53 ¿ESTAMOS BIEN?
ISMA
¿Qué te van a traer los Reyes?
¿Más besos de tu novia falsa?
Lanzo el móvil hacia la esquina del sofá. No le he contado que ese beso tuvo un final inesperado. Además, ha sido un día interminable y los residuos del enfado todavía me recorren el cuerpo.
No me lo podía creer.
Apenas he pegado ojo en toda la noche; su lógica no es para nada mi lógica.
Y a pesar de estar hecho trizas, y de que mi rencor al levantarme esta mañana ha alcanzado cotas de podio, creo que he cumplido con creces delante de su familia.
Es curioso, porque con ellos me siento… bien.
Quizá hubiera sido mejor que ella hablara de nuestra ruptura, porque me está costando horrores manejar esta situación.
La pregunta es por qué, y la respuesta es porque tenerla pegada a mí me gusta más de lo que debería, o más de lo que le gusta a ella estar conmigo.
Escuchar su negativa tan radical se me hizo bola.
Parecía estar en un simposio sobre la soltería.
Quizá no debería haberlo planteado después de habernos acostado, quizá el momento fue el error; aunque, para mí, tener sexo y ver cómo de compatibles somos en la cama fue determinante para valorar la posibilidad de ser una pareja real.
Deva me gusta. Yo le gusto; no te acuestas con alguien si no es así.
Si a esto le sumamos que nos conocemos más que muchas parejas que empiezan a salir…
Me froto la cara y miro la pantalla de la televisión; la oferta de series y películas lleva ahí desde que me he sentado en el sofá hace ya ni sé cuánto tiempo.
Supongo que da igual lo que nos gustemos; ella no me elegiría para ser su pareja.
Porque no soy la jodida primera elección para nadie.
Agarro el teléfono para ponerlo en modo nocturno, y me encuentro con un mensaje que abro con una celeridad que me cabrea.
Esto es de locos.
DEVA
¿Estás bien?
Sí
Miento. Quizá haga de mentir un hábito tan profundo que llegue un momento que no sepa hacer otra cosa.
DEVA
¿Mañana comes en casa de tus padres?
No me dijiste nada.
—Pues si no te dije nada, creo que queda bastante claro —digo en alto.
No, mañana trabajo.
DEVA
¿El día de Reyes?
En tu empresa estáis peor que en el hospital.
No contesto, no me apetece bromear y me delato marcando su mensaje con un pulgar hacia arriba. Explicarle que no habrá nadie en la oficina y que ha sido mi elección me supone un esfuerzo que no quiero hacer.
DEVA
¿Tú y yo estamos bien?
—No tengo ni idea, Deva. ¿Lo estamos? ¿No te ha removido nada lo de ayer? Porque yo no dejo de acordarme, joder —digo entre dientes enfadado, porque no me lo puedo sacar de la cabeza.
Miro la pantalla del móvil durante varios segundos. No sé qué responder por escrito; no… no puedo hablarlo por mensajes.
No nos mentimos, ¿no? Eso dijimos.
Marco su contacto y al segundo tono descuelga.
—Tenía entendido que no te gustaba mandar mensajes —le digo y me guardo que también tenía entendido que no quería que tuviera contacto con su familia; pero claro, a esta chica también le falla su lógica.
—Ya… —Suena avergonzada.
—Me ha jodido que, después de tu rechazo, me llamaras hoy para ir a tu casa. —Lo suelto antes de pensármelo mejor y mentirle.
No se escucha nada al otro lado de la línea y, por un momento, creo que ha colgado.
—¿De verdad crees que deberíamos empezar a salir? —Su pregunta no solamente parece encubrir dudas, también hay una preocupación subyacente.
Pasan unos segundos en los que recuerdo sus razones para no hacerlo; su profesión es lo primero. Quizá…, bueno, puede que me lo haya tomado de forma personal y no sea así…, ¿no?
—Guido… —susurra—. ¿De verdad crees que es buena idea con todo lo que tú…?
Resoplo para cortarla, sé lo que va a decir.
—¿Piensas que es una forma de evadirme de la realidad? —formulo, me tumbo en el sofá y me tapo la cara con la mano.
El silencio en la línea me hace pensar que estoy forzando una respuesta que no me va a gustar, por segunda vez.
—Mira… —Chasca la lengua—. No soy de relaciones, ¿vale? Ni las busco ni quiero encontrármelas.
—Ya, ya… —No quiero otra explicación más sobre los pilares que sostienen sus principios.
—Pero —me corta—, también creo que tú estás buscando una relación Ibuprofeno. Y no me parece que sea sano.
Tomo aire de forma audible y no dice nada más.
El calor se me asienta en el cuello.
¿Lleva razón?
Quizá ese bienestar a su lado no sea más que una defensa, la que me ha ofrecido con nuestra mentira.
Puede que lo esté confundiendo… Da igual, no me quedo muy convencido.
Que Deva me guste no tiene nada que ver con que necesite la mentira que hemos creado para que mi vida deje de doler.
Y lo que vuelvo a tener claro es que no me elegiría fuera cual fuera la situación.
Supongo que echar un polvo no significa mucho para ella; ya lo dijo, no le importa hacerlo de vez en cuando, pero como mero trámite de necesidad.
Así que el «me gustas, Dev» que lleva rondándome desde que la noche de Navidad nos estuvimos besando por los bares de su pueblo se queda guardado a buen recaudo.
Igual un poco sí que voy a empezar a mentirle también a ella.
—¿Te apetece jugar a la consola o estás demasiado cansada? —Me parece una muy buena forma de salir de este bucle; defender mi postura sin ponerme en ridículo es complicado.
—Mmm. Depende.
—¿De qué?
—Si nos ponemos con los coches… —Hace una pausa—. Me dormiré, ha sido una tarde complicada.
Sé que habla de matar zombis y cedo a su petición velada con mi enfado completamente diluido.
—¿Mucho ajetreo? ¿No estaba la gente en la cabalgata?
—Ha sido impresionante, una gestante de cuarenta y una semanas en trabajo de parto avanzado con líquido meconial, una rotura de útero de una cesárea previa y un parto gemelar… —relata con voz monótona, sin fuerzas.
—No es que entienda mucho, pero parece una locura.
—Lo ha sido. Y si en lugar de unas carreras, nos ponemos a matar zombis, desconectaré.
—Hoy por ti, mañana por mí. —Tengo que reírme con su faceta violenta, y la carcajada se siente bien, creo que hasta se me desfrunce el ceño.
—¿Dijiste que tenías el Resident 6? —pregunta.
—Memoria de elefante.
—Me pido ser Helena.
—¿Me vas a dejar a Leon? —pregunto sorprendido.
—Tooodo tuyo. —Se ríe.
No me lo esperaba, no es que sea un erudito de este videojuego, pero con Ismael pillar a Leon es un imposible.
—¿Nos quedamos al teléfono… —pregunta mientras la escucho trastear— o hablamos por los cascos?
No debería sorprenderme que tenga cascos, es una jugona, sin embargo, se me escapa una risita que evito que ella escuche.
—Soy GLDrive —le digo—. Y nos quedamos al teléfono… No tengo ni idea de dónde están mis cascos. —Enciendo la consola.
—Bien. Y… Guido.
—Dime.
—Ayer lo pasé genial.
Tomo aire.
Joder…
—Yo también. —Solo de acordarme cómo pide lo que quiere me entra un hormigueo…
—Y muchísimas gracias por acudir a mi llamada esta mañana. Menuda encerrona.
No voy a volver a entrar en lo que me ha molestado su petición, ya se me ha pasado el enfado, pero…
—Lo del WhatsApp de tu familia… Me cuesta no participar en el grupo. Sobre todo, si luego voy a tener que estar con ellos. No soy así.
Escucho su resoplido.
—Ya… Es que… —Chasca la lengua—. No sé cómo hacerlo.
—Si para ellos sigo existiendo, tengo que participar —digo mientras en la pantalla aparece una invitación por parte de SilentLighthouse—. ¿Tu nick es por los faros? —Recuerdo el dibujo que tiene tatuado en el costado derecho, muy cerca de su pecho.
—Sí, me obsesioné un poco durante la residencia que hice en un hospital de la costa y… ya ves. Mi hermano dice que me va más Doctora Muerte, y el muy capullo me tiene así en la suya.
—Sí, lo vi la tarde que jugamos en tu casa.
Nos reímos los dos, parece que fue hace mucho tiempo y apenas ha pasado una semana.
—Venga… ¿La liamos?
—La liamos —contesto y comenzamos el juego.
Pasamos una hora dando caña a los zombis que aparecen y descubro que Deva es buena; en realidad es buenísima. Mucho más que yo, que se supone que partía con ventaja con el personaje.
—Te has quedado sin munición —me dice algo exasperada.
—Y tú sin paciencia, ¿eh? —contesto dirigiéndome al teléfono que hemos dejado en manos libres.
—La dejé toda en el hospital. Que no te… maten.
Justo lo pronuncia cuando caigo.
La escucho bostezar, aunque al principio pensaba que estaba aullando. Echo la cabeza hacia atrás y cierro los ojos.
—¿Lo dejamos? —murmura.
—¿El juego? —le pregunto, porque ya no tengo filtro mente-boca. Podríamos dejar tantas cosas…
—Y el día —responde y bosteza.
Sí, ese también podríamos dejarlo de lado.
Jodido día.
—¿Trabajas mañana? —pregunto mientras voy apagando la consola.
—Me he ganado el descanso, había pensado dar una sorpresa a mis padres y subir al pueblo, pero creo que me lo voy a tomar para mí. —Escucho sus ruiditos mientras se mueve—. Lo que no entiendo es por qué tú sí trabajas.
—Estamos implementando un sello ecológico europeo, Bruselas quiere los informes traducidos y firmados y… Si lo hago mañana, solo —aclaro—, voy a ahorrarme trabajo en equipo con Nil.
—Ya. ¿Todo el día?
—Probablemente. Lo ideal es ocupar la franja del mediodía, ya sabes, evitar la comida en casa.
—Espero que centrarte en tu trabajo consiga lo que te propones.
Yo también lo espero.