Bésame antes de volar 72. Decepciones
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72. Decepciones

Decepciones

OLIVIA

Pasa algo. No sé el qué, pero noto a Andrew diferente, disperso…

Mientras desayuno, recibo una llamada de Andrew. Hoy es el día. He podido librar para ir a recogerlo al aeropuerto y, por fin, pasar unos días juntos. Lo echo tanto de menos que estas dos semanas han sido muy difíciles y solitarias.

—¿Olivia? —oigo su voz divagante, como si se acabase de despertar.

—¿Andrew? ¿Estás bien? ¿No deberías estar en el aeropuerto?

—Eso es lo que quería decirte… —Silencio—. He perdido el vuelo.

—¿Cómo?

Salto de golpe y se me cae una tostada al suelo. Ben y Carter me miran extrañados. Salgo del comedor y voy hacia uno de los pasillos, buscando intimidad.

—Anoche fui a una fiesta y me he quedado dormido. Joder, lo siento.

—Andrew, ¿qué es lo que pasa? Sales cada día, tardas en responder a los mensajes, no atiendes a las videollamadas… ¿Me…, has conocido a alguien? —pregunto con la voz temblando.

—¿Qué? ¡No! No he conocido a nadie, solo te quiero a ti —responde, y le creo. Soy tan gilipollas que, aunque me esté mintiendo, me lo trago—. Necesitaba divertirme un poco, dejar de pensar y estar triste todo el rato.

—Y lo entiendo, pero no puedes dejar las responsabilidades de lado.

—¿Responsabilidades? —Parece ofendido—. Mira, Olivia, mi vida ha cambiado por completo, todo me ha pillado de puto improviso: te he dejado en Dunrae en el momento en que mejor estábamos, he aceptado este maldito cargo porque es el sueño de mis padres, así que no me hables de responsabilidades.

Solo intento procesar a mi manera todo esto, ¿lo entiendes?

No respondo. Se me acaba de formar un nudo en la garganta del que no sé cómo narices me desharé.

—Estás distinto.

—¡Es que todo ha cambiado!

—No era necesario, Andrew.

—¡Pues lo ha sido para mí!

Silencio. Ninguno de los dos es capaz de seguir hablando.

—Entonces supongo que no te veré.

—El siguiente vuelo es dentro de dos días y trabajo al siguiente, así que no me da tiempo a cogerlo —responde, y se me caen las lágrimas—. Puta mierda. —Le oigo maldecir.

Desde que se fue, he estado contando los minutos para volver a verle. Intento secarme las mejillas, pero las lágrimas salen disparadas.

—Andrew.

—¿Sí?

—¿Y si esto no va con nosotros? ¿Y si, aunque nos esforcemos, no sale bien? —Aprieto el móvil con tanta fuerza que me hago daño.

—No digas eso.

—Quizá empieces una nueva vida allí y conozcas a alguien.

—Eso no va a pasar. Olivia, estoy enamorado de ti. Prometo…, prometo que no volveré a faltar a las videollamadas, ¿vale?

Le creo.

Y lo cumple.

Los primeros días.

Después, las palabras se las lleva el aire de París.