Bésame antes de volar 63. Seguimos en Edimburgo
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63. Seguimos en Edimburgo

Seguimos en Edimburgo

OLIVIA

Me despierto con unas ganas de vomitar horribles. Me he puesto una alarma para enviarle a Andrew el mensaje que tenía preparado, en el que le deseo suerte para su examen teórico, e intento acordarme de lo que le dije en los audios que le mandé anoche… No me atrevo a escucharlos por vergüenza.

Me incorporo y me doy cuenta de que Serena no está durmiendo a mi lado.

Compartimos habitación; Carter y Ben están en el cuarto de al lado.

Entonces recuerdo lo que pasó anoche: Carter cabreado y enrollándose con la primera chica que pasaba por ahí, Ben y Serena…

Espera, esos dos se liaron. Salgo de la habitación y me llevo la mano a la cabeza porque me los encuentro durmiendo juntos en el sofá del salón del apartamento. Los voy a matar.

—¿Qué opinas? —pregunta Carter en cuanto aparece bostezando y con pintas de resaca.

Solo lleva puestos unos calzoncillos, aunque no parece importarle.

—¿Sinceramente? No quiero saber nada de esto —respondo al tiempo que alzo los brazos, exculpándome de cualquier cosa—. Como se les ocurra… En fin, no quiero presenciar ningún drama entre ellos.

—Se está poniendo interesante la cosa.

—¿Y a ti qué narices te pasó anoche?

—Nada. —Me evita mientras se dirige a la cocina.

Lo sigo.

—Carter…

—Tuve una pequeña discusión con Eloise.

—¿Sobre qué?

—¿Tú qué crees? Va a casarse.

Otro más. Pongo los ojos en blanco y pienso que somos nosotros, los humanos, los responsables de retorcer el amor.

Pasamos la tarde haciendo una visita guiada al castillo de Edimburgo, y una vez más me quedo fascinada por lo bonita que es la arquitectura del lugar. Puede que esta ciudad haya pasado a ser la más bonita que he visto en mi vida, y me encantaría…, me encantaría venir con él.

Ben y Serena llevan todo el día actuando como si nada hubiese pasado entre ellos, pero ni Carter ni yo hemos dicho nada al respecto.

Mi amiga ha propuesto ir a un karaoke esta noche, y todos accedemos, pero prometemos que será más tranquila que la anterior.

Las cosas no terminan de salir como nosotros queremos.

Llamo a mamá mientras me arreglo para salir y le comento que me gustaría ir a verla a finales de mes, cuando no haya tantos vuelos y me pida días libres para ir a Alicante.

Se pone tan contenta que le hablo de Andrew, le cuento que hemos seguido adelante con nuestra historia y le digo que me encantaría que lo conociera.

«En ese caso, tendré que aprender inglés, ¡qué ilusión!», responde ella, y se me ablanda el corazón.

Aprovecho y le mando una foto sexy a Andrew, y me sonrojo cuando me responde que se muere por tocarme, por besarme y por… más cosas. Le pido que me envíe una suya y la conversación se vuelve más caliente de lo que yo esperaba.

—¿Qué pasa? —me pregunta Ben al pasar por mi lado. Al verme la cara, hace el amago de quitarme el móvil.

—Nada, cosas mías.

Visto lo visto, decido encerrarme en el baño unos minutos, hasta que Andrew y yo nos despedimos.