Bésame antes de volar 39. Vuelta a la realidad
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39. Vuelta a la realidad

Vuelta a la realidad

OLIVIA

Ya estamos de vuelta en Dunrae, el coche nos acaba de dejar en la puerta de la residencia. Nos hemos despedido del capitán y de Stephanie, que se lamenta de no haber podido disfrutar de la ciudad.

Andrew y yo nos quedamos el uno frente al otro. Son las tres de la madrugada y estamos cansados. Ha sido un día muy largo, y vuelvo con emociones que no pensé sentir cuando nos fuimos. Estar aquí se me hace raro, como si todo lo que ha ocurrido fuera una ilusión.

—¿Y ahora qué? —pregunto en voz alta.

Miro a mi alrededor en busca de Serena o Camila, esperando encontrarme con sus miradas, juzgándome por todo lo que ha pasado.

Observo a Andrew, que se encoge y mira al suelo, como el niño que acaba de hacer algo que no debía. Me resulta tan diferente al chico que conocí la primera noche…

—No lo sé.

«¿No lo sabes?», quiero decirle. Trato de pensar y ponerlo todo en una balanza, y suelto la mayor tontería que se me podía ocurrir. Pero ni aun así consigo sacudirme el miedo de encima.

—Creo que deberíamos actuar como si no hubiera pasado nada.

—Pero ha pasado…

—Y tú tienes demasiados asuntos pendientes —añado.

Andrew chista con fastidio.

No he olvidado que Camila me amenazó. Y por nada del mundo querría que me echaran de NimbusAirways.

Sinceramente, me arrepiento de haber publicado todas esas fotos, porque preferiría que nuestro fin de semana se mantuviera en secreto.

Tal vez sí que he cometido un error. ¿Qué pensarán los demás?

¿Cómo se lo explico a Serena? He caído en las redes del tío que está con todo el mundo, que le vende la moto a cualquier chica.

«Tengo amor propio, aunque me haya acostado con él», querría chillarles a todos.

Pero nadie lo entendería, porque ni yo entiendo lo que ha pasado.

Necesito aparcar a un lado las ilusiones con Andrew.

Porque me gusta tanto que podría cometer demasiados errores.

—Lo siento —vuelvo a decir—. Pero esto no te pilla por sorpresa, lo habrás hecho cientos de veces, Andrew Jones.

Él asiente con la cabeza, pero sigue con la mirada clavada en el suelo.

—Tú tienes tus cosas por ahí, y yo… yo tengo que sanar.

Estoy haciendo esto por mí.

Porque es demasiado pronto. Porque me da un miedo de cojones seguir avanzando. Porque no puedo enamorarme. Me da miedo darme cuenta de que es distinto conmigo. O de que en el fondo es así y solo yo lo estoy descubriendo.

—Olivia —Da un paso hacia mí.

Me saltan todas las alarmas. Un agujero se abre ante mí y siento vértigo.

—Olvídalo, Andrew. El viaje, todo, no ha sido real. Tan solo… éramos otros. Y ahora estamos aquí y no puedo… Esto me está costando demasiado. —Noto que me tiembla la voz—. No puedo enamorarme de ti, ¿lo entiendes?

Rompo a llorar y me doy media vuelta, pero él me coge por la muñeca y me atrae de nuevo hacia él. Lo vuelvo a tener a centímetros de distancia, y por primera vez veo los ojos de Andrew Jones empañados, como si estuviera a punto de echarse a llorar.

Pero huyo, huyo otra vez. Huyo de él y de todos, del mundo, porque es lo único que sé hacer. Porque, aunque lleve todo este tiempo juzgando a Andrew Jones por mentiroso y mujeriego, sé que en el fondo nos une el mismo miedo a perdernos. A dejarnos ir. A dejarnos descubrir.

Subo a la habitación y me encuentro a Serena durmiendo. Me ha dejado una nota: «Me levanto a las cuatro de la madrugada. Te he echado de menos, hablamos mañana».

No puedo contarle la verdad, sé que tengo que mentirle, y eso me duele. Intento hacer el mínimo ruido posible mientras dejo mis cosas y me acuesto. Al ir a poner la alarma, veo en la pantalla del móvil que he recibido varios mensajes. Una parte de mí desea que sean suyos.

Cuándo vienes a casa?

Es mamá. Y lo siento al instante. Es el momento. De volver. De poner orden en mi cabeza.

Pero sobre todo en mi corazón.