46. Noches rotas
Noches rotas
OLIVIA
Mamá está dormida cuando llego a casa. Menos mal que no me ha esperado despierta, como solía hacer cuando empecé a salir, porque tengo el maquillaje corrido y una cara que da miedo.
Me doy una ducha en silencio para quitarme el olor de la fiesta y me froto el cuerpo una y otra vez.
No voy a llorar más. Ya está. Me acuesto sintiendo que mi vida está totalmente desordenada y enciendo el teléfono.
Como tengo bastantes mensajes de Instagram de mis amigas de Alicante, esa es la primera aplicación que abro.
Todas las notificaciones parecen reacciones a una historia que en teoría he subido yo, pero no recuerdo haberlo hecho. El corazón se me empieza a acelerar.
¿Qué has hecho ahora, Olivia?
Cuando entro en mi perfil, veo que, en efecto, hay una publicación mía reciente: se trata de un selfi en el que aparecemos Alejandro y yo muy pero que muy cerca.
Demasiado. Tanto que da pie a malentendidos.
Me apresuro a eliminarla mientras intento recordar cuándo publiqué algo así, y entonces recuerdo lo que me dijo Laura acerca de lo celoso que se puso Alejandro cuando vio mis fotografías con Andrew en Instagram, el momento en que me cogió el móvil sin mi permiso, fingiendo que era un juego, y nos hizo una foto…
Supongo que, con el ajetreo, no me di cuenta de que la subía a mi perfil.
Una vez resuelto el misterio, abro la aplicación de WhatsApp y abro el chat con Andrew para escribirle.
Se eliminó este mensaje
Me ha escrito.
Pero lo ha borrado.
Ojalá hubiera pensado más en mí durante estas últimas horas. Ojalá lo hubiera hecho para no sentirme rota de nuevo. He sido una tonta por haber creído en el amor sin que este me haya dado ni una sola garantía.