Bésame antes de volar 48. De vuelta
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48. De vuelta

De vuelta

OLIVIA

Me he pasado todo el viaje de vuelta en el avión leyendo.

Intento no pensar en lo que he dejado atrás en Alicante, sino centrarme en la nueva etapa que se acaba de abrir ante mí, mucho más personal.

Terminar de cerrar el círculo de mi relación con Alejandro ha sido el detonante que necesitaba para asumir que todo ha terminado y que no me queda ninguna herida que cerrar.

Y, joder, qué bien sienta. No me dolió enterarme de que me había puesto los cuernos con Laura, no, sino darme cuenta de que no estaba en el lugar correcto y de que no puedo seguir castigándome de esta forma.

La última vez que miré a Alejandro a los ojos no sentí nada.

Al contrario, no paraba de pensar en cómo hubiese ido la noche si hubiera estado con Andrew y mis amigos de la compañía.

De todas las cosas que imaginé, echar tanto de menos a alguien como Andrew no entraba en mis planes cuando le pedí que olvidara todo lo que había pasado entre nosotros. ¿Y si me equivoqué?

Serena, Ben y Carter me acogen como si hubiera estado un mes fuera de Dunrae, aunque solo ha sido una semana. También yo tengo la sensación de haber estado mucho más tiempo fuera. Nos reunimos en nuestra habitación y les cuento todo lo que ha pasado.

—Oh, Dios mío, bella mia —dice Serena mientras me abraza.

—Sinceramente, es lo mejor que te ha podido pasar —añade Carter—. Flipo con algunos tíos.

Al mirarle, recuerdo que lo vi hablando con Eloise, la hermana de Andrew, y lo raro que me pareció. ¿Qué se traen estos dos?

—¿Es raro si me siento liberada?

—Hombre, que te rompan el corazón y que por fin termine lo que tenías con tu ex es otra manera de decir que ha nacido una nueva Olivia.

Una nueva Olivia. Suspiro. Lo necesito.

—Oíd, ¿es que no os acordáis? —dice Carter levantándose de un salto—. Tenemos un viaje pendiente.

—Sigo sin creerme que vayamos a ir todos juntos a otro país… —dice Serena.

—Yo prefiero no pensar en el jaleo que podemos llegar a armar… —responde Ben, cómplice, y Carter y yo nos miramos.

—¡Será el mejor viaje de la historia! —exclama el inglés—. Después de Navidad cuadramos fechas. A todos nos vendrá bien algo de aire y marcha.

—¿Marcha?

—No hay viaje bueno sin una buena borrachera. —Nos guiña el ojo a todos, y yo sonrío. Estoy deseándolo.

—Voy a por agua —comenta Serena.

—Yo también necesito —se une Ben, que se levanta y la sigue a la cocina.

Carter y yo intercambiamos miradas cómplices. Entonces decido ser directa con él e investigar un poco.

—Carter, ¿qué te traes con Eloise? Hace unos días os vi discutiendo en el pasillo.

La pregunta lo pilla desprevenido.

—Ando conquistándola, os dije que caería rendida a mis pies.

—Pero ¿eres consciente de que está prometida?

—¿Y qué? —Se encoge de hombros, como si conquistar a una chica que está a punto de casarse no tuviera importancia—. Le encanto.

—¿A quién? —pregunta Serena en cuanto aparece de nuevo en el cuarto.

—A Eloise Jones —responde con orgullo.

¿Sabe en qué fregado se está metiendo? ¿Cómo es ella y lo enamorada que está, al menos en teoría, de su novio? Son casi la pareja perfecta, y aunque mi amigo es muy galán, no sé si a Eloise le interesa alguien como él. Le pegan más los chicos… ¿estirados?

—¿Aún sigues con eso? —se burla Serena.

Creo que no sabe que ya han tenido algún que otro encuentro, y estoy segura de que Carter lo hace aposta. Ni Serena ni Ben suelen hacerle caso cuando habla de sus conquistas amorosas, pero yo escucho con atención cómo habla de la hermana del chico que me ha vuelto loca.

Mientras mis amigos charlan y se chinchan, me excuso un momento y salgo de la habitación. Tengo que pasar por la lavandería: mañana vuelo y no tengo ni una camisa limpia.

Cuando salgo al pasillo, descubro el ambiente más animado de lo que me esperaba.

Claro, es domingo, y todo el mundo debe de estar preparándose para ir al Pint Corner.

Estoy tan contenta de haber vuelto… No sabía que iba a echar tanto de menos Dunrae.

Me ha encantado volver a mi ciudad y pasar tiempo con mi madre, pero no he dejado de pensar en mi vida de aquí.

Me viene a la mente Andrew y me pregunto qué estará haciendo en este instante.

Mis pies se mueven solos hacia su habitación. No sé qué estoy haciendo, tengo un presentimiento. Creo que quiero fingir un encuentro casual para verlo. Joder, estoy tan perdida que pareceré una loca. Cuando me encuentro a escasos centímetros de su puerta, esta se abre y choco con un pecho desnudo.

—¡Mierda!

Lo miro con los ojos muy abiertos: primero, sus pectorales y su torso; después, sus ojos azules. Al instante oigo una voz femenina que proviene del interior. Camila. No puede ser. Trago saliva, menuda decepción.

—Eh, yo… Lo siento.

Me doy la vuelta. Siento angustia y un nudo en el pecho del que quiero deshacerme, pero no puedo. Está con ella. Y va medio desnudo. Controlo las ganas de llorar y me odio por sentirme así. Fui yo la que le dijo que no había nada entre nosotros, y ahora…

Joder, Olivia.