14. Si le rompo el corazón…
Si le rompo el corazón…
ANDREW
Le enmarco el rostro con las manos y acerco su boca a la mía.
Me cuelo por debajo de su jersey y, cuando encuentro su pecho, lo aprieto con fuerza, excitándome aún más.
Le doy la vuelta y busco su cuello mientras posa las manos en mi entrepierna.
Se las aparto, le desabrocho el botón de los vaqueros y, con un toque, Camila cae en la cama de frente.
Se baja los pantalones, y tengo unas vistas muy tentadoras de su culo.
Termino quitándome toda la ropa y entro en ella con rapidez.
Tener sexo con Camila se ha vuelto habitual, y no sé si me asusta o no.
No estamos juntos, no quiero tener nada serio con ella, pero me gusta que forme parte de mi vida.
Y más cuando su padre, míster K, empieza a llevarse bastante bien conmigo y se acercan los exámenes.
Cuando terminamos, me dejo caer a su lado con la respiración entrecortada.
Me besa en la mejilla. Nunca me ha gustado que me besen después de que me corra, pero me he acostumbrado a que ella lo haga.
Total, no lo va a dejar de hacer. ¿Qué hago?
¿Continúo con esto a sabiendas de cómo acabará?
¿Lo detengo ahora que aún estoy a tiempo?
—Ey, ¿qué te preocupa?
—Nada —respondo mientras niego con la cabeza y miro el techo.
Contarle mis movidas a la chica que me tiro no es algo que suela hacer. Además de mis rayadas con Camila, no dejo de pensar en la carta ni en el extraño encuentro con la chica nueva. Mis padres se quedaron fascinados con ella, y no puedo dejar de pensar en lo mucho que me gusta su forma de ser.
—Sabes que puedes contarme cualquier cosa, ¿no? Estamos juntos en esto.
—Lo sé.
Me empieza a joder tener que mentirle… Ella me lo cuenta absolutamente todo de su vida, y sé que no es justo.
Aunque antes esto no me importase, le he cogido cariño a Camila.
Es inteligente, cauta, sabe lo que quiere, no se deja pisotear por nadie.
Esa forma de ser arrolladora me mantiene a su lado porque, en el fondo…
, me vuelve algo más seguro. Sé que la imagen que doy es otra, pero solo soy un chico de veinticinco años con muchas dudas respecto a su vida.
—Mañana vuelo a Praga con la chica, ¿sabes? Se ve que ahora es la mejor amiga de la impertinente Serena —me cuenta.
La veo poner los ojos en blanco mientras se entretiene con el móvil, y un cosquilleo me recorre cuando pienso en Olivia otra vez.
Sé que suena típico decir que tiene algo distinto, pero es verdad.
Y no me refiero a cómo se comporta conmigo, que también.
Tal vez sea su forma de enfrentarse al mundo.
Es obvio que está dolida, y es la primera vez que identifico a un corazón roto andante.
—Me ha parecido verla por ahí.
—Volaste un día con ella, ¿no? Me lo dijo Helena.
—Ah, sí. Era su primer día.
—¿Cómo es?
Recuerdo la mancha del ojo, el pelo castaño ondulado, los labios finos y la nariz pequeña.
—¡Andrew!
—Dime.
—¡Que si es espabilada o tendré que estar detrás de ella todo el día en el avión…!
—Lo hizo bien, no te preocupes.
—Genial —responde aliviada.
Sigue tecleando en el móvil. Al parecer, está chateando en el grupo de amigas. Eso me recuerda que tengo que preguntarle a Chad cómo le van las cosas con una de las amigas de Camila.
—Bueno, tengo cosas que hacer —digo.
Me levanto de la cama desnudo y me acerco al baño para abrir la ducha.
—¿Te ayudo? —Veo que pone ojitos cuando vuelvo a la habitación a coger la ropa limpia—. Podemos ducharnos juntos…
Camila sigue desnuda en mi cama. Tiene media pierna y parte del pecho cubiertos por mis sábanas blancas.
—Quiero estar solo.
Camila se muerde el labio y se queda un segundo mirándome desde el borde de la cama.
—Andrew —dice, y capta mi atención de nuevo. Me detengo con las prendas en la mano antes de volver a la ducha—. Me gustaría que fueses más abierto conmigo.
No suelo darme cuenta de lo cortante que puedo llegar a ser.
—Lo sé.
—Te voy a preguntar algo, y no lo volveré a hacer: ¿quieres estar conmigo?
—No soy bueno con las relaciones serias, Camila, ya te lo dije.
—Pero te gusto.
—Sí, me gustas, pero eso no significa que…
Se levanta, y lo poco que cubrían las sábanas vuelve a estar al descubierto. Su cuerpo debería asombrarme, debería adorarlo, pero ya no estoy seguro de nada.
—Siempre hay una primera vez, Andrew. ¿Cómo lo vas a saber si no lo intentas? ¿Hay otras chicas que te gusten? ¿Es eso?
—No es eso, es que no quiero…
Me besa. Sin decir nada, sin que pueda terminar mi frase. Pero la aparto.
—Quiero estar contigo, Andrew. Y mi padre también quiere que un chico como tú esté conmigo. Le caes bien.
Sabe que sacar a su padre a estas alturas de la conversación es juego sucio, pero aun así lo hace porque… Porque ella es así, no vacila. Se vale de cualquier medio para conseguir su objetivo.
—Podemos vernos de vez en cuando, Camila, follar cuando queramos, salir con amigos o lo que sea —le explico—, pero no quiero que nos consideres pareja de verdad.
Me observa durante unos segundos, pensativa. A partir de ahora todo depende de su respuesta, o lo toma o lo deja. He sido sincero con ella, no quiero que vuelva a malinterpretar lo que hay entre nosotros.
—Está bien, Andrew.
Camila se agacha, coge su ropa interior y comienza a vestirse.
—Antes de lo que crees, te demostraré que quieres una relación de verdad conmigo.
—Bien —me resigno.
No tiene sentido discutir con ella.
—Y solo te diré una cosa más —añade mientras me apunta con el índice—. Si me rompes el corazón, estás acabado.
—No puedes decirme eso cuando sabes lo que hay.
—Pues no me rompas el corazón.
Algo en lo que, según Olivia, soy un experto.