Bésame antes de volar 15. Noche de amigos
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15. Noche de amigos

Noche de amigos

OLIVIA

Es lunes, y Serena, Carter, Ben y yo tenemos la noche libre.

A veces es tan complicado hacer planes con amigos que trabajan en aviación…

Cuando uno libra, el otro tiene que madrugar o vuela hasta las tantas.

No es viernes ni sábado, pero en este mundillo no existen los días de la semana como tales, por lo que hoy es como si fuera cualquier viernes por la noche en el que se reúne un grupo de amigos para cenar juntos.

Carter propuso que nos juntásemos en nuestra habitación, pidiéramos unas pizzas y pasásemos la noche juntos jugando a algo o charlando. Me pareció una idea increíble para conocerlos más.

—Traigo buenas noticias.

—Sorpréndenos, oh, Carter —dramatiza Serena, y me hace gracia.

—Tengo a Eloise Jones en el bote.

Serena se atraganta con la calada del cigarro. Eloise, la hermana de Andrew. Y yo aún no he tenido el placer de conocerla.

—¿Eloise Jones? ¿Estás de broma?

—Sé que no os lo vais a creer, pero…

—… pero le ha dicho, literalmente, «Aparta de mi vista» —termina Ben, poniendo una mueca de asco y sacudiendo la mano por el aire imitando a Eloise.

Serena se carcajea y yo intento aguantarme.

—¿En serio, Carter? ¿En el bote?

—¡Me ha hablado! ¡Sabe quién soy! Solo es cuestión de tiempo que se rinda a mis encantos.

—¿No se iba a casar? —pregunto, y todos me miran incrédulos.

—¿Cómo sabes eso? —quiere saber Ben.

—Eh…, lo he oído en el avión —respondo al instante—. Y por los pasillos de la residencia.

—No me extrañaría. Lleva mil años con su novio, así que deja de soñar, Carter.

—Bueno, he estado pensando en varias tácticas.

—¿Tácticas? ¿Como cuáles? —pregunta Ben interesado.

—Podría empezar por hacerme amigo de su hermano.

—¿Andrew Jones? ¿Estás de broma?

—Tío, Ben, ¿tú has visto a esa chica? Es una diosa, un ángel caído del cielo.

—Me temo que está en otra liga, amigo —dice mientras le da un toquecito en el hombro—. Además, tiene novio.

—Eso es lo que menos me importa.

—Carter —digo para que me mire—, no sé yo si está bien entrometerse en una relación.

A estas alturas ya saben todos que tengo el corazón hecho trizas por culpa de Alejandro.

—Lo sé, lo sé. Pero sé que se daría cuenta de que prefiere estar con un chico como yo.

Todos ponemos los ojos en blanco. Me divierte su forma de ser. De pronto llaman a la puerta, y Serena se levanta enseguida.

—¡Las pizzas! —exclama Ben.

Acto seguido corre a ayudarla. Carter me mira y señala con la cabeza ese gesto caballeroso. Necesito enterarme de la historia que se traen Serena y Ben; no paro de shippearlos, y no soy la única que lo hace.

Cenamos pizza con la música de fondo. Empezamos hablando del trabajo y después nos centramos en nosotros. Les cuento cómo era mi vida en Alicante, qué estudié y en qué trabajaba, y les vuelvo a resumir mi desengaño amoroso.

—Tu ex era un mierdas —comenta Ben, y los tres se tiran un buen rato insultando a Alejandro, lo que me hace sentir mucho mejor.

Luego llega el turno de las anécdotas de Carter: habla de cuando vivía con sus padres en Londres y que estos odiaban la idea de que se convirtiera en tripulante de cabina.

—¡Médico! Querían que fuese médico… ¿Os lo imagináis?

—Doctor Carter Miller, ¡pero bueno! —se burla Serena—. Seguro que ligarías más.

—No le digas eso, que es capaz de matricularse en Medicina mañana mismo —suelta Ben mientras le da un empujón a Carter, y me río al ver su expresión.

—Seré un futuro piloto, ¿vale? Ya os restregaré mis ligoteos…

Tras meternos un rato con él, jugamos a «Dos verdades y una mentira», un juego en el que tenemos que decir tres cosas que nos han pasado en la vida y el resto ha de adivinar cuál es falsa.

—¡Empiezo yo! —se presenta voluntaria Serena—. Vale, la primera es que tengo un autógrafo de Dua Lipa. La segunda es que, a los catorce años, me teñí de pelinegra; y la última es que entiendo el coreano.

—Puf, la última es falsa —responde Carter al instante.

Serena nos mira a Ben y a mí.

—Yo me voy a ir por la de pelinegra, no te pega nada —opina Ben.

—¿Olivia?

—La primera es la falsa.

—¿Quién no conoce a Dua Lipa? Esa mujer recorre Europa cada año, y más España e Italia en verano —añade Carter, como si haber visto a Dua Lipa fuese lo más normal del mundo—. ¿Quién gana el punto?

—¡Olivia!

Aplaudo orgullosa de mí, y Serena suelta una carcajada por habérsela colado a sus amigos.

—¿Desde cuándo entiendes el coreano?

—Desde que mi hermano mediano se pasó la adolescencia viendo series coreanas en versión original.

—¿Y lo del pelo?

—Ahora me ves muy clarita y mona, pero tuve mi época chunga.

Todos nos reímos.

—Venga, ¿a quién le toca? ¡Olivia, tu turno!

Nos tiramos hasta las tantas jugando y charlando.

Hacía mucho que no me lo pasaba tan bien con gente nueva.

Los viernes por la noche me reunía con mi grupo de amigos en Alicante, y solíamos hacer algo parecido.

Aunque últimamente me apuntaba a menos planes porque estaba con Alejandro, siempre me han encantado esos momentos.

Pienso en lo que duran las relaciones de amistad y me pregunto qué es lo que más veces dejamos atrás, amigos o amores.

Creo que a veces duele más que los amigos se vayan quedando por el camino.

Si tengo que ser sincera, al mirar a estas tres personas que están conmigo en la habitación, no quiero que la distancia o el tiempo nos separen.

Hacía mucho que no sentía una conexión como esta.

Es gente muy especial por muchas cosas, pero sobre todo por haberme acogido y tratado como a una igual en un lugar en el que hay muchas personas muy diferentes a mí.

En ocasiones, encajar es complicado, y duele sentir que no lo haces, pero tengo claro que la clave es encontrar a la gente adecuada.

Esa que te acoge con los brazos abiertos y a la que no le importa de dónde vengas o qué miedos tengas.

Y que eso suceda es una suerte infinita.