sola sentada en medio del salón. Sus labios han rozado el cristal de la copa y me habría encantado ser el líquido que saborea y colarme por su boca.

Su amiga baila en la pista. Y ahora ella ha decidido acompañarla.

Yo debería haber permanecido sin moverme ni un ápice de la esquina en la que me encontraba.

Pero he sido débil.

En mi trabajo en la farmacéutica soy cuidadoso, metódico y muy paciente. No sé qué me ha ocurrido para no hacer caso a mi mente y romper la norma que me he impuesto.

Me he acercado a ella con sutileza. Un lince en estado de caza. Paciente y sigiloso.

Le he dirigido unas palabras, con una insinuación velada que ella ha pillado al vuelo. Su contestación ha sido dura, no me quería a su lado y solo pretendía quitarme de en medio. Pero estoy convencido de que su corazón también se ha saltado un latido cuando hemos conectado .

Regreso a mi silla y, aunque verla me apabulla, retazos de mi vida se agolpan de nuevo en mi mente.

Mi abuelo Samuel creó el grupo editorial De la Riba con mucho esfuerzo. Hasta que llegó un día que prefirió disfrutar de las tardes leyendo los manuscritos que acudían a las mesas de los editores, envolverse de la magia de esos mundos que creaban escritores noveles y no tanto.

Fue el momento de ofrecerle el puesto a mi padre, Matías. Unos años buenos, en los que la empresa creció y mi abuelo encontró lo que buscaba con el relevo generacional, aunque sin apartarse demasiado.

Cuando cumplí los dieciocho, mis padres se separaron.

Y no fue de mutuo acuerdo. Mi padre mantenía una relación con su secretaria, Gabriela, una villana en toda regla, y esta esperaba un bebé que nacería en apenas siete meses.

Una persona odiosa que no vimos llegar, una abeja que pululaba alrededor de la miel y que se convertiría en la reina del panal si no poníamos remedio.

Mi abuelo Samuel propuso a la junta la destitución de su hijo, pues no creía en el tándem que había formado con esa mujer y quería resguardar su patrimonio. Durante unos años aguantó bien el rumbo de la empresa y redirigió a mi padre y a esa nueva familia que estaba construyendo.

Mi madre y yo volamos lejos. Nos resguardamos en las islas Canarias, alejados de lo que nos podía hacer daño.

Fue una época extraña pero entre los dos salimos a flote.

Estudié la carrera que me gustaba en Barcelona, con mi amigo Toni.

En esos años forjamos nuestra amistad. Y los fines de semana que me acercaba al que ahora es mi hogar ahondaba en la relación con mi madre y en lo que deseaba e imaginaba para mí.

Yo no necesitaba ser parte del negocio familiar. La biotecnología era lo mío, a lo que me quería dedicar, y mi abuelo me comprendía. Sé que él apuesta por mí y, aunque le gustaría que lo ayudara con mi padre, en estos momentos no es posible. Demasiada tensión con su actual esposa.

Cierro los ojos y, al abrirlos, descubro que ella me está observando. Qué delicia. Alejo estos pensamientos que no me dejan concentrarme en lo importante. Ella.