Bésame antes de volar 42. En el aire
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42. En el aire

En el aire

ANDREW

Cojo con fuerza los mandos para realizar la maniobra de aterrizaje.

Hace mucho viento, así que no será fácil.

Repaso mentalmente los consejos de mi hermana y contengo la respiración durante los segundos previos a que las ruedas toquen la pista.

El avión se tambalea un poco debido a la velocidad incrementada por el viento, pero ya estamos en tierra. Y no ha estado tan mal.

—Bien hecho —me felicita el comandante, aunque sé que puedo hacerlo mejor.

Desde que Olivia se fue a España, he intentado volver a ser el chico de antes.

He procurado concentrarme más que nunca en mis objetivos y olvidarme de esa voz molesta que me susurra que puedo tomar otro rumbo en mi vida.

La aviación es mi destino, por eso los Jones me escogieron.

No fue al azar, me eligieron para formar parte de su familia, y no puedo decepcionarlos.

Una vez le dije a Olivia que decepcionar a quienes me salvaron la vida y me lo dieron todo es lo que más miedo me da. Creo que es fácil de entender, porque, después de eso, no dijo nada más.

—¿Qué pasó en Lisboa? —me pregunta Chad mientras desayunamos después de la práctica.

—Nada —le miento. No voy a contarle nada de lo que ha sucedido con Olivia.

—Te lo pregunto porque Camila no deja de avasallarme como una desquiciada, como si yo supiera algo. ¿De verdad no pasó nada? Oí algo sobre unas fotos.

—He dicho que no pasó nada, Chad.

—Vale, vale, tranquilo. ¿Y dónde está ahora? —dice al tiempo que me clava la mirada.

—¿Quién?

—Ella.

—En España.

Esta mañana, cuando me disponía a salir de la residencia para dirigirme hacia la práctica de vuelo, me he cruzado con Serena y uno de los amigos de Olivia.

Al escucharlos decir su nombre, no he podido evitar afinar el oído para intentar captar algo de lo que hablaban: al parecer, se ha ido a su casa unos días.

Me tiene algo desconcertado, porque no sé por qué se ha marchado.

¿Ha sido por lo que pasó en Lisboa? Su voz aún resuena en mi cabeza repitiendo una y otra vez aquellas palabras que tanto me dolieron: «No puedo enamorarme de ti».

Yo solo quería arreglar las cosas y que volviéramos a ser amigos durante el viaje, no darme cuenta de que estoy perdidamente enamorado de ella…

Siento como una puta puñalada cada una de las palabras que me dijo antes de marcharse.

¿Es esto el amor? ¿Así es como he hecho yo sentir a tantas chicas?

Olivia tiene razón, he sido un cabrón egoísta.

Ahora entiendo su furia tras pasar por una ruptura y darse de bruces con el chico rompecorazones.

No puedo echarle en cara que no confíe en mí. Pero ¿y ahora qué?

Entre las nubes es donde mejor pienso y, ahora que ella no está, necesito aclarar las ideas, así que trabajar me va bien.

Porque creo que tiene razón, debo olvidar todo lo que pasó entre nosotros.

Aunque eso me termine derrumbando.