Bésame antes de volar 44. Echar de menos
58%

44. Echar de menos

Echar de menos

ANDREW

Son las cuatro de la mañana y no puedo dormir.

Por lo general me pondría a leer o a escuchar un pódcast sobre crímenes, mis favoritos, porque hacen que baje la guardia y me quede dormido con la mente en blanco.

Aunque suene un poco psicópata. Ojalá tuviera el poder de dejar de pensar, de dar vueltas a las cosas que me desquician.

Me levanto, me paseo por la habitación y me detengo cuando mi mirada se topa con un sobre acolchado que hay en mi escritorio. Son las instantáneas que hice durante el viaje a Portugal. Lo abro a sabiendas de que me voy a hacer daño.

A mi familia le encantan las fotografías, eso de congelar instantes especiales a toda costa, sobre todo durante los viajes, para luego mirarlas, tocar la superficie de la imagen y recordar ese momento.

Como si tuvieran dimensiones, como si tuvieran olor.

Yo no tengo nada que recordar de Lisboa.

Solo a ella. Esparzo sobre la mesa algunas de las fotos y Olivia es la única que aparece.

Son instantáneas distintas, en la mayoría ni siquiera sale sonriendo, casi todas con el pelo revuelto, otras con mueca de fastidio o dedicándome una mirada que me recorre todo el cuerpo.

Joder, nunca he conocido a una chica tan especial.

Cojo el móvil por impulso y busco su nombre entre mis contactos.

Es muy posible que esté durmiendo en su antigua habitación, tal vez soñando con quedarse allí y no volver.

Me tortura la idea de que sea capaz de hacerlo, porque sé que lo es.

Olivia se guía tanto por lo que siente que, aunque ella no quiera, sus emociones dominan a sus decisiones, ya sean correctas o no.

Le escribo.

Te echo de menos

Quizá tendría que haberle dicho que la quería.

Quizá debí armarme de valor y enfrentarme al amor de una vez por todas.

¿Por qué le tengo tanto miedo? ¿Porque nací sin él?

¿Porque se quedó por el camino? He crecido en una familia unida, en una donde el cariño ha sido esencial, pero siempre me he mantenido a un lado porque no me creía digno de sentirlo yo también.

Tal vez sea el momento de superar esa barrera, de mostrar cómo soy de verdad, no bajo una capa oscura que lo único que hace es alejarme de las personas a las que quiero.

Por eso decido que, en cuanto vuelva Olivia, le diré lo que siento. No borro el mensaje, no me arrepiento.

Me meto en Instagram un rato a ver si los vídeos de aviones consiguen que me quede dormido, hasta que veo que ha subido una foto.

Se me para el corazón. Un chico la rodea por detrás y está besándola muy cerca de la boca.

Veo que ha etiquetado el perfil del chico y, en cuanto pulso, se me cae el alma a los pies.

Se llama Alejandro. Es él. Su ex. No me lo puedo creer.

Mi respiración se acelera mientras borro el mensaje que le he mandado y recuerdo lo mal que estuvo por ese gilipollas que la engañó.

Olivia se marchó de casa, dejó su ciudad y su trabajo por ese cabrón, y ahora… Ha vuelto con él.