75. Cena de empresa y revelaciones
Cena de empresa y revelaciones
ANDREW
Hace una semana que volví a Dublín. Hoy Dunrae está de fiesta: celebramos el aniversario de la compañía.
Esta noche hay una cena multitudinaria, como dice Olivia, con pilotos, tripulantes de cabina, personal de tierra e invitados.
Mi padre, el gran Harry Jones, es uno de los anfitriones, y la familia está más emocionada que nunca.
Eloise lleva cuatro días preparando un discurso que dará cuando él acabe el suyo.
El día después de llegar a Dunrae decidí ir a casa para contarles a mis padres cómo me sentía y la decisión que había tomado de dejar París. Estaba muy nervioso. Me planté allí sin avisarlos.
—Mamá, papá. —Los saludé un tanto formal.
—¡Andrew! ¿Qué haces aquí? —se sobresaltaron los dos—. ¿Vienes de visita?
Negué con la cabeza.
—No, mamá —respondí mirando al suelo—. Vuelvo a casa.
—¿Te trasladan a Dublín? —me preguntó mi padre.
Los miré a los dos muy serio y lo supieron. Miriam dio un paso adelante y me abrazó al tiempo que yo estallaba en lágrimas. Pocas veces he llorado en el hombro de alguien, pero, si lo tenía que hacer, era en el de mis padres.
Me senté en el salón y se lo conté todo.
—No era la vida que quería llevar —dije.
Había repetido esta frase tantas veces en mi cabeza que soltarlo me pareció liberador. No podía creer que al fin hubiera vencido mis miedos y me hubiese armado de valor para contar mi verdad, lo que siento, lo que quiero o no ser.
—Sé que esto os decepciona más que nada, por eso no os lo dije antes.
—Hijo —musita Miriam, con los ojos llorosos—, jamás te obligaríamos a ser nada que no quisieras, nunca.
«Eso mismo dijo Olivia», pensé.
Miré a Harry.
—Lo siento mucho, papá.
Se mostró serio durante toda la conversación, así que no sabía cómo tomármelo. Pero entonces se levantó del sillón y me abrazó con todas sus fuerzas.
—No, hijo, perdóname tú. No pretendía que te sintieras obligado a hacer esto.
—Me encanta volar, papá, y quiero seguir en este mundo, lo adoro —le expliqué—, pero, como le conté ayer a Olivia, he presentado mi solicitud para ser instructor.
—¿En serio?
El rostro de los dos reflejaba una emoción que no me esperaba.
—Sí —contesté emocionado—. Enseñar me atrae, creo que me gustará, y hay un puesto de instructor aquí, en Dublín.
—¡Es maravilloso!
Pasamos la mañana juntos. Les conté que la noche anterior me había plantado en la residencia para recuperar a Olivia porque no aguantaba más.
—Hay parejas que necesitan estar juntas, no pueden mantener una relación a distancia —dijo Miriam—. Y eso no es malo, Andrew.
No lo es, lo sé. Olivia y yo funcionamos como una brújula el uno para el otro.
Si la tengo cerca, sé lo que quiero ser, adónde quiero ir; sin ella, me pierdo.
No habría sido capaz de dejar mi puesto como comandante si ella no me hubiera mostrado que puedo ser lo que quiera, que nadie me obliga a convertirme en algo que no deseo y que es posible plantar cara a un presente que no me representa.
—¿En qué piensas?
La voz de Olivia me devuelve a la tierra mientras me peleo con la corbata. Y eso que tengo un tutorial que me hizo Eloise, pero siempre lo olvido. Me vuelvo para ver el atuendo de Olivia. Qué bien le quedan los vestidos largos de tonos oscuros. Se me cae la corbata al suelo, literalmente.
—Me cago en la…
Da una vuelta sobre sí misma mientras se ríe.
—¿Voy bien?
La miro de arriba abajo deseando recorrer con los dedos y la lengua cada maldita parte de su cuerpo. Está impresionante, y es mi novia. Y no tengo ojos para nadie, salvo para ella, porque me vuelve loco.
—Estás… increíble.
—Vamos, que llegamos tarde.
Nos encontramos con mi familia. Mi hermana pone los ojos en blanco cuando me ve la corbata y me vuelve a hacer el nudo.
—Maldita sea, ¿es que no te pones mi tutorial? —refunfuña.
El restaurante abre las puertas para celebrar el aniversario de la compañía; somos más de doscientos invitados. Todo el mundo va de gala, como si fuera una entrega de premios, y no falta nadie porque no hay vuelos programados para esta noche especial.
—No se lo digas a nadie, pero le van a dar un premio a papá por su trayectoria en la aerolínea —me dice Eloise, como si me leyera la mente. No solo han invitado a Harry: legendarios pilotos veteranos nos acompañan en esta velada.
La noche comienza con un cóctel de bienvenida.
Por un rato, Olivia se aleja de mí y se reúne con sus amigos.
Orgulloso, mi padre nos presenta a varios pilotos veteranos a mí y a mi hermana, y Eloise se gana toda su atención, ya que es una friki.
Los conoce a todos… Si hubiera un álbum de cromos, lo tendría.
Después pasamos a la cena, interrumpida por discursos, vídeos proyectados en una pantalla enorme… Está siendo muy divertido.
—Un minuto de atención, por favor —pide el subdirector de la aerolínea desde un miniescenario—.
Quiero entregar este premio a una persona muy especial.
—De reojo, veo que tanto Olivia como Eloise sacan el móvil para grabar el momento—.
Fue el mejor piloto de su promoción y se convirtió en una leyenda cuando llegó a NimbusAirways.
Pasó por más de cinco bases europeas hasta que se estableció en Dublín junto a su mujer y sus dos preciosos hijos, que han seguido sus pasos.
Un fuerte aplauso para recibir a… ¡Harry Jones!
Todo el mundo se levanta al unísono. Mi padre se queda helado porque no se lo esperaba, pero, en cuanto oye su nombre, se acerca al escenario, donde le entregan un trofeo en forma de avión.
Tampoco mi madre sabía nada, y veo que llora por la emoción, como Eloise, aunque ella estaba al tanto de todo.
Qué orgullo de padre, de familia.
Una hora más tarde, apartan las mesas y se forma una pista donde la gente sale a bailar. Comienza la parte favorita de todo el mundo. Charlo con mis compañeros, paso tiempo con los divertidos amigos de Olivia… hasta que me encuentro con míster K.
—Buenas noches, Jones, he visto que has vuelto —dice al tiempo que me tiende la mano y brinda con su copa—. Enhorabuena por lo de tu padre, lo he saludado antes.
—Gracias. Y sí, he dejado la base para venir aquí.
—Me sorprendió que eligieras París, teniendo aquí a tu familia.
—¿Elegir? ¿Cómo? ¿De qué estás hablando?
—Lo vi en la solicitud que presentaste al consejo de pilotos de la aerolínea… No sé si sabes que soy el vicepresidente.
—¿Solicitud?
Se me hiela la sangre. Y entonces lo entiendo. La busco por el restaurante y la veo a lo lejos con Chad. Él la está besando, pero ella solo hace una cosa: mirarme. Camila. Fue Camila. Ella rellenó la solicitud para que me mandaran a París. Ella… quería separarme de Olivia.
—¿No lo solicitaste tú?
—Sí…, eh, pero el tiempo que pasé en París me demostró que esa decisión era un error. Aunque, ahora que lo pienso, supongo que el único que no se daba cuenta era yo… —respondo, y me marcho.
Olivia me encuentra y tira de mí para llevarme a la pista.
Pasamos toda la noche bailando y besándonos.
Hay algo mágico entre nosotros. Algo que no supe ver, que no supe sentir.
Ahora entiendo muchas cosas del amor que solo he podido aprender con ella.
Porque la vida consiste en reiniciarse las veces que sean necesarias.
Y pulsaría el botón más de una vez para volver a enamorarme de ella.