Bésame antes de volar 65. Dónde estar
85%

65. Dónde estar

Dónde estar

OLIVIA

Andrew se va.

A París. Han abierto una nueva base de NimbusAirways y necesitan comandantes.

Se va en cuestión de días, y yo…, me quedo aquí. Sin él. Ahora que estábamos en sintonía, que estábamos juntos, ¿por qué el destino nos quiere separar? ¿Acaso no estamos hechos el uno para el otro? Yo he aprendido a sanar, y él, a dejar que otra persona le acaricie el corazón.

Se supone que esa es una de las muchas cosas que tenemos que hacer en la vida, ¿no? Aprender, superar, caernos y volver a levantarnos. Andrew y yo estábamos en el sitio equivocado, pero ahora sabemos dónde queremos estar, con quién queremos estar. ¿Por qué tiene que torcerse?

El cielo se cubre de nubes en cuanto aterrizamos, y volvemos corriendo al coche cuando empieza a llover. Tengo muchas ganas de llorar, pero no quiero… Por favor, otra vez no.

Porque lo he oído. Ese crac, el famoso crac que sentí cuando todo se torció con Alejandro. No puede irse. Ahora está llamando a sus padres, intentando averiguar el porqué de este traslado repentino, para poner las cosas en orden.

Tiene la mirada perdida. No se lo esperaba, nos ha pillado por sorpresa a los dos, pero él… Su vida acaba de dar un giro de ciento ochenta grados: tiene que hacer las maletas para irse a otro país. A otro país. No me lo puedo creer. Nos separan.

—Andrew… —musito.

—Olivia, ahora no puedo pensar.

Arranca el coche y pone rumbo a la residencia. Nos mantenemos en silencio, pero en ese instante las lágrimas comienzan a rodar por mis mejillas. Me siento tan estúpida por sentirme otra vez así… Intento secármelas, pero Andrew se da cuenta al instante.

—Olivia —dice mientras para el coche en el arcén de una carretera secundaria.

Se vuelve hacia mí, posa la mano en mi mejilla y veo que tiene los ojos rojos y lagrimosos.

—Mierda, lo siento mucho. Yo… lo arreglaré, ¿vale? Hablaré con quien sea. No puedo marcharme, ahora no, ¿de acuerdo?

Asiento mientras sigo llorando en silencio.

—Confía en mí, lo arreglaré.

Y le creo. Aunque no debería.