Bésame antes de volar 20. La historia
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20. La historia

La historia

OLIVIA

—Mira esto.

Serena trepa por mi cama hasta plantarme delante su ordenador.

Han pasado unos días desde que volvimos de Berlín.

Ben no sabe que vi cómo se liaba con Samantha.

Serena no sabe lo que hizo Ben. Ni se lo voy a decir, al menos por ahora, porque no sé cómo le sentaría.

Pero me gustaría hablar con él en algún momento.

—¿Qué es?

Apoya el portátil en mi regazo e inclina la cabeza hacia la pantalla.

—Querías leer, ¿verdad? —Asiento—. Pues hay una historia circulando por la base.

—¿Está publicado?

—No, quien escribe esto lo sube a la plataforma. Cuelga capítulos casi cada día.

Leo en la cabecera: BÉSAME ANTES DE VOLAR .

—¿Quién lo ha escrito? ¿Es alguien de aquí?

—Sí, sí. Bueno, eso creo: el autor publica de forma anónima, pero tengo mi teoría.

Serena comienza a darme una larga lista de personas que pueden ser. De la mayoría me tiene que decir algún rasgo físico porque, aunque tengo localizadas a muchas, los que trabajamos aquí somos un montón, y por ahora me es casi imposible conocer a todo el mundo.

—En realidad, puede ser cualquiera.

—No cualquiera puede escribir así de bien. ¡Y con tanta intensidad! Es una chica, seguro. Los chicos no son tan intensos.

—Podría ser Carter —me río, y Serena se une.

—¿Te imaginas?

—¿Lo estás leyendo?

—¡Sí! Lo empecé antes de ayer, cuando me lo contaron en el avión, y no puedo parar. Deberías leerlo.

—Si me lo pasas, le echo un vistazo —digo al recordar los libros que me llevé de la biblioteca.

Ahora mismo estoy con La biblioteca de la medianoche , la recomendación de Andrew.

Hablando de él, no sé si contarle a Serena lo del sábado…

De momento no le he hablado de ninguno de mis encuentros fortuitos con él, y siento que, si lo hago, estaré dándole importancia a algo que no significa nada para mí.

Pero ayer, cuando se plantó en la habitación y me pidió ese favor…

Lo primero que pensé fue en negarme; no quiero volver a pasar por el aprieto de fingir algo que no es verdad y jugar con la felicidad de sus padres.

Pero después me atrajo la idea de reírme y pasármelo bien chinchándole, y creo que eso me mantendrá ocupada y distraída.

Aunque no será fácil fingir que me gusta Andrew Jones delante de su familia, intentaré sacarle el máximo partido a la cita.

—Te has metido en un lío de narices, Olivia —me asegura Serena después de que se lo cuente.

Me limito a encogerme de hombros.

Un rato después, me encuentro buscando el cuarto de Ben.

Por fin me he decidido a hablar con él. Como dice Carter, los que están forrados de verdad son los que tienen el privilegio de pagarse una habitación para ellos solos, y Ben lo tiene.

Cuando llego, llamo a la puerta sin saber muy bien qué decirle o cómo hacerlo.

Llevo desde la noche en que besó a Serena dándole vueltas al tema.

Y, aunque no me gusta meterme donde me llaman, creo que necesito hablar con él.

—¡Olivia! Hola —dice sorprendido al verme.

—Espero no molestarte. ¿Puedo hablar contigo?

—Sí, claro. Me estaba preparando el uniforme para mañana. ¿Cómo estás?

—Bien. —Estas cosas se me dan fatal, de verdad.

Entro en el cuarto. Es como el que comparto con Serena, pero este es para él solo.

Ben es un chico con alto poder adquisitivo, aunque no lo muestra con su forma de ser.

Es evidente por cómo viste: sus zapatos, sus relojes…

Y por lo mucho que ha viajado, por el negocio de su familia, por sus orígenes.

Siento que está a años luz de mí, aunque somos buenos amigos y es un buen chico.

—Quería hablar sobre una cosa. Yo, eh… —Intento buscar las palabras para que no suene a que me meto donde no me llaman—. ¿Por qué te besaste con Serena?

Su expresión tranquila cambia por completo.

—Sabía que te lo contaría.

—¿Te gusta? —pregunto, y sé que tengo que añadir algo más para no sonar tan fuera de lugar, aunque, llegados a este punto, no tengo claro que eso sea posible—. Quiero decir que creo que sabes que le gustas. Mucho.

—Somos amigos.

Y aquí viene la caída del muro. «Amigos». La palabra que más puede dolerle a Serena.

—¿Y por qué la besaste?

—Olivia, no es por nada, pero no entiendo tus preguntas… —Tan educado como siempre—. ¿Por qué te interesa tanto?

—¡Porque te vi besándote con Samantha en Berlín!

Ben da un paso atrás: por su rostro pasan, atropelladamente, un montón de emociones que no logro identificar. De repente, el silencio reina en el cuarto.

—No quiero que hagas daño a Serena. Por eso he venido —añado.

—Yo tampoco quiero hacerle daño —se limita a replicar.

—¿Y por qué la besaste?

Desvía la mirada.

—Porque lo sentí en ese momento.

—No juegues con ella, por favor.

—No lo haré.

Nos quedamos en silencio. No sé qué más decir. Puede que la haya cagado… Además, me da la sensación de que ya no hay nada que hacer.

—Ben, no le digas a Serena que he hablado contigo —le pido mientras me acerco a la puerta para irme.

Ben asiente.

—Olivia, espera.

—¿Sí?

—Eres una buena amiga.

Agacho la mirada durante un instante.

—Convivo con mi corazón roto a diario. No quiero dormir con otro en la misma habitación.