51. Prenavidad
Prenavidad
ANDREW
Hoy tengo desayuno con Eloise.
—¿Estás bien? —le pregunto.
Desde que nos hemos encontrado, la he visto extraña, más distraída de lo normal, y mi hermana no suele quedarse en Babia.
—Claro que sí, ¿por qué?
—Te noto rara.
Sacude la cabeza.
—No sé de qué hablas.
—Estás como apagada. ¿Es por la boda? —No sé por qué tengo una especie de premonición—. ¿Va todo bien con Miles?
Eloise sigue con la mirada perdida en algún punto del exterior de nuestra cafetería favorita.
—¿Eloise?
—¿Sí? —Vuelve a mirarme.
—¿Va todo bien con Miles?
—Claro.
—Estás mintiendo —confirmo, y clavo la mirada en ella.
—No miento, es que no me imaginaba que todo esto fuera a ser tan estresante.
—Es normal, supongo; quedan seis meses.
—Seis meses… —repite en voz baja.
No la reconozco, siempre está segura de todo… Suele ser tan decidida que me temo lo peor.
—¿Te estás echando atrás?
—Pero ¿de qué hablas? —se altera.
—Me lo puedes decir, soy tu hermano.
—¿Ah, sí? Entonces cuéntame qué te ha pasado con Olivia. —Me reta con la mirada—. No soy una cotilla, pero ya sabes que acabo enterándome de todo, y en la base no se habla más que de vosotros. ¿Has vuelto a verte con Camila? —me pregunta con desprecio.
—Te he dicho mil veces que no estamos saliendo.
—¿Y Olivia? Pensaba que en Lisboa habían cambiado las cosas entre vosotros y que al final…, ya sabes, que estas Navidades no tendríais que fingir delante de la familia.
Me atraganto.
—¿Qué?
—Dentro de cuatro días es Nochebuena, y todos esperan que vengáis juntos. Y en Navidad también.
Mierda.
—No sé si…
—Mamá y papá le han reservado un asiento en la mesa, incluso le han comprado regalos. Están locos con vosotros dos. Después de aquella comida, hasta yo creí que había algo entre vosotros.
Me paso las manos por la cara. No puedo creer que vuelva a encontrarme en esta situación. Bueno, no, ahora es peor. Hemos decidido cortar todo tipo de relación entre los dos, aparcar nuestros sentimientos, o lo que sea que hubo.
Aunque fuera ella la que lo pidiera, yo acepté como si nada con tal de huir de la mezcla de emociones que empezaba a sentir.
—Solo te pido que no fastidies las Navidades. Están más ilusionados que nunca. La adoran.
Normal, ¿quién no lo haría? Olivia es increíble…, tanto que es mejor que me mantenga alejado de ella.
—Pues no sé cómo lo voy a hacer —musito.
—Algo se te ocurrirá, porque, cuando alguien te gusta de verdad… —No termina la frase. Vuelve a perderse en sus pensamientos hasta que me mira—. Bueno, ya sabes.
¿Soy yo o parece que esté pensando en alguien? Eloise no es romántica ni suele hablar del amor como tal. Supongo que, al haberse enamorado tan joven y llevar tanto tiempo con la misma persona, el amor se convierte en… otra cosa.
—Acabaré enterándome de lo que te pasa.
—¡Que estoy bien! ¡Es estrés! —Hace un aspaviento con la mano y cambia de tema—. En fin, hermanito, hoy no puedo dedicarte mucho tiempo; esta noche tengo un vuelo y antes quiero ir al gimnasio.
Cuando terminamos de desayunar, como estoy de guardia y por ahora no tengo nada que hacer, decido seguir a Eloise sin que se dé cuenta.
No sé, hay algo que no va bien, y estoy convencido de que no me lo contará; odia que la perfección se le escape de las manos. Me ha dicho que volaba esta noche, así que tiene casi todo el día libre. En teoría iba a ir al gimnasio, pero algo me dice que hará algo más.
La sigo hasta la primera planta de la residencia, y es extraño, porque su habitación está en la segunda, cerca de la mía.
Pongo los ojos en blanco cada vez que se para a saludar a las personas con las que se cruza.
No sabía lo difícil que es mantener las distancias cuando sigues a alguien.
Eloise ralentiza el paso y se detiene delante de una puerta.
Entorno los ojos para intentar averiguar a quién pertenece, pero no lo consigo.
Entonces, como si supiera que la están siguiendo, mira a ambos lados del pasillo para asegurarse de que no hay nadie cerca.
Me escondo tras la esquina más cercana. ¿Qué narices hace?
¿Y si me estoy volviendo loco y solo está visitando a una amiga?
Tiene muchas. Mi curiosidad se tranquiliza hasta que llama a la puerta y sigue mirando a su alrededor, nerviosa.
Eso me escama. Solo espero que no se esté drogando, porque no le pega nada.
Vale, no lo digo en serio, sé que jamás se le ocurriría arriesgar su trabajo.
La puerta se abre, y unos brazos masculinos la envuelven por la cintura.
¿Qué cojones? No hay nadie más en el pasillo, por lo que puedo salir de mi escondite y veo a mi hermana, la que está a punto de casarse, besándose con un chico que no es Miles.
La puerta se cierra de golpe y oigo risas.
Me llevo la mano a la frente. No me creo lo que acabo de ver, lo que he descubierto.
¿Eloise está poniendo en riesgo su boda y su relación de más de diez años?
Esto no me lo esperaba.
Se ve que no soy el único que tiene el corazón hecho un lío.
Tras descubrir que mi hermana le es infiel al chico perfecto, he salido a correr con la esperanza de encontrarme a Olivia.
Aunque sé que ella entrena por las mañanas, y tampoco he comprobado si está volando u hoy es uno de sus días libres.
Si tengo que ser sincero, no sé por qué hago esto, por qué me castigo.
La he perdido. ¿La he perdido? Pues claro.
Ha vuelto con el gilipollas de su ex, y yo, como un tonto, esperando que regresara a Dunrae con la intención de cambiar ese punto final por un punto y seguido.
Es la hora de la verdad. Todo esto es tan nuevo para mí que no sé qué hacer o si es mejor dejarlo correr.
Estos días he estado pensando, dando vueltas a la idea de que Olivia es increíble…
La echo de menos todo el tiempo que no estamos juntos.
Quiero saberlo todo sobre ella, quitarle capas de piel para descubrir de qué material son sus huesos.
Quiero que no me duela saber que está con otro.
Quiero convencerla de que conmigo será mejor.
Aunque me dé miedo sentirlo. Porque me he enamorado de ella.
Y necesito convencerla de que pase las Navidades con mi familia.
Para abrirme con ella y vencer mis miedos.
Me doy una ducha después de correr y, aunque es casi la hora de cenar, decido pasar por el pasillo de su habitación por si la veo por casualidad.
Lo consigo: viene hacia mí con Serena. No las tengo todas conmigo, porque su amiga me odia (y con razón) y no ayudará en mi proceso de…
¿conquista? Me armo de valor y me acerco.
—Olivia —digo, y parece sorprendida—, ¿podemos hablar un momento?
—¿Eh? —Mira primero a su amiga, buscando su aprobación, pero Serena niega con la cabeza—. Andrew, creo que es mejor… —se disculpa sacudiendo la cabeza.
—Por favor —le suplico—. No es sobre nosotros ni nada de eso, es otra cosa.
Soy un mentiroso, pero parece que se lo piensa. ¿Me odiará por haberme visto con Camila? A juzgar por las fotografías que publicó en su perfil de Instagram, ha vuelto con su ex…
—Cinco minutos.
—Gracias. ¿Podemos ir fuera?
Bajamos a la planta principal y, aunque hace frío, nos quedamos en la terraza, que está menos concurrida que cualquier otra parte de la residencia.
—¿Qué ocurre? —Se cruza de brazos, arqueando una ceja.
—Necesito un favor.
—Un favor —repite en voz baja. No parece muy contenta.
—Faltan cuatro días para Nochebuena, y después viene Navidad y, bueno, mis padres…
—Espero que sea una broma, Andrew.
Niego con la cabeza. Ojalá lo fuera.
—Lo han preparado todo: tienes regalos y un sitio en la mesa.
Abre mucho los ojos. Su mirada se relaja y su corazón se ablanda ante lo que acabo de decir. Mentalmente, doy las gracias a mis padres.
—¿No te has planteado decirles la verdad?
No.
—Lo haré. Pero no todavía. Me ha dicho mi hermana que estaban tan ilusionados que no he tenido cojones de desmentirlo.
Pasan un par de segundos. Me pierdo en la mancha de su ojo, en su coleta mal peinada, en su maquillaje gastado porque quizá haya estado volando. Quiero hacerlo de nuevo: volar, con ella.
—No puedo.
—¿Por qué? Por favor… —Pensaba que la había convencido.
—Andrew, no lo entiendes. Me estoy jugando mi puesto de trabajo al hablar contigo.
Su confesión me deja descolocado.
—¿Qué? ¿De qué estás hablando?
—Déjalo.
—Olivia, espera, por favor. ¿Qué ocurre?
Mira en todas direcciones, nerviosa.
—Camila me ha amenazado. No quería decírtelo, pero sí, tu… novia, o lo que sea, me ha amenazado con echarme de aquí.
Imposible.
—Ella no puede hacer eso.
—Bueno, pues se ve que sí, porque me han quitado vuelos este mes.
No puedo creer que su obsesión conmigo haya llegado tan lejos. Está descontrolada.
—Olivia… —Intento cogerle la mano, pero me rechaza—. Nadie te va a echar de aquí. Solo te pido este favor. Hazlo por mis padres, por favor, solo por ellos. Después, ya se me ocurrirá algo.
La noto inquieta, nerviosa. Parece pensárselo, porque tarda unos segundos en responder:
—Prométeme que nadie se enterará.
—Gracias.
—Lo hago por tus padres, que conste.
—Gracias —repito.
—Porque yo no soy la chica que debería estar sentada en esa mesa.