47 CULPABLES
Abro la puerta del portal por dos razones.
Primera: la insistencia insana por parte de mi hermano.
Segunda: tengo la cabeza muy nublada y Deva ha tomado la iniciativa cortando lo que habíamos empezado.
Sigo en medio de la cocina, confuso; sus palabras «habla con él, estará preocupado», me resuenan en el cerebro.
—Yo… —Deva sale del baño con el bolso al hombro, está acalorada y preciosa. Me arrepiento de no desconectar el telefonillo. Y me enfada un poco que ella haya decidido por mí.
Resoplo ante el sonido del timbre de la puerta.
—Me voy…, ¿vale? —susurra con cautela.
Da un paso hacia mí, pero vuelve atrás.
Joder, la besaría y no la soltaría. Pero no me da opción; de nuevo toma la decisión por mí y abre a mi hermano. Vuelvo a sentir rabia porque ni siquiera me permiten decidir el «cuándo», pero, si soy sincero, no es con ella.
Es con él.
Nil, con aspecto derrotado, entra en mi casa.
No lo miro y mi cuerpo resuelve la situación por su cuenta: me acerco a Deva sin saber bien qué busco… ¿Que finja y me bese para completar la farsa delante de él? ¿Que me bese y permita que me refugie en lo que no somos?
Entonces ella deja un beso en la comisura de mi boca que no me ha sabido a falso, y me parece mucho más trascendente que el dolor de huevos que me ha dejado.
Joder.
La cara de mi hermano me molesta.
—Feliz Año, Nil —le dice ella.
Él debe de responderle lo mismo, pero no lo escucho porque me voy hacia el salón; va a entrar igual, aunque no le dé la bienvenida.
De espaldas a todo, me recoloco la semierección que va bajando mientras deja una sensación dolorosa a su paso. Un dolor de estómago lejano se une a la fiesta de la incomodidad que está montando mi cuerpo.
—¿Cómo estás? —pregunta, ni siquiera he escuchado la puerta cerrarse.
No solía ser un cínico, pero he tenido mis momentos y este es uno de ellos. Pillo el mando de la consola y activo la carrera que estaba a medias.
—¿Necesitas una respuesta?
—Joder… —Se sienta a mi lado, pero supongo que ver mi pasotismo, mientras llevo mi coche por el circuito, consigue que no aguante más y se levanta—. Me refiero a que te has ido mal de casa de los papás, pero está claro que vamos al lío.
¿Por qué he pensado que era buena idea abrirle? No estoy preparado para esto.
Nil se pone delante de la pantalla.
—Llevas meses ignorando a Nora, haciendo y deshaciendo a tus anchas. Me consta que has estado con tías, Guido…
Frunzo el ceño y le dirijo una mirada confusa, no entiendo hacia dónde quiere ir. Y… dos, he estado con dos tías, pero eso él no puede saberlo. Solo sabe lo de Betisa, la chica del embalaje vegano, pero él le da un plural con el que se está defendiendo de… ¿qué?
¿De ser culpable?
Pero…
¿De qué lo considero culpable?
¿Y qué tiene que ver que yo haya estado con tías?
Dejo el mando en la mesa, asqueado. Tenerlo delante me recuerda que Nora va a tener un hijo con él. Llevo diez meses fuera de esa relación y… ¿van a ser padres ya?
Sí, culpables…
Si ellos no estuvieran juntos, si ellos no fueran a ser padres juntos, mi proceso para olvidar a Nora sería distinto.
Nos miramos a los ojos unos segundos sumidos en un silencio que grita. Él no está en mi equipo, es más, me siento fuera de ese equipo. A pesar de que Nora y yo nos hemos querido muchísimo, no encajé, y él sí lo hizo.
Y… Ya vale. No dice nada. ¿Quiere que lo haga yo? No, no quiero ser ese Guido herido que hiere.
Chasca la lengua y se pone las manos en la cintura mientras mira al techo.
—Deva parece una buena tía, se os ve…
Resoplo, cortando lo que fuera a decir.
Joder, Deva…
¿Qué acaba de pasar?
Cierro los ojos un momento, me paso la mano por la cara y la huelo, porque hace unos minutos me ha empapado con su orgasmo.
De locos.
Ni siquiera sé qué está pasando con ella.
«Se os ve…». ¿Qué quiere decir? ¿Cómo se nos ve? Ojalá que lo que hemos hecho esta noche, sea lo que sea, tuviera el poder suficiente para llevarme lejos de Nil y Nora. Estoy tan saturado ahora mismo que no sé ni qué decirle.
Lo observo, consciente de que es la pareja de mi ex, de que va a ser padre con ella. Y… escuece.
—Somos hermanos, Guido. —Suena y parece derrotado, sin saber ya por qué grieta meterse para llegar a mí.
Es demoledor saber que tiene razones para no saber cómo acceder, porque no quiero que lo haga. No a este Nil, no al novio de Nora.
—Eso mismo pensé yo —murmuro, me levanto y camino hasta la ventana solo para darle la espalda.
Habría preferido que no hubiera venido. Ignorar lo que hay fuera de lo que Deva y yo somos siempre es más fácil.
Cualquiera diría que no afronto los problemas; no he sido así jamás, hasta…
No sé desde cuándo, la verdad. Quizá todo empezó cuando dejé de sentirme suficiente para Nora, o cuando entendí que en la empresa tampoco era una elección, solo el primogénito.
Estoy rayado. Mucho.
—Te has alejado de mí durante todos estos meses, Guido. No has dejado que esté contigo… —La voz de mi hermano devuelve mi consciencia al salón—. Casi no has salido ni con la pandilla.
—¿Ellos saben…?
—Solo Fran. Ha estado a mi lado y se ha tragado todas mis comeduras de tarro.
Pensar en la pandilla me agota, y entiendo que mi aislamiento estos meses le ha facilitado a Nil la relación con Nora.
Cierro los ojos, no he sido nunca de guardar rencor, y sin embargo…
, encuentro la primera víctima en mi hermano.
No me apetece seguir hablando de esto, pero no quiero que piense que no tenía mis razones para alejarme así.
—Te acercaste muchísimo a Nora. —Me vuelvo hacia él—. Y Nora dolía demasiado.
Y aquí está la razón real. Trabajan juntos en la empresa, no en el mismo departamento, pero que Nil se encargue del giro ecológico y ella, del departamento de publicidad los ha unido bastante este último año, porque es la novedad de cara al mundo.
—¿Hubieras preferido que ella estuviera sola? ¿Que le diera la espalda? Nora era casi de la familia, Guido.
—¡No es eso! —Claro que no, joder. La seguía queriendo y no quería que lo pasara mal.
Que tuviera el apoyo de mi familia me parecía perfecto, pero…
—. Me dolía estar cerca de ella. Lo intenté, y te veía a ti haciéndola reír y…
—Lo miro y no lo hago nada bien, porque me siento traicionado, algo que sentí en su momento y que, al verlos en ese office besándose, creció tanto como un monstruo gigante que ahora no me permite ver más allá—.
Nil, vais a ser padres —susurro—. Dame algo de crédito. No me alejé de ti sin causa.
—Hasta que no nos pillaste, no sospechabas nada.
Resoplo.
—Vaya excusa, ¿eh? —Lo miro tan mal que hasta se me revuelve el estómago.
—No fue intencionado.
—¿Y con esto quieres decir que no lo pensaste nunca mientras estábamos juntos ella y yo? —Nora me dijo que no hubo nada antes, pero necesito saber que por parte de mi hermano tampoco.
—Jamás, joder, Guido. ¿Por quién me tomas?
—No lo sé, solo sé que ahora mismo me cuesta ver a mi hermano en ti. —Duele decirlo y supongo, por su gesto, que también duele escucharlo.
—Vamos a casarnos —dice en un susurro que se me clava despacio, pero directo y punzante, en el pecho.
—Por supuesto que sí —escupo en un murmullo cargado de dolor.
—El primer fin de semana de abril.
El silencio solo lo rompe la música del videojuego.
Y todas las imágenes que mi cabeza creó en algún momento con Nora, pidiéndole matrimonio, preparando la boda, viéndola avanzar hacia mí…
, se rompen en un ruido sordo que me encoje desde dentro.
Una vez fantaseamos con una luna de miel: un mes dando la vuelta al mundo.
Incluso ella apuntó los lugares que visitaríamos y las rutas entre uno y otro.
«¿Te imaginas volviéndonos locos con los horarios, Guidet? ¿Levantándonos una mañana sin tener ni idea de dónde estamos?», dijo Nora soñando con ese viaje.
—Me gustaría quedarme solo…
—Guido…
—Por favor, Nil…
—Joder. Lo siento, ¿vale? Pero la quiero, puede parecer una locura…
Lo miro a los ojos, y él deja de hablar.
Por supuesto que lo siente. Y no me cabe duda de que la quiere.
Enamorarse de Nora es muy fácil; te deja entrar en su mundo interior, te hace sentir especial, todo el amor que no pudo dar en su infancia parece estar guardado en un bote enorme a la espera de que ella quiera abrirlo con la persona correcta, porque no lo regala, te lo da cuando recibe lo mismo.
Romper la relación cuando nos queríamos fue lo más duro que he hecho en mi vida.
Pero ser padre es un límite que no cruzo.
No tengo dentro la pulsión biológica ni creo en el legado…
El compromiso irreversible que supone tener un hijo me incomoda.
No creo que sea egoísmo, es, simplemente, mi elección.
Y acceder a tenerlo por Nora… es una infidelidad hacia mí que me habría asfixiado.
—No quiero dejar de ser tu hermano, Guido —dice muy bajo, y sé que está a punto de llorar, o que lo hace por dentro, pero no se permite mostrármelo.
—Dame… Dame tiempo, Nil —murmuro.
No me despido de él, subo las escaleras hacia mi habitación y escucho la puerta cerrarse a la vez que me tiro sobre la cama. Las lágrimas llegan sin avisar y dejo que salgan despacio.
De repente soy muy consciente de que me había aferrado sin querer al «tal vez algún día». Los diez meses sin ella, junto a mi comportamiento errático, no fueron una ruptura, no fueron un duelo… Fueron una pausa.
Esa pausa ha dejado de existir.
Y si nosotros no podíamos ser, una parte absurda de mí esperaba que lo que sea que tiene con mi hermano fuera algo… pasajero. La típica relación puente en la búsqueda de uno mismo entre relaciones.
Me tumbo sobre mi espalda después de tanto rato llorando que me cuesta abrir los ojos.
—No puedo con esto solo —susurro con la voz tomada y me doy pena a mí mismo.
Cojo el móvil, ignoro el grupo de la familia de Deva, que tiene más de treinta mensajes, y busco el contacto que necesito.