Bésame por logística 84 NOVIA DE MENTIRA
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84 NOVIA DE MENTIRA

Las últimas horas de mi vida han sido como si dos bombas hubieran explotado a mi lado. La primera me ha dejado sordo, pero la segunda ha reventado mi brújula.

Llevo unos minutos en casa; he dejado las zapatillas en medio de la entrada y el abrigo tirado sobre la isla de la cocina. Estoy en medio de las estancias, tengo el móvil en la mano y la enorme necesidad de hacer algo y no saber el qué.

Por eso no hago nada.

Sus mensajes, todavía iluminados en la pantalla, lejos de permitirme entender lo que acaba de pasar, me han confundido más.

Dev… Joder…

Se ha blindado.

¿Debería darle una vuelta más a lo que me ha dicho Nil? No sé si lo he procesado bien. Pero es que Deva ha roto todo lo que teníamos… Y no sé si puedo pensar en otra cosa.

¿Qué he hecho mal?

Esta mañana…

Esta mañana éramos perfectos.

Intento llenar el pecho de aire, pero no puedo, o no del todo.

Dejo el móvil en la isla central y me sirvo un vaso de agua fría, parece que hace siglos que no bebo algo. El frío me despeja un poco la mente y la sensación de que en mis pulmones no cabe más aire se disipa un poco.

Nil y Nora… Si empiezo por ahí es más manejable.

Porque entiendo que la relación que tienen no está basada en ese embarazo, no se dieron prisa en ir a por el bebé una vez decidieron estar juntos y…

Nil no fue el suplente. Qué jodido que lo haya pensado así, y qué jodido que ahora sienta que la relación entre ellos ya no me pesa.

Me froto la frente y bajo mi mano hasta hacer lo mismo con mi barba, y entonces me acuerdo del beso que tendría que haberle dado a Deva antes de salir del coche, cuando hemos llegado al hospital.

Desde que empezamos a dejarnos llevar no me guardé ninguno, ¿por qué ese sí?

Tendría que haberla besado tanto como quería hacerlo.

Ha roto lo que teníamos.

¿Es definitivo?

Doy unos pasos hacia el salón, pero me freno, no sé ni hacia dónde voy cuando lo que quiero es estar con ella y que me explique qué ha explotado en su cabeza para tomar esta decisión.

Las imágenes de esta mañana transmutan y puedo sentir su sabor en mi boca, su suavidad en mi piel, su peso sobre mí, el calor de los dos mezclados… Su aliento en mi cuello, su corazón golpeando el pecho, el mío desbocado…

Joder…, estábamos muy bien.

Y ahora estoy en casa: solo.

Un frío diferente se me instala dentro y consigue que recupere un poco el eje de mi realidad. Enciendo la calefacción; no la había dejado programada porque esperaba quedarme en casa de Deva esta noche, sin preguntar, porque éramos ese tipo de pareja.

O eso creía.

De locos…

El portátil y mi mochila del trabajo están en su casa.

Dev, joder…

¿Qué le ha pasado? Si estaba convencido de que habíamos alcanzado ese punto de no retorno. Si ya ni siquiera llamábamos a lo nuestro simulacro.

No puedo seguir sin hacer nada y decido darme una ducha. Mientras el agua me calienta el cuerpo, sus palabras me arrastran a la única lógica de esta situación: «He vivido suficiente simulacro para saber que no quiero pareja».

¿De verdad ella estaba considerándolo un simulacro? Hace ya semanas que no solo follábamos, que dormíamos juntos, solo para dormir. Sin reglas, sin límites. No soy capaz de unir lo que hemos estado viviendo con su «no quiero pareja».

Y me jode.

Yo no he fingido y pensaba que ella tampoco.

Me enfada.

¿En serio he sido el único que lo ha sentido real?

Aprieto la mandíbula.

No… No, joder…

Imposible.

Lo que ella ha entregado no ha sido falso.

No puedo creerlo.

Salgo de la ducha y no sé ni cómo he llegado a ponerme ropa, pero estoy en la cocina calentando un tazón de leche.

Enciendo la consola y, ya sentado en el sofá, la primera persona en la que pienso para jugar es ella.

Pedírselo es un sinsentido, ¿cómo es posible que lo piense durante más de dos segundos?

Entonces recuerdo que tengo mi ordenador en su casa; mañana tengo que pasar a recogerlo sí o sí…

Mentira; no hay ni un solo dato en ese portátil que no esté en la nube.

Solo quiero verla.

—Joder, Guidet… Jo-der. —Resoplo, me paso las manos por la cara y me dejo caer contra el respaldo.

Ojalá lo del ordenador fuera una excusa real, porque sería la única opción para invadir su espacio y encararla. Necesito hacerlo, necesito saber…

Se me escapa el cinismo en una risa nasal.

Ella ya lo ha dicho todo.

Me levanto y cojo el teléfono.

Tengo que dejar de darle vueltas al día, necesito desconectar, así que pruebo suerte con Ismael.

¿Una partida?

ISMA

¿Te has equivocado o te está

fallando tu novia simulada?

Ya no hay novia.

Escribirlo escuece y golpea mi eje. Se siente como una jodida ruptura porque lo es. Porque desde que planteé este juego absurdo de dejarnos llevar dejó de serlo.

No tarda ni dos segundos en llamarme.

—¿Qué dices?

—Lo que has leído. —Resoplo.

—Pero… Hoy teníais la comida en casa de tus padres… ¿Qué ha pasado? ¿No ibais a estar así hasta la boda?

—Sí, tío. Pero… Han empezado a pasar cosas… —Meto mis dedos entre el pelo mojado y tiro de mis rizos—. No sé… Se ha convertido todo en un desastre. Todavía no lo entiendo.

—Empieza a hablar… Si quieres… —duda.

Le cuento cómo hemos terminado en el hospital y, cuando llego al punto en el que Nil me ha confesado que el bebé de Nora no es hijo suyo, Ismael me corta.

—No jodas que es tuyo… —Se atropella tanto con las palabras que me cuesta entenderlo.

—¡No! —grito—. ¿Estás loco? No es posible. ¿No sabes contar?

—¡Y yo qué sé! Después de estos meses, con esa vida de circo que has llevado, no me sorprendería que me confesaras que echasteis un polvo de cierre o algo por el estilo.

—No, tío…. No… —Pensarlo me da escalofríos—. Sospecharlo habría sido… terrorífico, joder…

—No sé, Guido… Se me ha parado el corazón, o algo.

—Ya, y a mí.

—¿Entonces? ¿Qué más te han contado?

—Nada, mi hermano no me ha contado nada más, tendré que hablar con Nora… O no… Porque ¿y a mí qué me importa? Él ha dicho que Nora y el bebé están en su vida.

—Pero ¿tus padres no lo saben?

—No tengo ni idea.

—Llama a tu hermano, sal de dudas, llama a Nora.

—¿Para qué? ¿Qué dudas? —Proceso lo que me está pidiendo.

—No sé, Guidet, amigo… —resopla.

—No es… No necesito saber nada. Creo que he entendido que Nora no me sustituyó y es…

retorcido, pero me ha tranquilizado. Como si la parte que faltara por encajar, por fin lo hubiera hecho.

No sé si tiene explicación. Probablemente sea un miserable por sentirlo así.

Pero tampoco voy a darle vueltas a lo mierda que soy en determinados rincones de mi alma.

—Tío… Qué trascendental estás… Pero no entiendo cómo encaja que hayas dejado a Deva.

—¿Yo? No. —Suelto una risa sarcástica por la nariz—. Ha sido ella. Ha roto la… farsa que teníamos. —Llamarlo así todavía duele más.

—La farsa… Guidet. Menuda estupidez la vuestra. Ese tema tenía flecos… —dice enfadado—. ¿Y ella se creía que lo erais? —Pronuncia haciendo burla.

Yo también me lo pregunto.

Resoplo.

—Pensaba que a estas alturas no, pero... Por lo visto sí. Ha empezado a hablar sobre que no tenía lógica seguir…, y te juro que yo pensaba que ella también estaba en el punto… —Froto mis ojos con más fuerza de lo que debería.

—En ese punto que tú sí estás. Porque tú te crees su novio y ella al parecer no.

—Sí, tío. —Me está haciendo sentir un imbécil, o igual solo lo soy.

—Pero, vamos a ver. —Resopla— ¿Por qué no habláis? ¿Qué haces en casa? Llámala…

—Isma —lo freno—. ¿Crees que no lo he intentado? —Aprieto la mandíbula, que lo vea así de fácil, cuando no lo es, me enfada más.

—Entonces, habéis roto, ya no os vais a volver a ver y se acabó ir con ella a la boda, al tinglado de la empresa…

—Qué va, no… —lo corto otra vez y recuerdo sus palabras—. Me acompañará; ha dicho que no me preocupe. —Suelto el aire y sonrío con cinismo.

«Joder…».

Ismael chasca la lengua.

—Es que no sé qué decirte. —Escucho un resoplido—. Parecíais algo, pero… Amigo. Te metes en unos fregados…, que vaya año llevas.

—Gracias, amigo —remarco—, gracias por recordarme el puto desastre en el que me he convertido.

El silencio que queda en la línea me deja en blanco y echo un vistazo distraído a mi alrededor.

Mi sudadera gris está sobre uno de los taburetes que rodean la isla; es la que Deva se pone cuando viene a casa.

No me hace falta ni cerrar los ojos para tener su imagen delante, vestida solo con ella, sentada justo ahí mientras se toma una taza de café…

Conmigo entre sus piernas.

Me pongo de pie y en tres pasos la tengo a mi alcance; dudo, pero la cojo, sé que está impregnada de su olor.

A punto de llevarme la prenda a la cara, la suelto, y aun así el aroma de su piel me llega.

No quiero ni mirarla… ni volver a tocarla.

Camino hacia el sofá y me dejo caer sobre él.

No soporto lo mal que me encuentro ahora mismo; necesito apretarme algo contra el pecho para calmar la desazón.

—Joder, perdona. —Ismael arrastra las palabras en un susurro—. Pero no todo es malo, ¿no? Con tu hermano y con Nora estás bien. Y si piensas un poco… Es lo que buscabas con toda esa historia de la novia de mentira.

‹‹Novia de mentira…››.

Me quedo en silencio.

Lleva razón.

Sentado en el sofá de nuevo, cojo el tazón de leche y me doy cuenta de que se ha quedado frío.

Yo solo necesito verla.