Bésame por logística 6 DE LOCOS
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6 DE LOCOS

Deva sale de la habitación.

Deva…

Mi supuesta novia de quince minutos.

Mi embolado personal.

Esto va a ser un desastre.

Yo soy un desastre.

Cómo y por qué me encuentro en esta situación escapan a mi entendimiento.

Todo ha sido rápido; cada vez que me meto en un lío es igual.

Y esto, desde luego, no lo he sopesado bien porque no pienso con claridad.

Esta es la sinrazón que se ha convertido en mi justificación de cabecera; se parece bastante a cuando quedé como un iluso con el proyecto de la startup del embalaje vegano.

Pero es que lo de hoy… No soy capaz de ubicarme y aquí estoy, sin tener ni idea de en dónde me he metido.

Camino por la habitación despacio, una habitación que no debería haber pisado jamás. ¿Qué estoy haciendo? Me apoyo en el escritorio y me tapo la cara con las manos, me incorporo y algo cae al suelo. Es una especie de bolsa de aseo rosa claro. La recojo y la dejo sobre la mesa.

No hay duda de que es surrealista. Pero no puedo irme. Entre su casi enfado, su necesidad, su madre y esa forma de mirarme… La decisión de quedarme ha sido una elección que ni siquiera sé cuándo he tomado.

Lo que está claro es que no puedo salir del pueblo. Supongo que no pierdo nada.

Y tampoco gano nada, o… sí.

Respiro despacio. El móvil sigue vibrando y sé que todos los mensajes tienen que ver con lo que ha pasado esta tarde.

Quizá… Quizá lo que está pasando sí me favorezca. El alud dibuja una suerte de coartada que me libra de una situación, si cabe, mucho más surrealista que la que me toca representar con esta chica.

—De locos —murmuro.

Que sea gente que no parece amenazadora es importante, y que ella haya estado a punto de ponerse a llorar le da crédito, o no, porque no la conozco, pero a mí me supera que alguien lo haga.

Nil, mi hermano, ha llorado delante de mí hace unas horas, y es lo que ha hecho que me largara del despacho y me cogiera unas vacaciones inmediatas.

Pienso en mi padre y en lo que dirá, sobre todo como jefe.

Tengo acumuladas muchas vacaciones de años atrás, pero es verdad que estos últimos diez meses me las estoy cobrando con creces.

Miro la puerta cerrada y luego hacia arriba, por si acaso.

Tengo que controlar y fintar las ramas de muérdago; sin duda, es el deporte de riesgo en esta casa.

Y no digo que el beso rápido de la cocina haya sido desagradable, además, cosas peores he hecho últimamente.

Pero tener a toda la familia pendiente de un gesto cariñoso, con la mentira y el desconocimiento sobrevolando nuestras cabezas, puede exponer la mentira.

Y otra cosa, me da la sensación de que lo de morrearse entre miembros de la familia que no son pareja es algo habitual…

Joder… ¿Y si me veo inmerso en una orgía navideña?

Repaso a cada una de las personas que he conocido en la cocina y…

no, no sé si estoy preparado para algo así.

Necesito aclarar este punto con Deva: a ver cómo me las apaño para abrir semejante melón. Pero es que… tengo mis límites.

Joder…

Qué locura.

¿Pero qué estoy pensando?

¡Que tengo que llamar a Ismael!

Niego, un poco asqueado, mientras veo tres llamadas perdidas de mi madre. También tengo un mensaje suyo. Ya lo leeré.

Marco el contacto de Ismael y descuelga al tercer tono.

—¿Has terminado? He recibido tu ubicación hace unas horas. ¿Ya estás de vuelta?

Enredo mis dedos en el pelo. A ver cómo se lo cuento.

—Pues… verás… —Me quedo atontado observando la enorme nevada a través de la ventana, que añade centímetros de nieve al suelo a cada segundo—. No te lo vas a creer… —Resoplo con fuerza—. Creo que te he buscado un problema.

—¿Has tenido un accidente? ¿Estás bien? —Isma alza la voz, estoy seguro de que, si estaba sentado, se ha puesto de pie y camina nervioso.

—No, tío, no. Estoy atrapado en el último pueblo. No hay que entregar más paquetes, pero no puedo devolverte la furgo porque un alud ha bloqueado la carretera —resumo lo importante.

—Joder… ¿Has confirmado con Protección Civil?

—Más o menos. —Creo que ha sido el padre de Deva quien ha hablado de ellos, así que es más o menos acertado.

—¿Sabes que viene un temporal tremendo y estamos en alerta? Sobre todo, en la sierra. Dan temperaturas de diecinueve grados bajo cero para mañana por la noche. Si nieva, se va a poner feo —dice con su rapidez habitual, escuchar a Ismael es igual que escuchar un audio en WhatsApp al x2.

«Si nieva, dice».

Los copos al otro lado de la ventana son gruesos, mucho. No, no tiene pinta de que pare de nevar.

—¿Sabes que lo que me estás contando lo pone todo un poco peor?

Aquí no ha parado de nevar desde que he llegado.

—No muevo la vista de un punto fijo en lo alto del seto que rodea el jardín de la casa, ver cómo aumenta la nieve es hipnótico y…

preocupante. Espero que no tenga consecuencias en su curro.

Pienso en que este temporal me habría alcanzado igual bajando, aun sin encontrarme con el alud habría tenido problemas.

Me quiero convencer, pero está claro que aceptar esta pantomima de ser un novio falso durante quince minutos me ha retrasado y he puesto a Ismael en una situación complicada. Soy un gilipollas.

La pausa que está haciendo mi amigo me mosquea, como tenga que justificarme contándole mi última hazaña…

—¿Sabes lo que significa esto? —interrumpe mis pensamientos.

—¿Que soy un gilipollas?

—Hay otras cosas que lo confirman, pero esta, precisamente, no.

—«Si tú supieras»—. ¡Que me has dado vacaciones!

La ubicación de la furgo va a indicar que estoy atrapado allí.

—Suelta una carcajada que provoca otra en mí—.

Me has concedido días libres en navidades, tío.

—Sigue riendo—. Sandra va a llorar de alegría.

Que la mencione me hace sonreír, y después de la noticia que me dio ayer, más.

—¿Qué tal está?

—Se levanta fatal con las náuseas y los vómitos. Pero saber que no es ninguna enfermedad nos ha dejado más tranquilos.

—Dale un abrazo de mi parte.

—El abrazo te lo va a querer dar ella a ti, verás. —Se ríe.

—Dejo de preocuparme, ¿verdad? —Necesito que lo confirme.

Su forma de verlo me quita toda la presión que tenía por haber estado enredado con tonterías.

Que a mí me venga bien estar atrapado —porque joder, no pasar Nochebuena y Navidad en casa de mis padres me sienta de maravilla— no significa que me haga la misma gracia que mi amigo tenga un altercado con la empresa para la que trabaja.

—Tendrás que avisar en tu casa. Aunque creo que esta excusa te viene de fábula, ¿eh, colega?

Puedo verlo levantando las cejas en plan conspiranoico.

—Sí —admito ufano. Acabo de librarme a gusto, y sin culpa, de toooodas las festividades con mi familia.

«Joder… Con mi hermano». Cada vez que lo pienso, me parece más increíble.

—Infórmame de los avances, ¿vale? —La rapidez de sus palabras aumenta; me va a colgar—. Pero, oye, ¿tú estás bien?

—Bueno, no le estoy dando demasiadas vueltas —confieso. Tampoco mi nueva situación me lo está permitiendo, algo que agradezco.

—Eso está bien… Pero si te rayas, llámame, ¿vale? —Escucho que trastea con algo —. Voy a confirmar que has entregado el último paquete.

—¿Te he mandado el DNI? —Recuerdo haberlo apuntado en WhatsApp, tal y como he hecho con las otras entregas, pero no sé si lo he enviado.

—Sí, sí —confirma—. ¿Tienes dónde dormir? Ese pueblo tiene…

—Sí… Claro. No te preocupes, tengo techo. —«Familia y novia», completo en mi mente y me aguanto la carcajada; tendré que tomármelo con humor.

—De locos —ríe.

—De locos —replico, y no sabe hasta qué punto es así.