77 COMO SI FUERAIS DE VERDAD
La pregunta de Deva me deja en un punto muerto.
Su comentario ha puesto de manifiesto que lo nuestro tiene caducidad, lo que consigue que yo recuerde que ella necesita esos límites del juego, pero me jode.
Ha sido un golpe bajo sentirla tan pendiente del jodido simulacro.
¿Quizá he perdido de vista lo que yo mismo propuse?
Puede ser, solo me estoy comportando como soy y como quiero.
Mientras Ismael y yo cortamos la pizza en la isla central de la cocina, Deva y Sandra hablan en el sofá; parecen haber conectado bien.
—¿No es un poco de locos esto? —me pregunta Isma en voz baja.
—¿El qué? —Frunzo el ceño; sigo dándole vueltas a mi malestar.
—Estás tan pillado, Guidet… La situación es tan surrealista —susurra—. Estáis llevando a cabo un teatro… que no es teatro.
Lo miro, luego a ellas; Sandra se toca la barriga que apenas se nota. No digo nada, porque…, joder, lleva razón.
—Se os ve tan… ¿normal? —vuelve a hablar confidente.
—Normal. —Resoplo, precisamente ahora no lo definiría normal.
—Sí, correcto, es… Sois… una pareja real. —Se aleja después de dejar el cortapizzas y me mira con extrañeza—. ¿Qué te pasa?
—Estoy empezando a dudar de que esto salga bien. —Es la conclusión a la que llego tras las últimas palabras con Deva.
Ismael echa un vistazo a las chicas y se acerca; lo sabe todo de Deva, porque estoy sosteniendo demasiadas mentiras y necesito un ancla en esta situación.
—¿Con bien te refieres a que Deva quiera seguir con lo vuestro una vez termine la boda?
No parpadeo. Ismael opinó que, si para ella esto era un juego, yo saldría hecho mierda. Y ahora, después de las dudas comentario de Deva de hace un rato, solo puedo darle la razón.
—Sí —admito.
Y me jode. Entender que mis expectativas puede que no se cumplan me jode muchísimo.
—Era un riesgo. —Por un segundo parece preocupado y, al siguiente, duda—. Aunque, visto cómo os miráis…, pienso que es poco probable.
—¿En serio? —Me extraño—. Pero si ahora mismo es… medio incómodo. —Estrecho los ojos; quiero entender a qué se refiere.
—A ver. —Pone los ojos en blanco—. Estáis raros, pero es… —Apoya los brazos en la mesa, se pega a mi costado y susurra—. ¿Sabes cuando la cagas y buscas al otro para ver si todo va bien? —Asiento—. Ella está así. Te busca, y… ¡Yo qué sé, tío! Es… muy de pareja, ¿sabes a lo que me refiero?
Claro que sé a qué se refiere, joder… Pero estoy muy rayado y no voy a darle alas a su teoría.
—No es para nada esa tía que vino al TAPAS y te besó con dudas. Es como… —Extiende sus brazos y señala el espacio—… como si ahora si fuerais de verdad. No sé, Guido. —Se encoge de hombros.
«¿De verdad?». A veces también lo creo. Pero no sé, joder. Ahora no sé nada.
—¿Cenamos? Tengo hambre —Sandra aparece de pronto y se abraza a Ismael; a mí se me disparan las pulsaciones porque no las he oído acercarse.
Deva también está aquí, a mi lado, aunque ella no me abraza. Tampoco la miro, no quiero averiguar cuánto ha podido escuchar.
—¡Claro! —Isma es demasiado efusivo.
Nos organizamos y me acomodo al lado de Deva. Empiezo a servir vino en las copas y agua a Sandra.
—Cómo me cuidas, Guidet —dice Sandra con un tono irónico.
—Lo hago.
—Tiene alma de sanitario —dice Deva.
Me quedo anclado en su mirada, cálida y algo fascinada, hasta que Ismael carraspea y salgo de esa burbuja extraña. Mi amigo sube las cejas y no sé a qué atenerme, así que acabo contradiciendo lo que ha dicho Deva, sacando a colación mi miedo a las agujas.
—Pero eso no tiene nada que ver. Conozco a un anestesista al que le da un síncope vasovagal cada vez que le sacan sangre —aporta Deva.
La cena transcurre con una charla en la que hablamos de las oposiciones de Isma, del trabajo de Deva, de los nervios de mi amigo por ser padre, del miedo de Sandra a parir y de experiencias de padres en el paritorio con las que Deva nos hace reír.
La velada se convierte rápidamente en una reunión cómoda, en la que me encanta verla reír e integrarse con mis amigos.
Es fácil dejarse llevar. Y todavía se vuelve mejor cuando ella me dedica un gesto íntimo: Mientras habla y, sin querer, me pone la mano en la pierna, se acerca a mí y me aprieta a la vez que les cuenta:
—Matar zombis no es su fuerte. —La broma la hace demasiado cerca de mi cara.
—No soy tan malo —le susurro de vuelta y arrugo la nariz sin perder la sonrisa.
—Es que no le pones las mismas ganas que a la velocidad —me rebate.
—Ñiñiñiñi —me burlo, encantado, y le doy un beso que no rechaza; se muerde el labio inferior y niega sin dejar de sonreír.
La mirada de Ismael está clavada en nosotros mientras aguanta las bromas de su novia, que se ha confabulado con Deva.
En cuanto Isma y Sandra se van de casa, Deva y yo empezamos a recoger la cocina con una naturalidad que ya no me sorprende. No habla y estoy a punto de sacar el tema que me ha tenido rayado.
—¿Estás bien? —interrumpe mi iniciativa.
Me pasa un trapo con el que seco mis manos y acciono el lavavajillas.
—Claro —miento—. ¿Y tú?
Ahoga un bostezo con la mano y asiente.
Está a muy pocos minutos de que las baterías se le descarguen del todo.
No ha tomado café después de cenar; Sandra tenía mucho sueño y ha dicho que no iban a tardar demasiado en irse.
No hemos tomado café ninguno, en realidad.
Estoy entre preguntarle si se queda a dormir o no decirle nada y darlo por hecho.
—Estás a punto de dormirte de pie. —Acorto el espacio y la agarro por la cintura. Se deja caer contra mi pecho.
Una tensión que no sabía que estaba manteniendo se deshace en cuanto la abrazo y acerco mis labios a su cabeza.
—Podría hacerlo —murmura.
—Sube, yo termino aquí. —Los cartones de las pizzas y los restos son lo único que queda por recoger.
—¿En serio no te parece mal? —Se despega y me mira a través del pelo que le tapa la cara.
Si le dijera lo que pienso, sería todo lo opuesto a mal. Esto es tan doméstico... «Como si fuerais de verdad››. Lo escucho en mi mente con la voz de Isma.
—Sube, anda. —Beso sus labios y ella me devuelve otro rápido antes de separarse del todo.
Coge aire y parece que va a decir algo que siento que podría romper el momento, pero no lo hace. Se da la vuelta y la miro hasta que desaparece en el piso de arriba.