29. Las consecuencias de un beso
Las consecuencias de un beso
OLIVIA
Estamos a finales de noviembre y parece mentira que ya lleve dos meses aquí.
Se acerca el puente de diciembre y aún no he decidido si quiero volver a España a ver a mi madre o no.
Sigo pensando que es demasiado pronto, aunque entre la formación y el tiempo que llevo trabajando en Nimbus ya hace cinco meses que me fui de casa.
Todo el mundo me mira por el pasillo de la residencia. Esta mañana me he topado con dos tripulaciones que iban a compartir el transfer hacia el aeropuerto con nosotros y he sentido sus punzantes miradas, como si por primera vez se fijaran en mí.
—Bueno, ¿es verdad lo que dicen? ¿Estás con Andrew Jones? —me aborda Charlotte, mi compañera del día.
—¿Qué? Claro que no. —Mierda.
—Dicen que os besasteis, que le has quitado el novio a Camila Kelce delante de todo el mundo.
—La gente se inventa muchas cosas.
—Pues mejor, porque no te recomiendo que le declares la guerra a Camila. Puede ser un poco arpía.
Convivir con Serena ha hecho que ese comentario no me sorprenda. Siempre se han llevado mal, pero me temo que ahora me odiará más a mí.
Anoche, cuando Andrew me besó, simplemente no supe cómo…
cómo asimilar lo que acababa de pasar. Cuando me crucé con él, tenía la mirada perdida, estaba claro que había bebido, pero entonces empezó a mirar mis labios y a morderse los suyos, y…
Me quedé atrapada en ese instante. No pude moverme, ni tampoco quise hacerlo.
Desde que fuimos a casa de los Jones, no he dejado de pensar en él y en lo bien que me lo pasé, en cómo el resto del mundo desapareció mientras estaba a su lado.
Cuando se me acercó, supe que lo iba a hacer, que me iba a besar, pero fui incapaz de apartarme.
Fue un beso extraño, como si ya hubiese besado esos labios y aquel beso nos lo diéramos después de pasar mucho tiempo separados.
En cuanto él se fue y entré en el pub, Serena me cogió del brazo, pálida, y comprobé lo rápido que vuelan las noticias en una compañía aérea.
—¿Qué cojones está pasando?
—No lo sé… —respondí, algo desorientada.
—Olivia —me dijo mi amiga al tiempo que apoyaba las manos en mis hombros, reclamando mi atención—, Andrew no te conviene.
—Lo sé.
—¿Lo sabes? ¿Y por qué te ha besado?
—No lo sé, no nos gustamos ni nada parecido —mentí.
—A Andrew lo único que le gusta es jugar con la gente.
Por un momento me dio la impresión de que…
—¿Has tenido algo con él?
Serena dio un paso atrás agachando la cabeza. Pensé que se me iba a parar el corazón.
—Fui una más en su lista de ligues.
No pude decir nada. Un malestar comenzó a crecer en mi estómago, como si todo lo que sucedió ayer, el beso que me acababa de dar, no significase nada.
Tonta, estúpida. Por un momento creí que era diferente, que quizá lo había juzgado demasiado deprisa, que no era el chico que me pareció en un primer momento.
Me ilusioné pensando que era la única a la que le había confesado ciertas cosas, con la que había compartido momentos especiales.
—Olivia, no quiero que lo pases mal por él. Sigues curando, superando tu relación pasada… Andrew es un gilipollas, me dolería que cayeras como yo caí.
Serena cayó. Oh, joder, ¿a cuántas chicas ha engañado?
Sentí un leve mareo y ganas de llorar. Por un momento llegué a pensar que me había olvidado de Alejandro.
—Lo siento —lamenté.
Abracé a mi amiga con los ojos llorosos y nos fuimos a la residencia.
Tengo la cabeza y el corazón descontrolados.
Para colmo, cuando termina mi turno y vuelvo a la residencia, me encuentro con Andrew en la recepción.
Noto que me mira, siento sus ojos fijos en mí, y sé que quiere que lo mire, pero no lo hago.
Ha estado a punto de conseguir su objetivo.
¿Cómo no me di cuenta? He sido tan estúpida…
Llego a mi cuarto cansadísima y con ganas de echarme.
Serena está volando, así que podré dormir una siesta de dos horas o más sin que nadie me moleste.
Pretendo dejar las cosas en la silla y tumbarme, pero el carraspeo agudo de una voz hace que levante la cabeza de golpe, asustada.
Camila está sentada en la silla del escritorio de Serena.
—¿Qué haces aquí? —alcanzo a preguntarle. El corazón me late a mil por hora. Parece una psicópata de película—. ¿Cómo has entrado?
Me mira amenazante. Lleva el uniforme, y sigo pensando, igual que el día que la conocí, que le queda genial. Presiento que no está aquí por ningún motivo amable. De pronto, me mira de arriba abajo y pone una mueca de asco. ¿De qué va esta tía?
—Quería tener una charla contigo… a solas. —Suena a amenaza.
—Si es por lo de And…
—Pssst —chista de repente, y empiezo a ponerme de los nervios—. No te atrevas a mencionar a mi novio como si…
¿Novio? Genial, Olivia, strike dos. Primero Serena y ahora Camila.
—Andrew no me dijo que fuerais novios.
Aunque eso no excusa que me haya besado.
—Eso es lo que le dice a todo el mundo. —Se levanta en actitud intimidante, aunque es más bajita que yo—. Pero estamos juntos, y…
—¿Por qué quieres estar con él? —la corto en seco.
—¿Qué?
—Que por qué estás con él. Si sabes que es así con todas las chicas, ¿por qué dejar que te haga daño?
En el rostro de Camila se dibuja una expresión confusa.
—Porque lo quiero.
Porque lo quiere. A costa, ¿de qué? Yo también quería a Alejandro. Y me rompió el corazón. ¿Tiene sentido quedarse al lado de alguien que sabes que en cualquier momento te romperá el corazón?
—¿Crees que llegará a quererte alguna vez? —No sé si se lo estoy preguntando a ella o a mí; lo que tengo claro es que me asusta la respuesta.
Camila frunce el ceño, parece ofendida.
—Claro que sí. ¿Cómo te atreves a preguntarme eso?
Está totalmente ciega. ¿Por qué él? Le obsesiona Andrew. ¿Será por el efecto que ejerce él en las personas? ¿También llegó a quererlo Serena? ¿O la chica que se plantó delante de él aquella noche en el pub?
—Solo te diré una cosa: está conmigo. —Cada vez se acerca más a mí—. Y punto. Quiero que lo tengas muy claro, porque no me dejará. Jamás. No sabe hacerlo.
No sé qué responder. ¿Enhorabuena? ¿Que ojalá se dé cuenta de que no se merece ese lugar? Tal como está mi corazón ahora, no le deseo a nadie que pase por una ruptura de esas que te hacen pedazos. Ni siquiera a ella. Y esta promete serlo.
—Camila —digo su nombre con calma y respiro hondo—, te mereces algo mejor, y lo sabes. Él… Te mereces a un chico que te quiera de verdad. Todas nos lo merecemos.
Entonces comienza a reírse.
—Ya entiendo lo que pretendes. ¡Por un momento casi te creo! Estás diciéndome todo esto para que lo deje y que tú puedas estar con él —dice mientras sigue riéndose—. Eres una ingenua.
—¡Yo no quiero estar con él!
¿Quiero?
—Pues apártate de nuestro camino —sentencia. Se dirige a la puerta y la sigo con la mirada. Antes de salir, vuelve la cabeza y me mira por encima del hombro—. Viniste con beca, ¿verdad? Seguro que no quieres que la empresa rescinda tu contrato y tengas que volver a tu país…
Me está amenazando, y lo siento como una bofetada. ¿Cómo puede ser así cuando no dejo de hacer lo posible para que no sufra? ¿Y cómo narices sabe lo de la beca?
—Sí, lo sé todo —dice, como si hubiera oído mis pensamientos—. Tengo contactos, y mi padre es de los pilotos más antiguos de la compañía. —Alza la barbilla con orgullo—. No querrás perder este trabajo por accidente, ¿no?
Mi respiración se vuelve más densa. Me estoy conteniendo demasiado.
—Como te vuelva a ver con él, como lo mires, estás fuera. —Dicho esto, se da la vuelta y cierra la puerta tras de sí.
¿Qué narices acaba de pasar?