Besos con sabor a cereza (Besos con sabor 3) Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

—Ellas no forman parte de tu núcleo, y menos esa pelirroja impresentable.

—Siguen estando en mi vida. Con Carla y Nerea hablo de vez en cuando. Y con Berta…, ya sabes cómo acabó.

—Serás tonta. Ellas no deciden en tu vida.

—Lo sé, y creo que el proyecto en el que me estoy embarcando es tan chulo que solo puedo pensar en él.

—Pues céntrate en eso y deja de mirar atrás.

—Bueno, ya veremos. Te iré contando sobre cómo evoluciona la parte laboral y ahora déjame trabajar.

—Pero si son las diez de la noche…

—No creo que duerma. Tengo demasiados números y escenarios que revisar.

—Mándame un mensaje mañana. Solo para saber que sigues viva.

—Claro.

Y aunque mi mente va a divagar por todas esas posibilidades, debo pensar con claridad cómo actuar y seguir en este proyecto.

He quedado con mi padre. Hace un par de semanas que le envié el plan de negocio definitivo y, tras algunos ajustes —en particular en las previsiones de tesorería y el calendario de apertura—, está listo para su «presentación en sociedad».

El día que me lo dijo así, tan casual, me reí, a carcajadas, por puro desahogo, porque por dentro los nervios me devoraban.

Ha movido el documento entre algunos contactos de confianza y parece que tenemos un posible candidato.

Llego al despacho y la secretaria me pide que espere unos minutos. Intento revisar mentalmente los números: inversión inicial, punto muerto, flujo de caja…, pero mi cabeza solo me repite una frase: esto ya no es un juego.

La puerta se abre.

—Puedes pasar. —Mi padre no sonríe, pero sus ojos sí.

Entro en la sala de reuniones y compruebo que hay cuatro personas trajeadas, con sus portátiles abiertos, a la espera de que entre y tome asiento.

Son los miembros de Antón, Medina y Asociados, un fondo de inversión y consultoría estratégica que trabajan en bastantes ocasiones para la cadena de moda.

Esa de la que hasta hace bien poco yo era una empleada y de la que mi padre forma parte. Es el director de Operaciones.

Levanto la tapa de mi ordenador y dejo la carpeta con los papeles delante de mí. Respiro. Mi padre, a mi derecha, asiente. Todo está a su gusto.

—Enhorabuena, señorita Casadevall. Soy Carles Antón, socio fundador de Antón, Medina y Asociados.

Me acompaña Alfonso Medina y dos miembros más de la consultora —dice el hombre del centro.

Cabello canoso, voz seca y mirada que mide riesgos—.

Hemos revisado con detenimiento el documento que su padre nos envió.

Quería decirle que es muy sólido. Ahora queremos escucharla y entender qué aporta su proyecto al territorio y por qué deberíamos participar en su financiación.

Se hace un silencio mientras yo trago saliva. Mi padre ya me había avisado que son ejecutivos bastante agresivos y, aunque siento cierta cercanía, supongo que por el trato con mi progenitor, sé que no puedo flaquear.

Dirijo el mando al proyector para encenderlo y calmo mis nervios. Seré directa, clara y sin adornos.

—Gracias por su tiempo —empiezo a la vez que me pongo en pie.

Me sitúo al lado de la pantalla para que mi presentación se pueda ver sin que yo moleste—.

El Atelier de Serratona es una tienda de moda y experiencia creativa ubicada en la provincia de Lleida.

No quiero que sea solo un punto de venta.

Debe ser un espacio híbrido en el que incluiremos retail , talleres, comunidad local y turismo de proximidad.

Cambio de diapositiva.

—La inversión solicitada es de 240000 euros, distribuidos en: adecuación del espacio, stock inicial optimizado, marketing de lanzamiento y fondo de maniobra para seis meses.

Muestro con el puntero cada información.

—El punto de equilibrio está proyectado entre el mes 14 y 18, en un escenario bastante conservador. He estimado el margen bruto en un 55%.

Levanto la mirada. Las caras de los presentes no demuestran nada. Solo escuchan, atentos.

—No busco únicamente financiación. Creo que El Atelier de Serratona necesita socios estratégicos que crean en el proyecto.

Otro silencio.

—¿Por qué en ese pueblo? —pregunta Alfonso Medina—. No es un lugar conocido o que disponga de reconocimiento dentro del sector del retail.

Pienso antes de continuar. Dirijo la mirada a mi padre, que asiente en un breve gesto. Lo estoy haciendo bien.

El motivo de la elección de ese pueblo no lo cuento porque sería contraproducente para mi negocio, pero es un motivo contundente para mi persona.

—Porque el coste estructural reduce el riesgo operativo y hay turismo de fin de semana estable. Además, el comercio experiencial funciona mejor en entornos donde el cliente tiene tiempo y porque creo de verdad en el desarrollo económico local.

Uno de ellos asiente. El señor Antón y el señor Medina se miran y el cuarto revisa de nuevo los documentos. Parece que los estoy convenciendo. No puedo cantar victoria aún.

—¿Qué espera de nosotros? —pregunta de nuevo el señor Carles Antón, socio fundador y que parece lleva la batuta.

—He pensado en una financiación con participación minoritaria y añadiendo las cláusulas que crean convenientes.

Así como mentorización estratégica y acceso a su red de proveedores o similares que puedan ayudar en el proyecto.

Y más recursos económicos previendo una expansión futura si el modelo funciona.

Lo digo sin apenas pensar, un discurso bien aprendido.

—No quiero crecer rápido. Quiero crecer bien.

Apago el proyector y espero más preguntas. Entre ellos se miran, murmuran en silencio y hacen breves asentimientos de cabeza. Desde la distancia no distingo sus palabras y sus rostros tampoco desvelan nada.

Cierran los portátiles y las carpetas.

—Estudiaremos la propuesta y le daremos respuesta —anuncia el señor Antón.

Se ponen en pie y me estrechan la mano antes de despedirse de mi padre.

—Lo has hecho bien.

—Gracias, papá.

Ahora queda esperar. Y no sé si estoy preparada para eso. Porque un no dolerá y un sí cambiará demasiadas cosas, pero me acercará a Serratona y a esos ojos y ese sabor a cereza que ya no consigo olvidar.