28. La otra chica
La otra chica
ANDREW
Es domingo, y esta noche vamos a salir.
No quiero emborracharme, porque pocas noches bebo, pero, desde que ayer dejé a Olivia en su habitación, no he dejado de pensar en ella y en todo lo que pasó, no paro de mirar en todas direcciones, por si la veo…
Me estoy volviendo paranoico, así que he decidido salir a despejarme con mis amigos.
Necesito tomar algo y mantener la cabeza ocupada.
El Pint Corner está a rebosar de gente de la compañía, y mi mente vuelve una vez más hacia Olivia. ¿Y si está aquí? La verdad es que me muero por verla otra vez.
—¡Una ronda de chupitos! —alza la voz Chad, y todos le corean.
Camila y sus amigas se han unido a nosotros. Me besa en el cuello, me siento incómodo con cada roce. Intento mantenerme lejos de ella, distante, pero, por supuesto, se da cuenta.
De pronto veo aparecer a Serena y sus dos amigos, y el corazón me da un vuelco. Pero Olivia no los acompaña. Aunque no quiero, me decepciona que no haya venido, así que me pido otra copa. Empiezo a notar que me está subiendo el alcohol.
Sin comerlo ni beberlo, Camila consigue acorralarme en una esquina y empieza a hacerme preguntas.
Quiere saber qué me pasa, por qué estoy tan frío, por qué no tolero que me toque.
Está enfadada conmigo porque intuye que pasa algo que no puede controlar.
Me pregunta dónde estuve ayer, por qué no respondí a sus mensajes.
Y no sé qué responderle, así que me limito a evadirla una vez más.
—No me pasa nada, Camila. No insistas, por favor.
—¿Y esa chica?
Me clava una mirada furiosa. Al final ha ido a lo que importa de verdad.
No respondo. Mierda. ¿Me ha visto con Olivia? Esta chica tiene ojos y oídos por toda la residencia… No se le escapa ni una, y ahora no sé qué decir.
—¡Andrew! ¿Qué pasa? ¿Quieres ponerme en evidencia delante de todos? ¿Que te vean con otra y piensen que me engañas?
Miro a la gente para asegurarme de que nadie nos vea discutir. Empiezo a estar harto de todo esto. ¿Por qué tuve que meterme en este lío?
—¡Camila! —exclamo alzando la voz más de lo que quiero—, no-estamos-juntos. Joder, ya lo hablamos.
No dice nada. Me preparo para que me suelte un bofetón, o me grite, o me insulte, pero solo se acerca a mi oído, y de pronto su tono cambia a uno más frío, calculado y escalofriante.
—No te saldrás con la tuya —me amenaza mientras me clava una uña en el pecho.
—¿De qué cojones va esto?
—Me prometiste que no me romperías el corazón.
—Ni hablar, no te prometí eso. Intenté avisarte. ¿Sabes qué? Se acabó —sentencio. No sé si es el mejor momento para hablar de esto, porque estoy borracho, pero suelto lo primero que me viene a la cabeza—: ¿Te das cuenta de que nunca hubo nada?
—Eres como todos —escupe con desprecio; yo solo quiero largarme—. Nunca serás capaz de amar, Andrew Jones. Te quedarás solo, como lo has estado siempre.
Asiento sin hacerle caso, tratando de no dejar que me afecte lo que me está diciendo. Porque sé que, de alguna manera, tiene razón. Pero se acabó.
—Espero que algún día consigas tener tu propio criterio y valoración, en vez de buscar siempre la aprobación de los demás —le suelto sin pensar—. Chad es tan popular como yo en la base, puedes tirártelo a él.
—Dices todo esto porque vas borracho.
Tiene los ojos llorosos, no quería que llegase a este punto.
—Es lo que siento, Camila, joder. No quiero hacerte daño, pero ¡no me escuchaste cuando te lo advertí!
En ese momento, una de sus amigas se nos acerca y nos pregunta si va todo bien. Camila se apresura a secarse la cara y luce su mejor sonrisa.
—Sí, claro. Andrew va un poco borracho, pero ya está. Mañana será otro día, ¿verdad, mi amor?
Doy media vuelta sin responder ni despedirme de nadie. Es alucinante. No debí empezar esto. Salgo del pub antes de que alguien me pare o me pregunte algo. En cuanto el aire me azota el rostro, empiezo a marearme. Tiro el vaso al suelo. Odio beber, ¿por qué cojones lo estoy haciendo?
Me dirijo a la residencia, pero a medio camino alzo la mirada y la veo.
Va con prisas, como si llegase tarde a algún sitio.
La observo: lleva un vestido negro cubierto por una blazer del mismo color, y se aferra a la bufanda morada a causa del frío.
A medida que se acerca, distingo que se ha puesto una sombra de ojos oscura que hace que sus ojos brillen aún más.
Está guapísima. Y me gusta, me gusta de verdad.
—¿Andrew? —me llama, extrañada, al verme. Debo de tener un aspecto horrible, porque me pregunta—: ¿Estás bien?
—Sí, sí.
¿Cómo le digo que llevo toda la noche esperando encontrarme con ella? ¿Que mi cabeza ha imaginado cientos de escenarios en que la veo mientras estamos de fiesta y volvemos a cruzar miradas, como cuando fingíamos que no nos conocíamos?
—Tus amigos están dentro. —Al final, incluso estando bajo los efectos del alcohol, no logro reunir el valor para decirle la verdad.
—Sí, vengo de volar, me he apuntado en el último momento. ¿Te vas?
Ya no quiero irme.
—Sí. —Pero debo hacerlo. Antes añado—: Oye…, estás preciosa esta noche.
Una sonrisa se dibuja en su rostro.
Seguimos sin movernos. Es todo tan raro…, como si lo de ayer no hubiese sucedido jamás. Me planteo si decir algo más o no.
—Gracias por el día de ayer —añado nervioso.
Joder, me siento estúpido, yo no soy así.
—Estaba pensando en decirte lo mismo.
Me sonríe como nunca antes me había sonreído. Vale, es la hora de irme, voy borracho y no pienso con claridad. Tengo las emociones a flor de piel y… un nudo en el pecho que me molesta. Siento un impulso.
Quiero evitarlo, pero actúo.
Me acerco a ella con decisión, tomo su rostro con las manos y presiono mis labios contra los de ella, que emite un adorable ruidito de sorpresa.
Entonces siento que sus labios se mueven en sintonía con los míos.
Es la primera vez que beso a una chica por impulso, pero es que no podía aguantar más.
Puede que la haya cagado, que no haya debido hacerlo así, porque sí, pero no he sentido su rechazo en ningún momento.
Me separo de Olivia. De pronto, oigo que alguien se aclara la garganta y veo que dos chicas se alejan de nosotros a paso ligero, cuchicheando y riéndose.
Es evidente: nos han visto.