Capítulo 13 #2
Me giro para observar las mesas y descubro varios rostros agachados y grupitos de jóvenes señalándose entre ellos. No sé si de ahí saldrán Hermia y Lisandro o habrá que apuntarlos a dedo como ha dicho Ángela. Al final alguno levanta un poco la barbilla y parece que tienen al vencedor.
—Venga ahora vienen dos que son el caos: Helena y Demetrio —se ríe Sandra—. Ella está enamorada de él; él está enamorado de Hermia, por lo que la van a liar. Necesitamos a dos cómicos sin vergüenza que no les importe exagerar y reírse de lo que se les presente.
Una explosión de risas y voces se alza tras oír a esos personajes. La lista va a ser larga y resultará complicado escoger quien la representará.
Angelines habla con María, intentando explicarle algo por encima del barullo. Me giro para escucharlas.
—Yo iré otro día, cuando pueda decidir qué papel me gustaría interpretar.
—Yo lo tengo claro —sugiere Angelines.
—Lo que no sé es si quiero salir en la obra.
—¿Y tú, Alice? Creo que tienes dotes de artista.
—Tengo que pensarlo. Además, no vivo aquí y no sé cómo iría a los ensayos.
La presentación de personajes continúa y ver la espontaneidad de Ángela en la tarima me hace preguntarme si podría organizarme para estar aquí cuando se me requiera para la obra. Solo por verla puedo hacer malabares.
—Oberón y Titania, los reyes de las hadas —continúa Ángela con tono solemne—. Temperamentales, poderosos y teatrales. Creo que Dolors y Vicente son los ideales para estos papeles, aunque no quiero que parezca que lo hago a dedo. Si alguien más se presenta, está en su derecho.
Dolors, cerca de nuestra mesa, se gira al oír su nombre y abre mucho los ojos, sorprendida. Una sonrisa empieza a iluminarle la cara. Endereza la espalda, levanta un poco la barbilla y le lanza a Ángela una mirada de agradecimiento.
—Venga, y ya solo quedan dos de los principales: Puck, que es el liante mayor del reino —señala Sandra—.
Travieso, bromista, ágil. Alguien que sepa hacer de gamberro simpático.
Y, por último, Bottom o Cabeza de Burro, que es el bocazas entrañable.
Un actor aficionado que se cree mejor de lo que es.
Necesitamos a alguien que no le importe hacer el ridículo con algo de estilo. Sería el ideal.
—Pues ya estamos —anuncia Ángela—. Ahora, aquellos que queráis participar, acercaos y decidnos qué personaje os gustaría interpretar.
Pensad que luego hay secundarios, necesitamos gente para hacer bulto y muchísima más para ayudar con el escenario, el vestuario, la música…
Por lo que aquel dispuesto a aportar su granito de arena será bienvenido.
Y recordad: después de hoy también podéis apuntaros.
Esto no se acaba aquí. No hace falta que os amontonéis —añade.
El público ríe y yo también. Han estado brillantes y así se lo digo a María.
He conocido a una Ángela divertida, organizada, implicada con los suyos y dispuesta a darlo todo. Si ya me gustaba, ahora es imposible ignorarlo.
La gente empieza a moverse entre las mesas.
Ya hemos cenado, así que es el momento del desfile de postres caseros: bandejas de coca de vidre , bizcocho, pasteles improvisados, galletas que desaparecen en un suspiro…
Mientras, la cola frente a Ángela y Sandra es abrumadora.
Cada vecino quiere dar su nombre para apuntarse, ofrecerse a ayudar o aportar material para la obra.
Las observo desde lejos. Me haría ilusión participar, me han vendido muy bien el proyecto, pero la distancia todavía es un problema. Que tal vez solucione pronto, aunque todavía sigue siendo una incógnita.
Una hora después apenas queda gente. Angelines decide llevarles unas galletas y yo la acompaño. Tengo que acercarme de nuevo, averiguar qué ha sucedido hace apenas unas horas.
A unos pasos de llegar, el rostro de Ángela se tensa mientras mira la libreta que sostiene entre las manos.
Es un gesto rápido, casi imperceptible, pero evidente para quien la esté observando, como yo.
Frunce el ceño, parece que algo en los papeles que revisa la hubiese pinchado por dentro y siento, durante un segundo, que se va a desmoronar.
Me inclino hacia delante, preparada para sujetarla si cae.
Pero se recompone de inmediato. Levanta la vista y recorre la sala buscando algo o a alguien. Sacude la cabeza y vuelve a centrarse en los papeles.
Pero su postura ya no es la misma. Está más rígida. Más alerta. Ni siquiera se ha dado cuenta de que nos aproximábamos.
Cuando estoy lo bastante cerca, y sin querer molestarla, pregunto en voz baja:
—¿Qué te ha pasado?
—¿Cuándo? —responde al instante, demasiado rápido.
—Ahora mismo. Has puesto una cara rara y te has quedado blanca. ¿Quién se ha presentado que no esperabas o qué papel quiere? —bromeo, intentando suavizarlo.
Porque algo le ha pasado.
—Nada —zanja.
Se pone en pie y se acerca a Sandra para recoger los papeles.
Lo que ha sucedido antes parece que la ha alejado un poco más de mí, si no es que ya lo estaba antes. Porque sigo sin comprender su acción. Porque el sabor de sus labios aún lo percibo en los míos. Y porque, durante un segundo, cuando he respondido al beso, he pensado que…
No. No debería darle más vueltas.
—Yo os he traído galletas —anuncia Angelines, ofreciéndoles el tupper lleno.
—¡Gracias! —responde Sandra, llevándose una a la boca.
Ángela niega con la cabeza, distraída, como si ya no estuviera con nosotros.
No digo nada, pero algo en mi pecho se encoge. No sé qué ha leído ni por qué le ha afectado así. Solo sé que lo he visto. Y que ella ha hecho lo posible para que yo no lo notara. Intentaré olvidarlo. No soy nadie para ella o eso me repito.