Bésame por logística 72 NECESITO UN MÉDICO
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72 NECESITO UN MÉDICO

Recibo un mensaje de Deva justo cuando introduzco el pan en la freidora de aire.

DEVA

Ya en casa.

Ajusto el casco en mi oído, marco su contacto y, en cuanto descuelga, la charla se convierte en hogar, en intimidad…, su día, el mío…

El lunes ella no había mejorado lo suficiente como para ir a trabajar, aunque tampoco me permitió que fuera a hacerle compañía. Pero el miércoles, que ya decidió que iba a reincorporarse al trabajo, aparecí en su puerta a la hora que sabía que la pillaría saliendo de su casa.

—Pasaba por aquí —dije con la ventanilla bajada y aparcado en doble fila. Ella puso los ojos en blanco intentando no reírse—. Si fuera yo el enfermo, estaría encantado con esta casualidad.

—Pero yo soy médica, Guido, y tú probablemente seas un enfermo horrible —se burló.

—Lo comprobarás —le dije—, porque cuando me enferme te llamaré, y tu deber de novia y médica será quedarte.

Parpadeó deprisa, pero no cuestionó el término.

—No, no lo será. Además, yo trabajo en el hospital, no en tu casa —protestó, aunque se subió al coche.

Mi mente trajo a colación la cena de Nochevieja en la que me dio ese medio desmayo en casa de mis padres; ella no se ofreció a cuidarme, directamente trazó un plan para estar conmigo; así que dudé de su palabra sin expresarlo en voz alta.

Ayer, jueves, me prohibió las casualidades.

Y hoy, viernes, la tengo al oído y me cuenta que tiene ganas de ir a nadar otra vez.

—En mi edificio hay una piscina y casi siempre está vacía —la informo mientras echo los huevos a la sartén.

—¿Es una invitación formal?

—Es información de uso. Puedes venir cuando quieras.

—Te cogeré la palabra y tendrás que echarme. —Lo dudo—. ¿Te acuerdas del congreso? —me pregunta y desconecto un segundo cuando escucho sonidos que reconozco, debe estar desnudándose o vistiéndose… No me conviene imaginármelo.

—Claro, salimos el viernes después de comer. —Saco el pan de la freidora y lo suelto rápido sobre la encimera; abrasa.

—Pues me han asignado otra ponencia el sábado por la mañana. Creo que será mejor…

—¿Que nos quedemos a dormir? —Intuyo que no espera que lo sugiera, pero me adelanto por si acaso.

Su silencio lo invierto en llevar mi plato de huevos revueltos a la isla de la cocina y terminar de colocar lo que falta.

—¿No te importa? —formula despacio, en voz baja.

—Para nada.

—Si es que no tengo ni idea de cuándo va a estar mi coche listo. —Resopla.

—Sabes que puedo seguir ejerciendo de taxista tanto como necesites.

—No es necesidad, es querencia —lloriquea.

—Curiosa forma de expresar las ganas de mi compañía —bromeo.

—Nooo, quiero mi coche —gimotea y sonrío porque me gusta esta Deva.

En realidad, me gustan todas; a veces quejica, otras independiente, resolutiva, mandona…

Seguimos con nuestras charlas nocturnas, y no siempre lo hacemos para jugar una partida online, de hecho, hoy no me apetece.

—Sabes que podría prestarte un coche. —Le repito mi ofrecimiento de ayer.

—No lo necesito —responde con rapidez.

—No te lo volveré a ofrecer —amenazo después de tragar un bocado generoso.

—Me parece perfecto. ¿Quieres echar unas carreras?

—La verdad es que no. ¿Las necesitas o es querencia?

Se echa a reír.

—Es querencia. ¿Estás bien?

Cojo unas mandarinas y, mientras las pelo, sentado en un taburete frente al espejo de la entrada, no puedo dejar de pensar en la madrugada de Año Nuevo con ella.

—Ha sido un día de locos. —Chasco la lengua—. La auditoría de la Ecolabel, la que según Bruselas iba a ser un mero trámite, nos está jodiendo con un informe de trazabilidad. Si Nil no lo tiene para el lunes, se nos va a echar el tiempo encima.

Mastico dos gajos juntos.

—¿Depende de él?

—De logística, él coordina.

—Seguro que es un departamento eficaz, la logística no falla.

Me río.

—Con Nil bien, ¿no? —pregunta y parece distraída, la escucho cacharrear.

—Sí… Creo que con el partido de pádel hemos acercado posturas sin querer.

Bueno, y mis ganas de hacer ver que es así.

—¿Y con Nora?

Me tomo un respiro, termino de comer la mandarina y, en ese silencio, Deva se preocupa.

—¿Guido?

—Sí, perdona. —Rescato la pequeña reunión de esta tarde, quizá por eso mi día me ha agotado; he sostenido demasiada tensión—. He estado reunido con ella, teníamos el tema del packaging para Francia.

—¿Solos?

—No, con el departamento comercial.

—¿Y bien? —Escucho que ella también está comiendo, y lo que de verdad me apetecería es cenar con ella y no estar al otro lado del teléfono, pero no se lo digo.

—¿Qué? —He olvidado la pregunta, me suele pasar, que me pierdo buscando sus ruidos al otro lado del teléfono.

—Con Nora, ¿bien?

—Todo muy profesional y… agradable, supongo. —Termino mi cena y bebo agua; Deva no dice nada—. Me va a costar tratarla como a mi cuñada.

—Ya… —resopla—. A veces fingir es complicado.

—Lo estoy intentando.

Con Nora me resulta más difícil que con mi hermano.

Se crea un silencio entre los dos y quiero cambiar de tema. Es más, se me ocurre una idea y mi cansancio se diluye por completo. Y si ella me da pie…

—¿A qué hora entras mañana de guardia?

—A las ocho.

—¿Me invitas a dormir y te llevo yo a trabajar?

Se queda en silencio.

—¿A dormir solo? —Se le escapa una carcajada; me gusta, estamos pensando en lo mismo.

—¿Sin mentiras?

—Quieres acostarte conmigo.

«Juro que acaba de ronronear».

Agradezco que la palabra «coito» no haya aparecido.

—Y tú conmigo, Dev, no lo niegues. Dime que si me presento allí, no me vas a dejar en la calle.

—El código deontológico me obliga a atender a las personas sin desatenderlas.

—Vaya trabalenguas —susurro mientras ella recita algo más.

Tiro los restos de la cena a la basura y dejo el plato en el fregadero. No hay lugar a dudas, queremos vernos. Así que cojo las llaves del coche y, al hacerlo, caen el resto de llaveros armando un estruendo contra el suelo.

—¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?

—Sí. Ese ruido indica que estoy en camino.

—¿En serio? —Intuyo que… ¿se excita?—. Te aprovechas demasiado de mi profesión —ríe.

—No, Dev, todavía no lo he hecho. —El ascensor está abierto y bajo al garaje—. Tengo que colgarte, estoy buscando un médico que me atienda.