Bésame antes de volar 16. Quizá en otra vida
22%

16. Quizá en otra vida

Quizá en otra vida

ANDREW

Hoy empiezo a estudiar el temario para convertirme en comandante, así que he decidido bajar a la biblioteca y ponerme en serio.

Llevo sin pisar una desde que era un niño y me obligué a fingir que estudiaba porque una chica de mi clase que me gustaba iba los viernes por la tarde. Qué tiempos aquellos.

Han pasado muchos años, pero no voy a decepcionar a mi familia.

Ni siquiera a mí mismo. Espero superar los exámenes, aprobar las prácticas y que Harry se sienta orgulloso de mí.

No quiero que piensen que no tengo sangre Jones en el cuerpo porque, aunque en realidad no la tenga, quiero encajar en esta familia, sentirme como uno de ellos.

Soporto la presión de ser hijo de Harry y hermano de Eloise, porque los dos han sido los mejores pilotos de su promoción, y no puedo decepcionarlos.

Convertirme en primer oficial fue fácil.

Tuve que estudiar y prepararme bastante, pero aprendí tanto del mundo de la aviación de pequeño que no me costó superar las pruebas.

Eso sí, no es lo mismo que ser comandante.

Y por eso estoy aquí, en la biblioteca. No hay nadie, y eso me gusta.

He elegido un rincón con vistas al jardín trasero de la residencia, y cuento con la ayuda de los apuntes de mi hermana, el iPad, el manual y una montaña de temario que me ha dado la compañía para estudiar.

Me pongo los EarPods para aislarme acústicamente y empiezo a subrayar las páginas.

Por lo general, la biblioteca suele estar poco concurrida, solo hay algún que otro piloto preparando sus exámenes.

He escogido esta hora porque siempre he sido un chico nocturno y prefiero estudiar por las noches, cuando todo el mundo está tranquilo, a su aire, ya sea en su cuarto o por el pueblo, poniéndose al día con cervezas.

Sigo a lo mío, aunque no estoy especialmente concentrado. Alzo la cabeza y me quito los EarPods de golpe porque me ha parecido ver una sombra entre las estanterías del fondo. De repente, escucho un tarareo. Después, oigo unos pasos.

Entonces la veo al final de uno de los pasillos.

Olivia. Con varios libros bajo el brazo.

Me fijo en que lleva unos auriculares y en que la planta de uno de sus pies no deja de moverse, acompañando un bailoteo.

Sonrío como un bobo al percatarme. Y enseguida me doy cuenta de que parezco un adolescente atontado mirando a una chica guapa.

Me levanto porque mi instinto me lo pide y me dirijo hacia ella.

Cuando estoy lo bastante cerca, veo que no ha percibido mi presencia.

Me sitúo al otro lado de la estantería delante de la que está.

Tres. Dos. Uno.

—¿Qué haces? —pregunto asomándome entre los libros.

—¡Mierda, me has asustado! —chilla al tiempo que se lleva una mano al pecho y se le cae un volumen al suelo.

Doy la vuelta hacia su pasillo y recojo el libro. Me río.

—¿Te diviertes?

—Un poco —respondo tapándome la boca—. Perdón, no quería asustarte.

—Lo has hecho aposta. Otra vez.

—Tú también me has asustado con tus pasos sigilosos.

—¿Eras tú el que estaba allí estudiando?

Asiento. ¿Me ha visto?

—No tienes pinta de empollón —dice con esa mueca de análisis de nuevo.

—Me preparo para ser comandante.

—Interesante.

—¿Y tú? —le pregunto señalando los libros.

—Busco libros. Para leer. Es eso que hace la gente por placer, para evadirse y vivir otra vida.

—Lo sé. Mi hermana es una gran lectora.

—¿Tú lees?

—De vez en cuando.

—Hacía años que no leía, y he pensado que me vendría bien para mantener la mente ocupada y eso.

Me inclino para ver qué títulos lleva bajo el brazo: El baile de las luciérnagas , La chica salvaje y Un lugar feliz .

Ya sabía yo que le iban las novelas románticas y emotivas…

Miro las estanterías de la sección de romance, llena de libros que conozco por mi hermana.

Paso el dedo por los lomos y siento la mirada punzante de Olivia.

—Toma. —Cojo uno y se lo paso por el hueco superior de la estantería—. Te recomiendo este.

— La biblioteca de la medianoche —lee en voz alta—. ¿De qué va?

—No es una novela romántica, pero tiene un buen mensaje.

—No tienes pinta de ser un chico que lee.

—Te he dicho que lo hago a veces. Ojalá pudiera concentrarme más.

—A lo mejor es que tienes demasiadas cosas en la cabeza.

—Tal vez.

¿Por qué estamos hablando de mí?

—¿Y sobre qué va? —dice mientras señala el libro que le he recomendado.

—Una chica que está entre la vida y la muerte visita una biblioteca en la que hay muchos libros con un montón de vidas que podría haber vivido si hubiese tomado otras decisiones en su pasado.

—Vaya.

—¿Qué pasa?

—No te pega leer un libro así.

—¿Por qué no dejas de decir eso? No me conoces.

—Eres…

—Me has juzgado por lo que viste aquella noche en el pub.

—Y por lo que la gente dice de ti.

—La gente no sabe nada.

—¿Puedo preguntarte algo? Si pudieras volver atrás en el tiempo y cambiar alguna decisión que hayas tomado en tu vida, ¿cuál sería?

Y ahí está. Vuelve a contraatacar como si nada. No le importa lo que yo piense de ella. En realidad, parece que le da igual lo que todo el mundo piense de ella.

—Es una pregunta demasiado personal, ¿no crees?

—¿Te da miedo contestar? —replica mientras da un paso adelante.

—Por supuesto que no. —También yo me acerco a ella. Se le dilatan las pupilas y separa los labios. La respiración de los dos se vuelve más densa—. ¿Y a ti?

—Tengo varias ideas, la verdad.

—¿Escogerías no haber comenzado esa relación que tanto daño te ha hecho?

Olivia da un paso atrás. Está claro que le molesta que saque ese tema. Agacha la cabeza. Unos ojos tan bonitos no deberían parecer tan tristes.

—Supongo que sí.

—¿Qué se siente?

—¿Cuándo?

—Cuando te rompen el corazón. ¿Qué se siente?

Ella suspira.

—¿De verdad quieres saberlo?

Asiento. Ni siquiera sé por qué. Tal vez he empatizado con ella. A lo mejor no quiero fastidiarlo todo con Camila. No lo sé, estoy algo perdido.

—Es silencioso.

—¿Cómo?

—Cuando te rompen el corazón, se produce el sonido más silencioso que jamás he oído —responde, y sus palabras me suenan a contradicción—.

¿Sabes por qué? Porque nadie lo escucha.

Solo tú. Y es tan ruidoso para ti que no entiendes cómo los demás no lo oyen.

Supongo que es lo que una tiene que pagar cuando ama en silencio y no es recíproco.

¿No es recíproco? ¿El tipo con el que estaba no la quería?

La miro a los ojos. No puedo ni imaginar cómo un chico podría no quererla.

Uno que esté dispuesto a querer, claro, no como yo.

Puedo imaginármela enamorada, con ese brillo que le embellecería los ojos, riéndose a carcajadas y sin preocuparle que alguien le hiciera daño. Feliz, plenamente feliz.

Interrumpo ese hilo de pensamientos. Me sorprende imaginarme en un escenario tan romántico a la chica que tanto me saca de quicio.

—¿Por qué te interesa de repente? —me pregunta.

Me doy cuenta de que me he quedado callado.

—Quería saber qué habías sentido.

—Imagino que todos sentirán lo mismo.

—No creo —respondo—. Las emociones se pueden vivir de mil millones de maneras distintas.

—Vaya, también sabes de psicología…

—Puedo sorprenderte, Olivia, aunque seas la única chica de la base que lo ponga en duda.

—Creo que estás un poco lejos de sorprenderme, pero no te imaginaba tan… estudioso.

No respondo. Nos miramos en silencio, y me doy cuenta de que se ha puesto nerviosa.

Podría apartarle un mechón de la cara, pero no lo haré.

Podría acariciarle la mejilla, pero no lo haré.

Podría besarla, pero, aunque sus besos me resulten tan apetecibles, no lo haré.

Es lo que haría con cualquier otra chica, pero con ella… no. ¡Si ni siquiera me gusta!

—Bueno, es tarde y mañana madrugo. Debería irme ya. Gracias por la recomendación —dice mientras alza el libro y da unos pasos atrás. ¿Estoy loco si digo que no quiero que se vaya? Es la primera vez que no nos picamos—. Aunque me debes una respuesta.

—¿A qué?

—A la pregunta de las decisiones.

—Algún día te lo diré.

—No pienso ser tu amiga —me asegura mientras me señala con el dedo.

—Por Dios, Olivia, ¿tan horrible te parezco?

—Quizá en otra vida hubiese sido distinto —responde al tiempo que se aleja.

—Quizá.

Me quedo mirándola hasta que desaparece.